PUNTERO FANTASMA

La primera Copa Chile: un torneo hecho con las patas

Felipe Pumarino |

Con el Mundial del ‘62 en la mira, la Copa Chile nace en 1958 iluminada por un espíritu idealista y descentralizador: imitando a Europa, reunirá a buena parte del país sumando ciudades aún lejanas del fútbol rentado. También, claro, tiene un propósito práctico: añadir partidos oficiales a nuestro escuálido calendario pelotero, que con suerte se extiende entre junio y principios de enero. Durante el resto del año, el hincha se aburre como ostra.

De manera intermitente, entre 1933 y 1950 se han disputado deslavados campeonatos de apertura que entregan trofeos casi fantasmales. Durante los años 50, esos torneos simplemente desaparecen.

En teoría, la primera Copa Chile del ‘58 parece un campeonato bien hechito. Mediante un sistema de eliminación directa, integra a los participantes de Primera y Segunda, populares clubes del Bío Bío y selecciones provinciales desde Iquique a Valdivia. La idea es que se juegue en verano, cosa de hacerle el quite a la lluvia sureña.

El aficionado capitalino verá así por primera vez en partidos de verdad a clubes casi legendarios como Naval o Fernández Vial; en Tocopilla o Temuco vivirán por fin la fiesta de recibir a los grandes de Santiago.

Un proyecto magnífico, evalúa el siempre optimista Pancho Alsina: “Es una competencia que estaba haciendo falta y es fundamental que se haya puesto en marcha. Los aficionados del sur y el norte esperarán con impaciencia no sólo por los astros del fútbol profesional, sino porque los partidos no serán simples amistosos, como los que en el verano suelen brindar por allá los clubes metropolitanos. No importa lo que suceda este año de experimentación. Cuando la copa tome consistencia, nos asombraremos de estos modestos primeros pasos. Para los clubes chilenos, ganarla será tan importante como el campeonato oficial. Así sucedió en todas partes. La Copa Inglesa, la Copa España ahora movilizan a centenares de miles de aficionados”.

Pero como acá nos gusta hacer las cosas al revés, la Copa Chile parte justo en la mitad del campeonato oficial. Sus fechas se juegan a mitad de semana y pronto el torneo se vuelve un cacho.

El pobre Vial vence en la ida al Green Cross (foto de arriba): su debut oficial en Santiago es presenciado por apenas 2 mil espectadores que desafían al frío y la lluvia de una noche de miércoles. Al cabo, los aurinegros perderán por WO: en ese partido han alineado irregularmente a varios “galletas”, pues muchos titulares no consiguen permiso en sus trabajos para mandarse a cambiar lejos de Concepción. Y lo mismo le pasa al Naval.

Por su lado, Colo Colo corta por lo sano y afronta el torneo con un rejuntado de juveniles y reservas que le bastará para ir avanzando (y a la larga, titularse campeón por goal average en la final con la UC). Lo propio hace Palestino, que bota la copa a la basura en cuartos de final cuando sus titulares parten a disputar amistosos a Ecuador.

Objetivamente, el debut de la Copa Chile es un fiasco. Pero igual deja lecciones esperanzadoras para la inminente expansión del profesionalismo. “Las recaudaciones de Talcahuano, Iquique, Tocopilla, La Serena, Los Andes o Temuco salvaron en parte del fracaso total a la competencia. Esas plazas hicieron la fuerza. A la larga, no obstante esas reuniones estrictamente en familia que tuvimos en el Nacional, la Copa no dejará déficit. Todo, por lo bien que respondieron las plazas provincianas. ¡Algo es algo!”, evalúa Antonino Vera antes de las semifinales.

Fotos: revista Estadio.

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