PUNTERO FANTASMA

Dónde se perdieron los clubes de barrio

Felipe Pumarino |

A diferencia de Argentina o Uruguay, en el fútbol chileno los equipos no tienen arraigo barrial alguno (salvo la UC en la precordillera, pero eso es harina de otro costal). En nuestra provincia, la razón es obvia: la mayoría de los clubes fueron paridos con fusiones que hicieron desaparecer a las viejas rivalidades locales. Sin embargo, podría esperarse que entre la multitud de cuadros capitalinos al menos un par tuviera un vínculo fuerte con su barrio de origen. Pero no.

Una causa está, probablemente, en que el desarrollo del fútbol capitalino estuvo mucho más ligado a ciertas instituciones (universidades, colonias residentes, gremios, empresas) que al concepto geográfico. Además, nunca hubo un verdadero empeño por levantar estadios en el lugar donde los clubes eventualmente estaban afincados.

A los chilenos jamás les gustaron los hinchas merodeando cerca de su casa. De hecho, las pocas escuadras capitalinas que han emprendido por su cuenta la construcción recintos deportivos siempre han debido mudarse a la periferia, dejando atrás su viejo hogar y también sus afectos. Esa es otra característica distintiva del fútbol en Santiago: los estadios siempre se construyen en los márgenes de la ciudad, que de a poco los engulle.

Este desarraigo decantó hace casi un siglo; ya en los años 40, afianzado el profesionalismo, lo lamentaba revista Estadio: “Siempre se dice que los clubes de fútbol debieran responder al calor de un barrio, como sucede en casi todas las grandes instituciones de Buenos Aires. Si Boca Juniors es de la Boca, Huracán de Parque Patricios, Independiente y Racing de Avellaneda, San Lorenzo de Boedo, convendría que Colo Colo, Magallanes, Santiago y el resto fueran clubes de tal o cual barrio”.

Cuando en 1944 la dirigencia del fútbol se empeñó en crear una primitiva división de ascenso, una de sus metas era permitir que populares clubes amateurs de las poblaciones reemplazaran en Primera a cuadros como Green Cross, Bádminton o Santiago National, que a esas alturas ya no representaban a nadie más que a sus viejos socios.

Y en efecto, muchos de los clubes que conformaban esa Segunda División original sí tenían un fuerte vínculo con los barrios obreros que circundaban a la capital. Veamos quiénes integraban la División de Ascenso de 1945; con relativa facilidad, se los podía clasificar en tres categorías:

Por curioso que parezca, algunos de esos clubes de barrio -como el Estrella Lo Franco- aún están activos. O sea, el arraigo vecinal existía y pervive: sin embargo, la propia estructura de nuestro fútbol, siempre diseñada para beneficiar a quienes incluso por casualidad han llegado a la élite, impidieron su necesaria consolidación profesional. Y así, nunca un verdadero club de barrio llegó a Primera.

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