Midge Ure, arquitecto sonoro al frente de Ultravox tras la partida de John Foxx y artífice del fenómeno New Romantic con Visage, cumple 73 años. Ure construyó una trayectoria donde la experimentación con sintetizadores y guitarras melódicas convivió con himnos radiales indelebles.
Sin embargo, dentro de su catálogo en solitario habita un hito singular: una de las reinterpretaciones más misteriosas, influyentes y oscuras de la música contemporánea.
El cover que superó la oscuridad del original
Se trata de su intepretación de «The Man Who Sold The World», la pieza que dio título al tercer álbum de estudio de David Bowie en 1970. Hasta entonces, la composición arrastraba una historia curiosa. La primera reversión oficial había sido producida por el mismísimo Ziggy Stardust en 1974 para la cantante escocesa Lulu. Ella le imprimió un carácter festivo y cabaretero con saxofones prominentes.
Años después, a comienzos de la década de los ochenta, Ure decidió encerrarse en el estudio para registrar su propia versión. Originalmente la pensó como parte de la banda sonora del filme británico Party Party (1982). No obstante, el resultado mutó hacia un terreno totalmente imprevisto.
Tomando elementos de la estructura planteada por Bowie y ciertos giros heredados de Lulu, el músico escocés concibió una pista hipnótica. La obra estaba sumergida en sintetizadores densos, líneas de bajo envolventes y la naciente tecnología de los samples digitales.
Aquella pátina sombría capturó a la perfección la angustia existencial y el enigma identitario que Bowie había escrito en 1970. Además, la reviste con la estética gélida y futurista que reinaba en las pistas europeas.
La chispa que llegó hasta Seattle
Una década más tarde, la pieza reverberó de manera directa en el radar de Nirvana. Durante las sesiones para su histórico especial MTV Unplugged in New York (1993), Kurt Cobain y compañía reinterpretaron el tema. Lo hicieron basándose no solo en la partitura original del Duque Blanco, sino tomando las modulaciones vocales y la cadencia rítmica que Ure había consolidado previamente.
La banda de Seattle despojó al tema de los teclados y sintetizadores ochenteros para reemplazarlos por guitarras acústicas crudas, efectos de distorsión seca y el desgarrador rasguño vocal que definió la era del grunge. Así, demostraron que el puente trazado por el músico escocés era el mapa definitivo para desentrañar la composición.
La obsesión de Hideo Kojima y el despertar de Venom Snake
El periplo de esta joya no concluyó en las radios. En 2015, la canción encontró su reencarnación definitiva en el medio interactivo gracias al legendario director de videojuegos japonés, Hideo Kojima.
Para el prólogo y núcleo argumental de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, Kojima necesitaba una pieza musical que encapsulara el trauma, la desorientación y el conflicto de identidad de su protagonista. El soldado legendario Big Boss / Venom Snake despierta en una clínica tras un coma de nueve años.
El creador nipón se contactó personalmente con Midge Ure. La razón estética era ineludible: la ambientación del juego arrancaba en pleno 1985 —justo la era de mayor apogeo del sonido del escocés—. Asimismo, la frialdad enigmática de su versión coincidía al milímetro con el tono psicológico de la trama.
Tras varias horas de conversaciones telefónicas intercontinentales donde Kojima le explicó la narrativa sobre dobles, reflejos perdidos y engaños bélicos, el músico aceptó ceder la licencia. Hoy resulta imposible experimentar la apertura del título sin el eco inicial de los sintetizadores de Ure retumbando en la sala.
Más allá del cover: La pluma dorada de Ure
Aunque su homenaje a Bowie selló un capítulo dorado en la cultura popular, la huella de Midge Ure se expande a lo largo de un repertorio brillante. Con Ultravox firmó monolitos del sintetizador como la operática «Vienna» —estandarte de 1980 que peleó la cima de las listas europeas—. También escribió la enérgica «Dancing with Tears in My Eyes», «Hymn» y la melancólica «Reap the Wild Wind». En su rol como productor y coautor colaboró decisivamente en el nacimiento de clásicos de discoteca como «Fade to Grey» de Visage.
Asimismo, en solitario alcanzó el número 1 en Reino Unido con la emotiva «If I Was» en 1985. Además, entregó sólidas entregas como «Dear God» y «Call of the Wild». Un creador integral que, entre la electrónica elegante y la sensibilidad melódica, demostró que un cover no es una simple copia. Más bien, es el arte de entender la oscuridad ajena para transformarla en una leyenda propia.
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