La línea de tiempo del metal a lo largo de las décadas tiene varios puntos de inflexión en que la conjunción de algunas fuerzas hizo que se cambiara el rumbo y naciera algo nuevo. Uno de esos momentos fue entre fines de los 80 y comienzos de los 90 en Suecia, cuando un buen contingente de jóvenes maníacos adictos al metal más intenso reinventaron un género que hasta entonces tenía su principal enclave en Estados Unidos, el death metal. Inventaron su propio sonido e identidad y fue así como el death metal sueco se instaló con propiedad como una etiqueta reconocible desde cualquier parte del mundo. Una de las bandas que fue parte de esa movida es Grave, que esta semana llegaron a Chile para celebrar toda esa historia.
Lo hicieron reuniendo a la formación que grabó sus legendarios dos primeros discos, “Into the grave” de 1991 y “You’ll never see” de 1992. Ola Lindgren, Jörgen Sandström, Jensa Paulsson y Jonas Torndal son los protagonistas de este cuento y se tomaron el escenario del RBX de Ñuñoa para enrostrarnos de qué se trata el mentado death metal sueco desde sus mismísimos orígenes.
Antes, eso sí, hubo otras presencias: los fuegos los abrieron los santiaguinos Gravered, aplastante agrupación death metal que hace rato viene entregando material de primera. En su set de poco más de 30 minutos hicieron gala de sus cualidades, consagradas a la brutalidad, la oscuridad y el sentimiento maligno que tiene que tener este género. Incluso coronaron todo con un cover de los dioses Autopsy.
Desde Perú, dijo presente Necrofagore, también cultores del death metal, que están con material reciente y llegaron con ganas de hacer retumbar Chile. O bueno, al menos Santiago o el local de Ñuñoa. Como sea, tuvieron un buen cometido representando a una escena muy aguerrida como la peruana, que históricamente ha dado excelentes bandas y mucha dedicación a los oscuros caminos del underground del metal.
Avanzando en el programa de la jornada, fue el turno de las bandas históricas del black metal nacional, los serenenses Undertaker of the Damned. Se notó el oficio y experiencia tras tantos años sobre los escenarios, con una performance demoledora y un intercambio de energía negra con el público que dejó todo servido para el plato fuerte de la noche.
Grave abrió con “Into the grave” y fue el arranque de una cita con la historia. Más de una vez preguntaron al público si estaban sedientos de death metal sueco de la vieja escuela, la respuesta era obvia porque eso es lo que fuimos a buscar, desafiando a la lluvia que ese día azotaba las calles de Santiago. Si bien algunos creyeron que iban a interpretar completos los dos primeros discos, en realidad fue una selección de las mejores canciones de cada uno, además de algunos clásicos de otras producciones como “Soulless”.
Se llevaron una calurosa recepción, la clásica bandera chilena con dedicatoria gráfica a la banda, y la sensación de haber entregado un pedazo de historia, un sonido y una energía que marcó una época y abrió un camino que sigue siendo importante hasta hoy. Por eso era importante vivirlo en directo, para recibir de primera fuente la vibra que inspiró a los (ex) muchachos que a puro empuje impusieron una nueva forma de tocar y sentir el death metal.
Cerró la presentación la monstruosa “And here I die”, el concierto fue breve pero intenso y nadie puede decir que faltó algo en ese sentido, cada canción fue interpretada con la fuerza y el sentimiento que amerita. La flama del death metal sueco está viva gracias a estas instancias. Que no sea la última.
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