ENTREVISTAS

Exsubdirector de ONEMI por crisis climática: «El riesgo ante los desastres no es natural, lo construimos nosotros»

Víctor Orellana analiza los desafíos del cambio climático en Chile, las brechas en alertas tempranas y la necesidad urgente de aliarse con la naturaleza.

Hector Muñoz Tapia |

Cambio Climatico Tornado Web

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Las emergencias ambientales recientes en Chile han demostrado que los eventos meteorológicos extremos dejaron de ser una amenaza lejana. Actualmente, el impacto del calentamiento global se manifiesta a través de inundaciones, aluviones e incendios forestales que afectan directamente a las comunidades y territorios.

Frente a esta coyuntura, el especialista en gestión de riesgos y exsubdirector de la ONEMI, Víctor Orellana, advierte en Palabras Sacan Palabras que la sociedad chilena enfrenta un importante retraso estructural para anticipar y afrontar estas crisis. En este sentido, la autoridad señala que el fenómeno ya es una realidad cotidiana en nuestras vidas: «Cuando empezamos a hablar de cambio climático hablábamos como de algo que estaba lejos. Y, cuando empezó a llegar, lo empezamos a ver en su expresión más terrible, que son los desastres. Eso nos evidencia que vamos súper atrasados en términos de cómo entenderlo y afrontarlo».

Brechas en los sistemas de alerta temprana en Chile

A pesar de las lecciones aprendidas tras eventos sísmicos importantes, los mecanismos para monitorear eventos meteorológicos extremos aún muestran marcadas limitaciones. Por lo tanto, existe una necesidad imperiosa de perfeccionar las herramientas de pronóstico puntual.

De hecho, Orellana remarca que la brecha técnica actual impide entregar avisos acotados a la población ante emergencias climáticas inminentes: «Así como aprendimos con los terremotos lo importante de monitorear bien, generar el escenario de riesgo y avisar a tiempo a las personas para que evacuaran, hay brechas pendientes para que ante el advenimiento de una inundación, un tornado o un aluvión no tengamos todavía todo ese armado listo para avisar que viene un riesgo inminente».

Asimismo, la falta de precisión obliga a las instituciones de emergencia a emitir alertas demasiado amplias. Esta situación quedó en evidencia durante la catástrofe ocurrida en el norte del país durante el año 2015: «Tenemos que ser muy amplios en los pronósticos y en los avisos. Por ejemplo, en la Región de Atacama el 2015, el anuncio era algo que podía ocurrir entre Antofagasta y Coquimbo. Son márgenes muy amplios porque tenemos poca certeza y precisión. Ser más precisos requiere un trabajo previo para monitorear, alertar y generar a las personas una respuesta. Eso es lo que tenemos que aprender del gran salto que nos pegamos con el terremoto y tsunami del 2010 al 2015».

El impacto demográfico y las ciudades del futuro

Por otra parte, la crisis ambiental convergerá en las próximas décadas con dinámicas sociales complejas, tales como el envejecimiento poblacional y la disminución de la natalidad. En consecuencia, la distribución territorial de Chile cambiará de manera sustancial hacia los próximos 50 o 100 años.

Sobre este punto, el especialista prevé que las personas deberán concentrarse en núcleos urbanos de mayor densidad y con soporte tecnológico: «Si uno lo va combinando con otros procesos como el envejecimiento, de aquí a 50 o 100 años nuestro país puede ser mucho más chico en términos de población. Vamos a estar mucho más concentrados en ciudades más densas que nos cuiden más, porque vamos a ser más viejos y tendremos más dependencia de la tecnología».

Además, Orellana subraya que el deterioro ecológico provocado por la acción humana generará entornos cada vez más hostiles: «El planeta nos está pasando la cuenta del daño que le hemos hecho. Esta naturaleza adversa nos devuelve el daño que le hicimos; es una devolución de mano que nos va a obligar a concentrarnos».

Cambiar la relación con el entorno: soluciones basadas en la naturaleza

Sin embargo, para evitar impactos devastadores, resulta indispensable transformar el modelo de planificación urbana e integrar a la naturaleza como un aliado estratégico. En lugar de modificar los cauces naturales, el ordenamiento territorial debe adoptar soluciones basadas en la propia infraestructura verde.

Por consiguiente, el exsubdirector de la ONEMI enfatiza la urgencia de revalorizar quebradas y humedales dentro del mapa urbano: «Yo creo que es la relación con la naturaleza. Hemos perdido esa visión de que la naturaleza puede ser un socio y no algo que solo hay que explotar. En el caso de los desastres, la manera en que hemos tratado las quebradas y los humedales es clave. Porque son elementos vitales para conducir las aguas, infiltrar, absorber y cuidarnos».

De este modo, conservar los ecosistemas costeros y fluviales ofrece una protección efectiva frente a marejadas, lluvias intensas o tsunamis. Por el contrario, la intervención desordenada suele obstruir el paso natural del agua: «Debemos resguardar los humedales urbanos más allá del paisaje o del valor ambiental, como un elemento de protección ante lluvias extremas o tsunamis. En el tsunami de Coquimbo del 2015, el humedal El Culebrón ayudó a mitigar el impacto. La naturaleza está de nuestro lado. Pero en lugares como Quebrada Honda taponamos nosotros mismos para poner encima una calle o un estacionamiento, y la naturaleza hace lo suyo y busca su curso naturalmente».

Ejemplos concretos y la construcción humana del riesgo

Por otro lado, existen experiencias locales en el país que demuestran la efectividad de proteger estos espacios. Por ejemplo, la ciudad de Valdivia ha logrado contener precipitaciones intensas gracias a la conservación de sus humedales urbanos.

En este contexto, el experto resalta la capacidad de absorción de esta infraestructura natural frente a emergencias hídricas: «La ciudad de Valdivia ha hecho una defensa súper férrea asociada al tema de los humedales. Se vio en las lluvias grandes de julio. Mientras en Corral estaba la escoba porque llovió mucho, en Valdivia la lluvia se absorbió rápido gracias a estos elementos. Si se cuida, funciona».

Finalmente, Orellana concluye en Palabras Sacan Palabras que la mayor parte de las amenazas no obedecen a hechos meramente fortuitos, sino a las decisiones de asentamiento y desarrollo que adopta la propia sociedad: «El riesgo lo construimos nosotros. Si ves el tema de los incendios forestales en Chile, casi el 100% lo genera el ser humano».

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