El avance de las fuerzas políticas de extrema derecha se ha consolidado como uno de los fenómenos más relevantes en el mapa político latinoamericano. En conversación con Palabras sacan palabras de Radio Futuro, el académico del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica y coautor del libro La ultraderecha en América Latina, Cristóbal Rovira, abordó las claves de esta irrupción regional.
Una velocidad inédita en comparación con el modelo europeo
En primer lugar, el investigador remarcó la velocidad con la que estas agrupaciones han alcanzado posiciones de poder en la región. A diferencia del continente europeo, los tiempos latinoamericanos han sido drásticamente más breves.
En este sentido, Rovira explicó: «Este fenómeno partió en Europa en la década de los 80, primero el Frente Nacional, sacando muy poquitos votos, 2% o 3%, hasta llegar a Marine Le Pen. Estamos hablando de que ese proceso demoró treinta y tantos años. En América Latina, lo que vemos por el contrario es que este fenómeno es muy rápido».
El colapso del cordón sanitario en América Latina
Por otro lado, la rapidez de este avance se vincula con la relación entre la derecha tradicional y las nuevas fuerzas radicales. En Europa, los partidos conservadores mantuvieron históricamente un límite para evitar pactos de gobierno.
Al respecto, el académico señaló: «Lo propio es que las derechas convencionales establecen lo que se llama un cordón sanitario. Vale decir que los actores de derecha dicen: ‘Aún cuando nosotros podamos tener algunas ideas en común, no estoy dispuesto a sentarme en la mesa para negociar un gobierno porque tus ideas son profundamente iliberales y dañinas para el sistema democrático'».
Sin embargo, en el contexto latinoamericano este cortafuegos político no opera de la misma manera. Por el contrario, los pactos se concretan de forma acelerada en las instancias electorales decisivas.
Sobre esta dinámica, el politólogo detalló: «Estas ultraderechas hacen campañas no solo contra las izquierdas, sino que hacen campañas contra la casta política. Pero en las segundas vueltas electorales, la derecha convencional muy rápidamente dice: ‘Nosotros los apoyamos y estamos dispuestos a formar gobierno'».
Asimismo, Rovira precisó que la diferenciación analítica entre ambas derechas se basa en dos ejes fundamentales. «En ese debate la distinción crucial es entre derecha convencional y ultraderecha. ¿Cómo hacemos esa distinción analítica? En base a dos criterios. El primero de ellos es cuán radicales son esas ideas de derecha que se defienden. Pero hay un segundo punto que es mucho más importante: la relación con el sistema democrático».
El mito del giro ideológico y el peso del voto castigo
Por otra parte, el autor desmitificó la idea de que la ciudadanía latinoamericana se haya vuelto intrínsecamente más conservadora. De hecho, los datos de opinión pública muestran una sociedad más progresista en aspectos socioculturales.
En consecuencia, el éxito de estos liderazgos se explica principalmente como un rechazo a la gestión de los gobiernos de turno. «Los datos empíricos reflejan que en los últimos 20 a 30 años América Latina se ha ido volviendo más progresista en temas culturales, como matrimonio igualitario o aborto. La paradoja la explicamos porque gran parte del éxito de las ultraderechas obedece a un castigo a los incumbentes. Cuando los gobiernos de turno hacen mal la pega, es esperable que los ciudadanos los castiguen».
De este modo, se configuran dos perfiles de electores que sustentan este fenómeno. Por un lado, existe un núcleo ideológico firme. Por otro lado, existe un votante pragmático impulsado por urgencias específicas.
Frente a esta división, el académico puntualizó: «Existen dos grupos. Un grupo que es un votante duro ideológico, que son de ultraderecha, que son iliberales, demandan mano dura, conservadurismo o neoliberalismo. Pero hay otro segmento de los votantes que no necesariamente comulga con esas ideas, pero lo que quiere es que solucionen un problema puntual».
La captura del votante de la derecha tradicional
Adicionalmente, el coautor del libro descartó que el crecimiento de la ultraderecha provenga de votantes desencantados de la izquierda por temas identitarios. Por el contrario, la evidencia demuestra una fuga desde la propia derecha moderada.
En esta línea, Rovira enfatizó: «Cuando uno analiza los datos empíricos, ese argumento tiene muy poco sustento. La evidencia empírica muestra que esos votos vienen de personas que históricamente estaban votando por partidos conservadores o demócratas cristianos. El surgimiento de José Antonio Kast se explica no porque son personas que antiguamente votaban a la izquierda, sino que son personas que antiguamente votaban por la derecha convencional».
Por lo tanto, la estrategia de imitar las posturas extremas resulta contraproducente para los partidos tradicionales. «Cuando las derechas convencionales imitan el discurso de las ultraderechas, lo único que terminan haciendo es debilitando su propia identidad partidaria y cediéndole el espacio a los otros. La gente prefiere el original a la copia».
La erosión de la democracia liberal en cámara lenta
Finalmente, el politólogo advirtió sobre el impacto institucional de estas fuerzas cuando alcanzan representación o poder. El deterioro democrático no ocurre mediante quiebres repentinos, sino mediante reformas graduales.
Para concluir, Cristóbal Rovira advirtió en Palabras Sacan Palabras: «Las derechas radicales se caracterizan por tener propuestas ideológicas que son profundamente iliberales, al no creer en la existencia de pesos y contrapesos ni en el respeto a las minorías. Estos son fenómenos en cámara lenta; es una concatenación de distintas reformas que llevan a que en algún momento el sistema empiece a perder sus credenciales democráticas».
