Editorial de Freddy Stock, lunes 17 de diciembre.

Finalmente, cayó Teodoro Ribera.

Sus errores comunicacionales tras afrontar sus vínculos laborales con el ex director de la CNA, Luis Eugenio Díaz, se le hicieron insostenibles… también al Gobierno, quien veía día a día cómo el caso se le iba de las manos. Cecilia Pérez, vocera de La Moneda, debió explicar lo que se esperaba hace una semana… «Teodoro Ribera -dijo- es un hombre querido e intachable, presentó su renuncia para no presentar inconvenientes a otras carteras».

Aún así, la vocera reconoció  «actos de imprudencia y errores», de parte del ahora ex ministro de Justicia, pero «no delitos ni comisión de hechos ilícitos».

La caída de Ribera deja un flanco político abierto dentro del gobierno, especialmente en RN que consideran injusta su salida. También pone nuevamente en el tapete el gran problema de los conflictos de interés, una rúbrica que este gobierno ya no pudo sacarse de encima. Pero, lo peor, es parte de una situación que mantiene en la nebulosa a miles de jóvenes que pagan por una educación desacreditada y a otros miles que postularán en un par de semanas en la más completa incertidumbre.

La educación es un término que la ciudadanía relaciona hoy con la corruptela, la crisis y el lucro, cuando no debiera ser otra cosa que un sinónimo de esperanza, superación y oportunidades. Cayó Ribera, pero el problema de fondo está lejos de encontrar justicia…


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