El fenómeno de la gentrificación y la crisis de acceso a la vivienda han tomado el centro del debate urbano a nivel mundial. Casos como el desalojo de una mujer de 87 años en Madrid tras la compra de su edificio por un fondo de inversión expusieron la crudeza de la especulación inmobiliaria. En este contexto, el arquitecto y académico Dino Bozzi analizó en su columna de Palabras Sacan Palabras cómo estos procesos alteran la convivencia en las ciudades y afectan a los barrios locales.
El origen de la gentrificación y la alteración de la vida de barrio
El concepto surgió en la década de 1970 para describir la transformación socioeconómica de sectores urbanos consolidados. Según explicó Dino Bozzi, el proceso original consistía en la llegada de nuevos residentes de mayores ingresos a barrios tradicionales.
En sus palabras, la gentrificación «apuntaba a cuando grupos de personas con más recursos se instalaban a vivir en ciertos barrios, le cambiaban la onda al barrio y ese cambio de onda hacía que el barrio fuera más caro, lo que a la larga termina expulsando a los vecinos tradicionales».
Este dinamismo altera de forma directa el mercado inmobiliario local. El académico ilustró este desequilibrio financiero con un ejemplo cotidiano: «Tú pagas un arriendo de 100, todo el barrio paga del orden de 100, y llega gente que está dispuesta a pagar 400. Por supuesto que el propietario de aquello que tú le arriendas a 100 tiene todo el derecho a querer que le paguen 400». En Chile, este fenómeno se ha manifestado claramente en sectores como Ñuñoa, el barrio Yungay, el Parque Bustamante y las zonas turísticas de Valparaíso.
Depredadores inmobiliarios, Airbnb y la crisis de la vivienda
Además del desplazamiento de residentes, la presión por habitar áreas céntricas se cruza con la expansión del arriendo turístico mediante plataformas como Airbnb. Para Bozzi, esta combinación genera un impacto severo en la oferta habitacional permanente.
En esa línea, el experto advirtió que se «combina muy nocivamente la presión de grupos con más recursos por vivir en lugares mejor ubicados, más cerca de los centros, con una presión enorme del mundo del arriendo por turismo».
Por consiguiente, la irrupción de grandes fondos de inversión inmobiliaria ha transformado sectores enteros en áreas homogéneas. Al respecto, el arquitecto señaló que estos actores «son verdaderos depredadores de la vivienda y de la ciudad porque en la práctica la ciudad se transforma en una especie de monocultivo». Asimismo, remarcó que «la ciudad buena, la ciudad sana, la ciudad justa es una ciudad donde conviven distintas clases sociales, donde conviven actividades distintas». Cuando este equilibrio se pierde, «ese fenómeno de la concentración de una sola actividad, de una sola clase social normalmente cara, destruye las ciudades».
Prácticas ilegales para expulsar residentes en Chile
Durante la conversación, el especialista denunció la viralización de contenidos digitales que promueven estrategias irregulares para desocupar inmuebles y tomar el control de copropiedades.
Bozzi citó la receta expuesta por un influencer: «Dice: ‘Mira, tú compras más de la mitad, creo que dice el 60%; con eso llegas a controlar el comité de administración del edificio, haces arreglos por tu cuenta en las escaleras, en la fachada, en las descargas sanitarias; con eso todo eso lo cargas a los gastos comunes y como las personas no pueden pagar, les rematas la vivienda y te la quedas tú'».
Frente a esta situación, el académico fue enfático en condenar dicho mecanismo. «Lo que está proponiendo esa persona primero en Chile es un delito. La Ley de Copropiedad Inmobiliaria lo prohíbe, prohíbe el abuso de los comités hacia sus vecinos. El tipo lo que hace es confesar en público una táctica que se ha ocupado en el mundo entero». Igualmente, enfatizó la necesidad de resguardar el tejido social: «El patrimonio es con las comunidades. Si usted valora porque es bonito solamente y porque tiene decorados y porque son viejos, es que usted no entiende nada de cuál es el chiste del lugar, no entiende qué es lo que hace que esa cuestión sea valiosa».
El rol del Estado como motor de la gentrificación
Sin embargo, los actores privados no son los únicos responsables de las alzas en el valor del suelo. El Estado también ejerce un rol determinante mediante el desarrollo de obras públicas e infraestructura sin mecanismos de captura de plusvalía.
Para graficar este punto, el especialista detalló: «Usted vive en una casa que vale 10 y el Estado le construye el metro a tres cuadras; su casa puede valer cinco veces, puede valer 50. Eso es el Estado forzando a la gentrificación y no tenemos ninguna herramienta legal para que el Estado recupere parte de la inversión que hace». De este modo, las mejoras urbanas terminan perjudicando a los arrendatarios del sector, quienes enfrentan aumentos de precio inasumibles.
La vivienda como un derecho humano fundamental
Finalmente, el arquitecto recalcó que la solución requiere cambiar el paradigma con el que se gestiona el desarrollo urbano. Bozzi insistió en que la vivienda no debe ser tratada como un simple bien de mercado.
En ese sentido, afirmó que «la vivienda es un derecho básico y resulta que esta especulación sobre la vivienda, que en buena medida se manifiesta a través de la gentrificación, lo que está haciendo es atentar contra una de las cuestiones mínimas del ser humano».
Por último, concluyó en Palabras Sacan Palabras con una reflexión sobre la necesidad de reformas estructurales: «Con el sistema económico y social que tenemos hoy día, no hay ninguna posibilidad de resolver el problema de la vivienda. La vivienda tiene que estar en el mundo como miramos la educación, la salud o el derecho al agua».
