La celebración de los 75 años de Charly García sirvió como marco para reflexionar sobre la trascendencia de su figura en la música latinoamericana. En este contexto, el escritor y periodista argentino Pablo Plotkin presentó su libro La indómita luz: un retrato de Charly García, obra en la cual reconstruye las múltiples facetas de este prodigio musical.
Asimismo, el autor aborda los hitos más complejos de su biografía a partir de testimonios directos y un minucioso trabajo bibliográfico.
Una estructura narrativa inspirada en el cine
En primer lugar, asumir el reto de narrar la trayectoria de García exigió definir un punto de partida diferente. Por esta razón, Plotkin descartó el orden cronológico tradicional y prefirió estructurar el relato desde la etapa de Serú Girán hasta el colapso del año 2008.
En consecuencia, el proceso de ensamblaje periodístico permitió ordenar el caos vital del artista. Sobre este método de trabajo, Plotkin explicó en Palabras Sacan Palabras: «Empecé por el medio, por una escena que me motivaba a investigar y tomar apuntes. A partir de ahí eso me fue empujando desde mediados de los 70 en adelante. Llegué hasta el colapso de 2008 y después retrocedí hacia el comienzo, hacia sus orígenes familiares. Ahí entra la magia del montaje, donde las piezas parecen encajar en función de un mismo impulso narrativo. Es la historia de una única persona que parece haber vivido cien vidas, pero cuando uno la recorre encuentra una energía que se va repitiendo, que se expande, estalla, parece morir y renace».
La conexión entrañable y política con Chile
Por otro lado, el vínculo de Charly con el público chileno ocupa un lugar de vanguardia en la investigación. Durante los años de la dictadura de Augusto Pinochet, el músico visitó el país trasandino y experimentó una mezcla de provocación estética y afecto masivo.
En este sentido, la sonoridad de sus sintetizadores en la década de 1980 encontró una recepción inmediata en el público local. El biógrafo destacó esta relación particular: «Me parece que Chile fue uno de los primeros países que entendió a Charly fuera de Argentina. A él le gustaba ir a Chile, también se sentía un poco desafiado. Todavía era la dictadura de Pinochet cuando fue las primeras veces. Había algo de esa tensión política que a él lo motivaba, pues se sentía bien en conflicto y al mismo tiempo recibía muchísimo cariño del público. La propuesta estética sonora de Charly en los 80, con la modernización que sobrevino después de Serú Girán, resonó bien en Chile con sus sintetizadores y ese pulso bailable».
Un potenciador de talento y la alianza con los músicos chilenos
Además, la carrera solista de García funcionó como una cantera inagotable para las nuevas generaciones de músicos. Por un lado, integró a jóvenes promesas como Fito Páez o Fabiana Cantilo; por otro lado, adoptó grupos ya formados como Los Abuelos de la Nada o GIT para acelerar sus proyectos.
Al respecto, Plotkin detalló la dinámica de trabajo del artista: «Charly era por un lado un gran potenciador de talento. Pero al mismo tiempo, su mecanismo era más bien tomar una banda ya formada y usufructuarla. Eso le ahorraba mucho tiempo y al mismo tiempo necesitaba nutrirse de sangre joven».
Posteriormente, en su etapa más reciente, Charly reclutó a un trío de músicos chilenos integrado por Kiuge Hayashida y Toño Silva. Aunque inicialmente sectores de la escena argentina los miraron con desdén por provenir de bandas de pub, la lealtad y solidez del grupo ganaron la defensa irrestricta de García.
De este modo, Plotkin fundamentó el valor de esta etapa: «Charly necesitaba una banda que respondiera a las versiones que él quería tocar en vivo de una manera bien potente, correcta y sin rodeos. En ese sentido los chilenos le dieron eso y también le dieron lealtad. Terminó siendo la banda más longeva de la carrera de Charly». Asimismo, agregó sobre los prejuicios iniciales: «Para los músicos de acá que tenían sus propios proyectos, era una banda que tocaba por encargo y había cierto desdén. Pero Charly los puso a la altura y los defendió siempre. A la larga, los chilenos por derecho propio ya son de la escuela García largamente».
La leyenda del rock y la mirada sobre su obra
En cuanto a su posición histórica, Charly García representa la consolidación del rock nacional argentino como un fenómeno masivo y de alcance público. De hecho, su figura trasciende los límites del género musical para convertirse en una estrella de dimensión cultural.
Así lo sintetizó el periodista: «Charly representa la masificación y la síntesis de todo lo que había provocado el rock nacional en su primer estallido, en una escala mucho mayor y con una relevancia en la escena pública más allá del género. Es la conversión de un artista elevadísimo en términos musicales y formales en un estatus de celebridad, con la película completa de la estrella de rock y del artista trágico».
Sin embargo, respecto a sus cuentas pendientes en el mercado global o los mitos sobre su capacidad musical, el autor aportó una perspectiva matizada. Sobre la proyección internacional, Plotkin afirmó: «Él siempre quiso triunfar en el primer mundo y eso no ocurrió. Tenía el ánimo de exportarse, pero a la larga sabía que la música que componía tenía una conexión muy directa y profunda con Sudamérica. En términos artísticos, no le quedó nada por hacer. La obra que tiene es superlativa y muy vasta».
Por último, en relación con el mito de su oído absoluto, el escritor concluyó en Palabras Sacan Palabras: «El oído absoluto es parte de la narrativa construida por él mismo. Lo ayudó en la facilidad para crear melodías y entender la música en su materialidad más honda, pero debe haber muchas personas con ese mismo rasgo que jamás podrían escribir ‘Desarma y sangra’ u ‘Ojos de videotape'».
