PUNTERO FANTASMA

Un extraterrestre aterriza en el Estadio Nacional

Hasta bien entrados los años 80, el fútbol chileno padeció una crónica carencia de goleadores. Que no se malentienda: a lo largo de un siglo de peloteo, obviamente en este rincón del mundo asomó un puñado de buenos delanteros (el “Chato” Subiabre, Raúl Toro, Carlos Caszely); sin embargo, lo habitual es que La Roja echara mano a lo que poco que había para ocupar el puesto de centro forward.

Nuestras mejores cartas de ataque, en general, eran volantes o punteros talentosos con llegada al arco (“Cuá Cuá” Hormazábal, “Chamaco” Valdés, Leonel Sánchez). Pero los “goleadores-goleadores” siempre escasearon. Las grandes figuras de nuestra selección solían ser los arqueros; los rivales tendían a alabar “la disciplina táctica” chilena, eufemismo para describir a equipos con poco brillo y atacantes alérgicos a patear al arco.

La falta endémica de gol explica en parte el revuelo mediático que causó en 1950 el impensado descubrimiento de un crack nacido en Chile que rompía redes en Inglaterra.

Meses antes, la federación inglesa había incluido a Jorge Robledo en una “lista de buena voluntad” como preseleccionado para representar a su país en su debut mundialista en Brasil. Aún desconocían que el goleador había nacido en Chile, lo que impedía su nominación. “Una de las grandes penas de mi vida fue cuando me dijeron que no podría ir al Mundial por ser chileno”, le confesó a José María Navasal, quien firmaba en revista Estadio como Pepe Nava (y quien sabía inglés, algo imprescindible para entrevistar a “George”).

El destino, claro, le tenía reservada una sorpresa a Robledo: sí podría ir a Brasil, pero representando a un país del cual no tenía recuerdo alguno. Su estadía en Sudamérica duraría tres meses, para lo cual el Newcastle le había exigido a la federación chilena el pago de un seguro de 30.000 libras esterlinas, que correspondía precisamente su tasación (entonces era el tercer jugador más caro de Inglaterra).

Para todos los efectos, el aterrizaje de Robledo en Santiago fue comparable a la llegada de un extraterrestre. Disciplinado y serio, una de sus primeras preocupaciones fue pedirle autorización a los dirigentes para fumarse tres cigarrillos diarios, tal como lo hacía en Newcastle: estaba preocupado de que esta costumbre les chocara a los chilenos y no quería meter las patas. “No quiero desilusionar a nadie. Si me creen demasiado bueno, pueden quedar descontentos con mis primeras actuaciones”, explicó.

Dejemos que hable Pepe Nava: “Desde Gran Bretaña ha llegado lo que necesitaba el seleccionado nacional. Un delantero fuerte y entrador, capaz de desmarcarse y hacer goles. La falta de un rematador efectivo ha sido una enfermedad endémica de nuestros seleccionados. La respuesta está ahora entre nosotros. Se llama Jorge Robledo, tiene 24 años, un metro 72 de estatura y 70 kilos de peso. Es delantero centro titular del Newcastle. Desde que juega en la Primera División inglesa, siempre ha quedado entre los cinco o diez mejores goleadores. Eso, en un ambiente futbolístico donde la marcación es perfecta, donde el delantero para escaparse tiene que ser realmente hábil”.

La presentación en sociedad de Jorge Robledo en Chile se concretó en el Estadio Nacional, durante un amistoso entre la selección nacional y el Fluminense brasileño que terminó 2 a 2. El goleador no jugó ese partido -venía recién bajándose del avión- pero al asomarse en el palco el público enfervorizado le exigió una vuelta olímpica. Modesto, el “roto gringo” se negó un rato hasta que se animó a bajar a la cancha y dio un par de vueltas dominando la pelota en la pista de rekortán.

Fotos: revista Estadio.


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