El Centro Cultural Matucana 100 celebra un cuarto de siglo de historia institucional. Por esta razón, el espacio prepara un hito inédito: un festival masivo que reunirá a 25 bandas locales e independientes en una sola jornada. El evento desplegará cuatro escenarios en simultáneo entre las 15:30 y las 22:30 horas. Además, la programación incluirá una feria de discos y venta de material de diversos sellos independientes.
Rodrigo Herbage, programador musical de Matucana 100, integrante de Dolorio & los Tunantes y fundador del sello Fisura, lidera este desafío organizativo. En primer lugar, Herbage destaca la importancia de mantener la frescura institucional dentro del campo artístico. En este sentido, afirma en conversación con Rainiero Guerrero en RockShop que «Matucana 100 desde sus inicios tiene esta visión de un centro de arte contemporáneo, y para mantenerse contemporáneo justamente hay que estar con los ojos y los oídos muy abiertos a lo que pasa con las nuevas escenas».
Asimismo, la curaduría del festival exigió aplicar filtros claros para representar la diversidad del ecosistema musical chileno. De esta manera, la producción seleccionó solo un artista por sello e incorporó proyectos de diversas regiones del país. En consecuencia, la parrilla del festival reúne a representantes de La Serena, Valparaíso, Chimbarongo y Villarrica.
El rol del gestor cultural como habilitador del ecosistema
La trayectoria de Rodrigo Herbage en la música independiente abarca más de 15 años de trabajo continuo. Durante este periodo, el gestor y músico ha impulsado proyectos locales de forma constante. Por lo tanto, al analizar su función dentro del circuito, Herbage sostiene que «creo que la labor de uno es de habilitador en algún sentido».
Sin embargo, el aprendizaje dentro de la gestión cultural independiente exige resistencia frente a las dificultades iniciales. En este contexto, el programador explica cómo se adquiere la experiencia en la industria musical: «En la medida en que pasan los años y uno es suficientemente porfiado o persistente y no abandona ante la falta de recompensa, va entendiendo las lógicas de la gestión cultural y musical».
Por otro lado, Herbage resalta que el trabajo colaborativo permite democratizar el acceso a la creación artística. De esta forma, la relación entre los músicos y su comunidad se transforma positivamente. Según su visión, la escena actual ha logrado construir redes intergeneracionales sostenibles. Por esta razón, indica que se genera un entorno «donde los músicos no son ídolos lejanos, sino vecinos haciendo algo que te gusta».
Desafiar el modelo tradicional: comunidad, territorio y convicción
El ecosistema independiente propone una alternativa sólida frente a las lógicas comerciales de la gran industria. En lugar de buscar únicamente el beneficio económico masivo, la gestión comunitaria prioriza la sostenibilidad y el impacto territorial. Por este motivo, los centros culturales cumplen una función pública fundamental en la sociedad chilena.
Al reflexionar sobre el propósito profundo de la actividad artística, Rodrigo Herbage entrega una definición central: «El arte está para mover el cerco de lo posible y los horizontes de lo deseable». De igual manera, el profesional enfatiza que «una gestión un poco más comunitaria le da otra perspectiva al trabajo artístico e incluso al dinero». En consecuencia, añade que «los centros culturales en Chile funcionan con una lógica de articulación con el territorio para llevar a cabo festivales y jornadas».
Además, la constancia resulta indispensable cuando los proyectos culturales enfrentan momentos de incertidumbre. Por lo tanto, al ser consultado sobre qué sostiene el trabajo diario en la gestión, Herbage señala que «tiene que ver con una convicción en el proyecto y con conocer el paño musical, sabiendo que hay calidad. Es una suerte de porfía: en esa persistencia uno tiene una zanahoria por delante que te hace moverte».
Un relato latinoamericano propio y mayor confianza en la escena
En los últimos años, la escena independiente chilena ha captado la atención tanto a nivel nacional como internacional. Proyectos como Candelabro, Niños del Cerro o Chini.PNG demuestran la vitalidad de esta nueva camada de creadores. Por esta razón, el auge del circuito refleja un cambio estructural en la creación sonora local.
Al analizar este fenómeno, Rodrigo Herbage proyecta una mirada optimista sobre la identidad musical del país: «Mi visión es que se ha ido construyendo un relato latinoamericano propio desde Chile». Asimismo, el programador explica que la democratización tecnológica ha acelerado el talento joven: «Con el auge de internet y el mayor acceso a instrumentos y equipos, las barreras han bajado y hoy hay jóvenes de 15 años que tocan increíble».
Finalmente, Herbage subraya en RockShop el crecimiento en la autoestima cultural de los creadores independientes. De este modo, afirma que «antes había una autoestima un poco baja, pero ciertos hitos culturales y deportivos nos demostraron que desde acá se pueden hacer cosas de gran nivel». Por lo tanto, invita al público a sumergirse en la experiencia del festival de Matucana 100: «Este festival no es solo para ver lo que ya te gusta, sino un muestrario del ecosistema para ir a encontrarse con la curiosidad y ver qué está pasando».
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