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Cintas enterradas en el jardín, despidos masivos y un parto al límite: Los secretos del disco más caótico del trío legendario del rock

Registrado en apenas un mes, entre crisis familiares y una industria discográfica en picada, el álbum desafió los límites del "reggae blanco".

Gabriel Ávila Morán |

The Police

The Police

Superar el estigma del debut y consolidar una propuesta en un segundo disco suele ser una prueba de fuego para cualquier banda. Sin embargo, para The Police, el verdadero desafío psicológico comenzó cuando el fenómeno se les fue de las manos.

Tras la arrolladora recepción de Outlandos d’Amour (1978) y el despegue definitivo con Reggatta de Blanc (1979), el trío británico llegó al verano europeo de 1980. Así se convirtió en una de las mayores atracciones del planeta.

Aquel crecimiento traía consigo una carga asfixiante. Como advertía el propio Sting a comienzos de aquel año, el peligro de estancarse en una fórmula probada era inminente:

«Hemos tenido un gran éxito con el primer álbum y superamos el problema del segundo. Pero ahora debemos hacer el tercero. Hemos dominado hacer una especie de reggae blanco y sería fácil continuar en esa línea; pero el ‘reggae rubio’ no funciona por sí solo, queremos hacer algo más que solo explorar la interfaz entre el reggae y el rock».

Cansancio extremo, nacimientos y una industria en quiebra

La vorágine de la vida en la carretera cobró una factura personal feroz. En sus inicios, el grupo insistió en controlar su destino con independencia absoluta. Ellos trasladaban sus propios amplificadores en una furgoneta Ford Econoline por las carreteras estadounidenses. Aunque esa austeridad les permitió mantener los pies en la tierra, los dejó sin margen de descanso para asimilar la fama.

El guitarrista Andy Summers retrató la dureza de ese periodo: en plena gira norteamericana, su esposa atravesaba las últimas semanas de embarazo; el músico regresó a Londres en una carrera contra el tiempo y el parto se produjo apenas dos días después de su aterrizaje. Así, conciliar la paternidad primeriza con las exigencias del estrellato empujó a la agrupación al borde de la cordura.

Para empeorar el escenario, el auge de The Police coincidió con un desplome financiero global de las ventas discográficas. Por este motivo, la presión corporativa recayó directamente sobre los hombros del trío. El baterista Stewart Copeland confesó el vértigo de sentirse el salvavidas financiero de cientos de trabajadores. Durante su paso por Estados Unidos, el sello A&M despidió a 180 empleados. Así, se transformaron las oficinas en un ambiente fúnebre.

Si la banda dudaba de su nueva música, los ejecutivos entraban en pánico. Esto se debía a que las metas presupuestarias de la multinacional dependían casi en exclusiva de que el tercer disco fuera un éxito millonario.

Cuatro semanas en Hilversum y una cinta bajo tierra

Con la agenda hipotecada por su mánager, Miles Copeland, la banda dispuso de solo cuatro semanas de calendario libre antes de embarcarse en un nuevo tour mundial. En consecuencia, el trío se recluyó junto al productor Nigel Gray en los Wisseloord Studios de Hilversum, en los Países Bajos. Además, el agotamiento y la falta de composiciones maduras detonaron peleas feroces por los créditos y los arreglos.

El conflicto más áspero se desató en torno a «Behind My Camel», una densa pieza instrumental compuesta por Andy Summers. Sting aborrecía la pista a tal extremo que se negó categóricamente a tocar el bajo en ella —obligando a Summers a registrar las cuatro cuerdas y a Copeland a acompañarlo únicamente porque no había otro baterista en la sala—.

La aversión del cantante fue más allá de lo verbal: un día tomó la cinta de grabación original de la mesa de control, salió al patio trasero del complejo y la enterró en el jardín para impedir que formara parte del disco. Pese al sabotaje, la pista fue rescatada y terminó en el listado final.

Doble Grammy y la conquista definitiva de América

Titulado Zenyatta Mondatta, el álbum llegó a las tiendas el 3 de octubre de 1980. Aunque concebido bajo un ritmo desparejo fruto de la prisa, la solidez de sus sencillos principales compensó cualquier debilidad en los surcos secundarios.

El corte inaugural, «Don’t Stand So Close to Me», se transformó en un fenómeno de alcance planetario, escalando al número uno en el Reino Unido y conquistando el puesto diez en Estados Unidos (su primer gran impacto en el Billboard Hot 100 desde el debut de «Roxanne»).

La racha se consolidó con el gancho inmediato de «De Do Do Do, De Da Da Da», mientras el LP alcanzaba el número cinco en las listas de álbumes norteamericanas y lograba la certificación de doble disco de platino.

La consagración se selló en la temporada de premios con una sabrosa ironía: la banda se llevó a casa dos premios Grammy; uno por «Don’t Stand So Close to Me» (Mejor Interpretación Rock de Dúo o Grupo) y otro, para probable fastidio de Sting, por la repudiada «Behind My Camel» como Mejor Interpretación Instrumental de Rock.

A 46 años de su publicación, Zenyatta Mondatta permanece como el testimonio de tres titanes que, aun sobrepasados por las presiones de la industria y la erosión interna, supieron moldear la tensión en piezas maestras que cambiaron el curso del rock de los ochenta.

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