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Entre una guitarra dedicada a los 33 mineros y un solo irrepetible: 16 años del concierto que saldó la deuda más grande del rock en Chile

Una espera de décadas terminó en octubre de 2010 con tres horas de comunión absoluta en Ñuñoa y que se repetirá en enero de 2027.

Rush
Emol

Tras el tímido acercamiento regional de 2002 que solo aterrizó en Brasil, la confirmación del desembarco de Rush en Santiago como parte del «Time Machine Tour» desató un éxodo de fanáticos. Así, estos salieron del anonimato para congregarse el 17 de octubre de 2010 en el remodelado Estadio Nacional.

Lo que esperaba a las cerca de 45 mil almas reunidas en el recinto de Ñuñoa no era un simple recital. Al contrario, era una experiencia documental de precisión instrumental y entrega emocional.

Un inicio al estilo Rush

La velada arrancó con el humor característico que el trío plasmaba en sus giras: a través de las pantallas gigantes se proyectó la parodia Don’t Be Rash. Luego, se dio paso a una explosión de pirotecnia y el vertiginoso riff inicial de «The Spirit of Radio» a cargo de Alex Lifeson.

En escena, la estampa era imponente: Geddy Lee alternando teclados, frecuencias de bajo devastadoras y su voz inconfundible. Mientras tanto, las cámaras fijaban la atención en la colosal muralla percusiva de Neil Peart. Él ejecutaba cada golpe con la frialdad matemática y el corazón que lo transformaron en leyenda.

Casi tres horas de recorrido y el homenaje a los 33 mineros

El primer tramo de la presentación fue generoso y transversal. De esta forma, unió clásicos de sintetizadores como «Time Stand Still» con himnos de pulso complejo como «Freewill». También incluyó adelantos de su última etapa de estudio como «BU2B».

Uno de los instantes más emotivos de la jornada se vivió con «Stick It Out», corte dedicado a los 33 mineros atrapados en la mina San José. Ellos habían sido rescatados apenas cuatro días antes de la cita.

En señal de tributo, Alex Lifeson empuñó una guitarra Gibson Les Paul que lucía un adhesivo con el número «33». Esto generó una sentida ovación a lo largo de todo el estadio.

Tras el cierre del primer bloque al compás de «Subdivisions», el humor del trío volvió a quedar en evidencia mediante una voz en off con acento neutro. Esta anunció:

«Debido a la avanzada edad de los músicos, haremos un break de 20 minutos para que vayan al baño», dando pie a una pausa pactada antes del gran viaje temporal.

‘Moving Pictures’ completo y la cátedra de Peart

La reanudación activó una cuenta regresiva visual hacia el año 1981. Así, dieron paso a la interpretación íntegra de su obra cumbre: Moving Pictures.

La euforia estalló con el karaoke unísono en «Tom Sawyer», continuó con la atmósfera cinematográfica de «Red Barchetta» y alcanzó el éxtasis con «YYZ», donde el público coreó al unísono cada síncopa y cambio métrico. Joyas poco habituales en directo como «The Camera Eye», «Witch Hunt» y «Vital Signs» terminaron de redondear la cara más ambiciosa del álbum.

Inmediatamente después, llegó el instante cumbre para la historia musical del país: el solo de batería de Neil Peart. El coloso de las baquetas se paseó por diversas corrientes rítmicas y dinámicas de jazz. Además, recorrió patrones polirrítmicos, ratificando ante 45 mil testigos por qué era considerado «El Profesor».

Sería, trágicamente, la primera y última vez que el público chileno presenciaría su magia en vivo antes de su fallecimiento en 2020.

El cierre de un hito irrepetible

Tras el asalto progresivo de «2112» y una conmovedora versión de «Closer to the Heart» con Lifeson en la guitarra de 12 cuerdas, Rush remató la maratónica faena con «La Villa Strangiato». Finalmente, interpretaron el pulso fundacional de «Working Man».

A 16 años de aquella noche primaveral de 2010, el paso de Rush por el Estadio Nacional permanece en la memoria como una auténtica comunión de sangre, virtuosismo y sonrisas genuinas: una noche donde tres músicos demostraron que la perfección técnica no está reñida con la calidez humana, sellando una cátedra que jamás volverá a repetirse.


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