El ecosistema de innovación científica y tecnológica atraviesa un momento decisivo en Chile. Sin embargo, la brecha entre el conocimiento académico y su llegada al mercado productivo sigue siendo un desafío considerable. Para comprender esta dinámica, Claudio Pavés, jefe de Innovación y Emprendimiento en la Universidad Adolfo Ibáñez, destaca junto a Antonio Quinteros y Leonardo Meyer en Superstar de Mercado Futuro la urgencia de diferenciar la investigación teórica de la aplicada.
En primer lugar, la ciencia tradicional genera saberes que no buscan un fin comercial inmediato. En contraste, la investigación aplicada responde a necesidades concretas del entorno industrial. Según explica Pavés, «la ciencia básica es aquella que busca entender, generar conocimiento y explicar fenómenos; no necesariamente tiene una aplicación inmediata o directa en la práctica. Por su parte, la investigación aplicada busca resolver problemas o retos concretos de la industria mediante esta generación de conocimiento científico».
De esta distinción nacen las Empresas de Base Científico-Tecnológica (EBCT). A diferencia de otros emprendimientos tradicionales, estas firmas convierten los hallazgos de laboratorio en su pilar competitivo. En palabras del especialista, «las empresas de base científico-tecnológica utilizan el conocimiento científico como un pilar fundamental de su quehacer y del modelo de negocio para después justamente poder capturar valor y poder comercializar y transferir esas tecnologías al sector productivo».
La brecha entre la teoría y la ejecución comercial
Por un lado, definir el concepto de una EBCT puede tomar apenas un minuto. Por otro lado, construir una empresa sustentable sobre descubrimientos científicos requiere años de trabajo y validación.
Al respecto, Pavés enfatiza la complejidad de la ejecución en el mundo real. «Esta EBCT como concepto me demoré un minuto en resumirlo, pero la verdad es que llevar eso a la práctica y desarrollarlo es mucho más complejo», advierte el académico.
Asimismo, una startup científica debe avanzar en dos carriles simultáneos. Mientras valida su propuesta de negocios con clientes reales, debe madurar la tecnología empleada. Históricamente, este avance se medía mediante los niveles TRL (Technology Readiness Level) en una escala del 1 al 9.
No obstante, las exigencias actuales van mucho más allá del desarrollo técnico. Instituciones como la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) han incorporado nuevas variables de evaluación. Según señala Pavés, «no solo basta con la dimensión de la madurez tecnológica, sino que hay que incorporar otros elementos: qué tan preparado está hoy día el equipo para enfrentar ese desafío de llevar la investigación a un producto o un servicio que pueda ser transferido o posteriormente comercializado, y qué tan factible o viable es económicamente este modelo de negocio».
El rol articulador de las universidades
Ante esta complejidad, las instituciones de educación superior asumen un papel clave. Su misión va más allá de dictar clases en las aulas o formar investigadores. De hecho, actúan como puentes entre la ciencia y la industria.
En este sentido, Pavés destaca la función universitaria como conectora de actores. «Las universidades tienen un rol fundamental justamente en esto: no solo es formar talento, futuros líderes empresariales o profesionales investigadores que van a impulsar este conocimiento, sino que también es cómo podemos generar conocimiento, formar talento y finalmente cómo transmitimos eso al entorno productivo», indica.
Además, las universidades buscan permeabilizar la sala de clases con experiencias reales. Para lograrlo, integran a doctores e investigadores en la docencia de pregrado y posgrado. Como afirma el especialista, «no solo basta con incorporar doctores a los centros de investigación, sino que también es cómo vamos permeando el conocimiento y el know-how que ellos van desarrollando dentro de estos centros hacia la sala de clases y la vinculación con la industria».
Formar líderes para navegar la incertidumbre
Por otra parte, la velocidad del recambio científico exige transformar la enseñanza universitaria. Los contenidos tradicionales pierden vigencia rápidamente frente a los avances globales.
Frente a esta realidad, Pavés advierte sobre el vertiginoso ritmo del conocimiento. «Lo que los estudiantes universitarios hoy aprenden en quinto año ya está completamente obsoleto al finalizar sus estudios con la velocidad con que se recambia el conocimiento. Por lo tanto, formar líderes implica poder desarrollar una mentalidad distinta que nos permita navegar la incertidumbre», sostiene el experto.
En consecuencia, la mentalidad emprendedora resulta vital en los negocios basados en la ciencia. Esta capacidad permite validar hipótesis de forma rápida y eficiente. En palabras de Pavés, «se requiere desarrollar esta capacidad para identificar problemas reales, desarrollar soluciones con la mínima inversión de tiempo y recursos posibles que permitan validar las hipótesis centrales de ese modelo de negocio o propuesta de valor».
Inversión en I+D: un compromiso público y privado
Por último, el desarrollo de las EBCT enfrenta un cuello de botella financiero. En Chile, la inversión en investigación y desarrollo se mantiene en niveles críticos.
Para ilustrar esta brecha, Pavés cita datos comparativos alarmantes respecto al estándar internacional. «Chile en promedio en función del PIB invierte el 0,39%; es decir, de cada 1.000 pesos, solo 3,9 pesos están destinados a I+D, bastante por debajo, siete veces menos, en relación al promedio de la OCDE», detalla el profesional.
Por este motivo, superar este rezago demanda el esfuerzo conjunto de todos los actores. El Estado y las empresas privadas deben cooperar en financiamiento y pilotaje. Como concluye el académico en Mercado Futuro, «los particulares tenemos un rol clave: los empresarios pueden disponer de espacios para pilotaje, los profesionales pueden asesorar a los investigadores, los mentores cumplir su rol y las universidades formar al próximo talento y promover una cultura en base a la ciencia y la tecnología».
