COLUMNA DE OPINIÓN

«Salud hay una sola; reducir la salud mental a pastillas o resiliencia individual es un error»

El neurocientífico Francisco Parada analiza por qué la salud es una sola y critica el modelo que reduce el bienestar a fármacos o resiliencia.

Ahumada Salud Mental Web
Agencia Uno

Recientes datos de la encuesta de bienestar de la Mutual de Seguros, CADEM y la Universidad Adolfo Ibáñez revelan que solo el 40% de los chilenos se declara satisfecho con su salud mental. Ante este panorama, los problemas de sueño, el estrés laboral y los ataques de ansiedad han pasado al centro del debate público. En este contexto, el neurocientífico y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología de la Universidad Diego Portales (UDP), Francisco Parada, reflexiona en su columna de Palabra Que Es Noticia sobre el verdadero origen de este concepto.

Según el especialista, la separación entre lo físico y lo psicológico responde a una necesidad histórica y presupuestaria. En sus propias palabras, Parada contextualiza: «La salud mental es un concepto que aparece para distinguirlo de la salud física. Sorprendentemente es un tema político porque cuando uno dice salud, toda la gente que toma decisiones importantes dice: ‘obvio, la salud física’ y van a los médicos; para allá va toda la infraestructura». Por consiguiente, durante décadas los malestares psíquicos fueron ignorados o estigmatizados bajo nociones de fragilidad.

Asimismo, el investigador destaca lo complejo que resulta hablar abiertamente de estos padecimientos en la sociedad actual. Para ilustrarlo, Parada recurre a un caso de alta visibilidad: «Yo siempre saco de ejemplo al expresidente Boric, porque él era muy abierto acerca de sus situaciones y condiciones de salud mental y la cantidad de ataques, risas e insultos que recibió. Y era el presidente del país en ese momento, o sea, la persona con más poder del país. Imagínate qué le queda a uno en el colegio, en la universidad o en el trabajo».

Hacia una visión unificada: «Salud hay una sola»

A pesar de que el término sirvió para visibilizar la problemática, el objetivo a largo plazo debe ser superar la dicotomía entre cuerpo y mente. Por lo tanto, el descanso, las relaciones interpersonales y la estabilidad emocional forman parte de un mismo entramado biológico.

En este sentido, el académico enfatiza la necesidad de integrar ambos aspectos en una sola definición sanitaria: «En la base, eventualmente nosotros esperamos que nos podamos deshacer del concepto de salud mental porque salud hay una sola. La salud es integral». Por esta razón, la falta de sueño o el aislamiento social no son fenómenos aislados, sino indicadores directos del deterioro del organismo.

La crítica al modelo biomédico y a la resiliencia individual

Frente a la crisis actual, la respuesta tradicional suele centrarse en la farmacología o en exigir un mayor esfuerzo al individuo. Sin embargo, Francisco Parada advierte que situar la culpa exclusivamente en el cerebro del paciente representa un grave error diagnóstico y terapéutico.

De manera contundente, el neurocientífico cuestiona las soluciones reduccionistas: «Si tú le pones todos los síntomas y toda la responsabilidad adentro de la cabeza, en el cerebro de la persona, lo que terminas haciendo es lo que hace clasicamente el modelo biomédico, que es ‘tómese esta pastillita’. O la típica psicología de ‘hagamos resiliencia, usted tiene que ponerle más empeño’. En cambio, si miramos que es un organismo conectado con toda esta complejidad social y estructural, tenemos montones de lugares donde intervenir». En consecuencia, la intervención debe abarcar desde las políticas públicas y el diseño urbano hasta la alimentación y la regulación del tiempo libre.

La pérdida de sentido y el vacío existencial

Por otro lado, la sensación persistente de vacío que experimentan muchas personas no se resuelve únicamente con bienes materiales ni con mayores ingresos. Apoyándose en las ideas del biólogo chileno Francisco Varela, Parada explica que el malestar contemporáneo radica en la desconexión con los propósitos vitales.

Sobre esta problemática, el especialista señala: «El profesor Francisco Varela le dio justo al clavo hace 35 años: aquí hay un tema del sentido, que se ha perdido el sentido. Uno simplemente entra a hacer las cosas que la sociedad está diciendo y no tiene el tiempo para parar y decir: ‘¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me estoy metiendo en este estilo de vida?'». Por consiguiente, cuando las personas se atrapan en rutinas hiperexigentes, terminan perdiendo su libertad y el contacto con sus afectos más cercanos.

El ecosistema de vida como soporte fundamental

Finalmente, el antídoto principal frente al agotamiento existencial no es la desconexión solitaria, sino la reconstrucción de los vínculos sociales. Como seres intrínsecamente comunitarios, el bienestar humano depende del entorno que construimos día a día.

En esta línea, Parada subraya la importancia determinante de la vida en comunidad: «Uno de los componentes más importantes del bienestar es la compañía, porque no existe humano en la historia de la humanidad que haya estado solo. Nosotros somos animales gregarios, somos animales de grupo».

Por lo tanto, el desafío central consiste en transformar la pregunta individual en una reflexión sobre nuestras condiciones de vida. Como conclusión, el investigador sintetiza en Palabra Que Es Noticia: «La pregunta al final del día, más que ‘¿cómo hago yo para mejorar mi salud mental?’, es ‘¿qué tipo de ecosistema en mi casa, en mis relaciones, en mi trabajo estoy generando?'».


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