Tras haber enfrentado un agotador receso forzado de tres años por disputas legales antes de editar Darkness on the Edge of Town (1978), Bruce Springsteen no tenía intenciones de postergar su siguiente paso discográfico. Apenas cuatro meses después de cerrar la gira de fin de año de 1979, el músico reunió a la E Street Band en los estudios Power Station de Nueva York.
Springsteen buscaba un registro que capturara la pegada implacable de sus presentaciones en directo. Además, la idea era plasmar en un solo trabajo dos extremos complementarios. Por un lado, la faceta festiva, directa y explosiva que incendiaba a sus seguidores en los escenarios. Por otro, narraciones sombrías sobre las dificultades de la vida adulta convivían en armonía.
El fantasma de ‘The Ties That Bind’ y el maratón de 65 canciones
Bajo la coproducción de Steven Van Zandt, la libertad creativa se desbordó rápidamente. Fiel a su costumbre compulsiva en el estudio, Springsteen compuso y ensayó material muy por encima de lo estipulado. Hacia octubre de 1979, tras su intervención en los recitales benéficos de No Nukes, entregó a Columbia Records una cinta maestra de diez cortes. Esta cinta fue titulada tentativamente The Ties That Bind.
Sin embargo, el arrepentimiento fue inmediato. Sabiendo que aquella placa unitaria no reflejaba la magnitud de lo que la banda podía entregar, Bruce retiró el máster apenas cuatro días después. Luego, volvió a encerrarse en el estudio hasta mayo de 1980.
En total, se registraron o probaron cerca de 65 composiciones; parte de ellas fueron cedidas a Gary «U.S.» Bonds para su álbum de regreso Dedication. Por otra parte, descartes como «Cindy», «Be True» y la brillante «Loose Ends» quedaron en el camino. Más tarde, estas canciones nutrieron cajas recopilatorias como Tracks y la reedición de 2015. El corte definitivo se redujo a veinte piezas repartidas en dos vinilos. Los vinilos fueron bautizados con el nombre del tema que cerraba el segundo lado: The River.
La paradoja perfecta: Del garage rock a la desolación
Muchos álbumes dobles tropiezan por exceso de pretensión, pero la arquitectura de The River encontró su mayor virtud en la diversidad:
El asalto enérgico: La placa abre con una ráfaga arrolladora de cuatro números de pulso acelerado. Así, transita incluso por la aspereza garajera de «Crush on You».
La introspección descarnada: En la vereda opuesta, la producción dejó respirar gemas de profunda vulnerabilidad y desamor como «Point Blank», «Stolen Car» y la monumental «Drive All Night».
Esa convivencia resumió la filosofía del trovador. En efecto, el mundo laboral y cotidiano puede resultar amargo e injusto. Pero el baile y la celebración colectiva siguen siendo herramientas indispensables de supervivencia.
La conquista del Billboard y la invasión global
Hasta ese instante, Springsteen gozaba de un masivo seguimiento de culto. Sin embargo, sus sencillos no lograban penetrar en el Top 20 de Estados Unidos. La historia cambió radicalmente cuando «Hungry Heart» trepó hasta el puesto número 5 del Billboard Hot 100. Después, el avance de «Fade Away» alcanzó el casillero 20.
Pese a tratarse de una propuesta doble, The River se convirtió en el primer disco de Bruce Springsteen en alcanzar la cima del Billboard 200. Además, le abrió de paso las puertas a las listas de éxitos en Canadá y Europa.
Obligado por la demanda a abandonar definitivamente los teatros pequeños para instalarse en recintos de gran capacidad, el músico inició un periplo histórico por arenas norteamericanas. También cruzó el Atlántico en una extensa expedición europea que se extendió hasta septiembre de 1981. A 46 años de su estreno, The River perdura como el mapa sonoro definitivo de un artista que aprendió a nadar en aguas turbulentas antes de reclamar el trono mundial del rock.
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