ENTREVISTAS

Axel Callís analiza las tensiones del Ejecutivo: «El ministro Quiroz se convirtió en el villano ante un país completamente detenido»

El sociólogo aborda el estancamiento económico, la desaprobación del Gobierno y los desafíos políticos ante las próximas elecciones.

Hector Muñoz Tapia |

Kast Quiroz Agencia Uno Web

Kast Quiroz Agencia Uno Web

En la última medición de la encuesta Data Influye, la evaluación a la gestión gubernamental muestra una tendencia preocupante para el Palacio de La Moneda. El analista político y académico de la Universidad Central, Axel Callís, profundizó en los factores que sostienen estas cifras en la opinión pública. Según el sociólogo, la desaprobación a la administración del presidente José Antonio Kast ha alcanzado un piso firme en los sondeos de opinión.

En este sentido, el especialista detalló cómo se ha configurado el rechazo ciudadano frente al rumbo actual del país. «Se ha estabilizado la desaprobación en torno al 25%, 27% o 28%. Lo que ha sucedido es que se ha ido solidificando la desaprobación, que es un fenómeno derivado del voto obligatorio: gente que vota sin mayor convicción y lo abandona a las dos o tres semanas si no le gusta», afirmó Callís.

Asimismo, el analista apuntó directamente a la conducción del equipo económico como la causa principal del descontento social. «Ya está consolidado que el villano del gobierno es el ministro Quiroz, o sea, el de Hacienda y todo lo que tiene que ver con economía. Esto es fruto de ver los indicadores económicos de los últimos meses, donde cada vez el que sale es peor que el anterior», explicó en Palabra Que Es Noticia.

Por lo tanto, la percepción de estancamiento no responde a una construcción comunicacional, sino a una vivencia directa de la población. «La situación es una recesión técnica o no técnica, pero el país está completamente detenido. Lo más probable es que tengamos un crecimiento cero a final de año y todo lo que ha pasado en materia económica tiene que ver con promesas para el futuro bastante inciertas», enfatizó el director de Data Influye. Además, agregó que «la gente ya no es que le estén diciendo, está experimentando la cesantía, las alzas y la precariedad económica».

La «doctrina Quiroz» y la reestructuración del modelo

Más allá de los costos en la desaprobación pública, el equipo económico parece actuar bajo un diseño ideológico rígido. Callís identificó a una dupla en el segundo piso de gobierno junto a altos directivos como los promotores de transformaciones de fondo. Para el experto, la conducción de la hacienda pública responde a un dogma que busca alterar la estructura económica tradicional.

Al respecto, el académico definió esta línea de acción como una apuesta radicalizada de liberalización. «La doctrina Quiroz, que es una ideología de tratar de liberalizar al máximo la economía, tiene su fecha límite el próximo año, cuando empiezan a prepararse las elecciones», advirtió Callís.

En consecuencia, este enfoque dogmático ha comenzado a encender las alarmas en las colectividades políticas oficialistas. «Los aliados incondicionales del gobierno ya están viendo que ser el aliado incondicional poco les está sumando y se empiezan a poner nerviosos», aseveró.

Por otra parte, Callís comparó los objetivos de fondo del Ejecutivo con un proyecto de restauración doctrinal. «A este triunvirato le importan poco los resultados. Ellos están por un tema mucho más de sistema o de modelo: lo que quieren es rectificar el modelo y hacerlo mucho más puro y parecido al que salió del gobierno de la dictadura de Pinochet», sentenció el analista.

Las dos almas del electorado y la fragilidad del núcleo duro

Al analizar la base de apoyo con la que cuenta el Gobierno, Axel Callís diferenció entre el compromiso ideológico y el pragmatismo ciudadano. En comparación con administraciones anteriores, el núcleo duro del actual mandatario presenta una magnitud considerablemente menor.

De acuerdo con el sociólogo, el segmento identitario no alcanza a sostener por sí solo una mayoría política estable. «El núcleo duro político de José Antonio Kast es mucho menor, está en torno al 17% o 18%, y el resto son personas de clases medias más bajas y precarizadas que tienen una relación mucho más pragmática», sostuvo.

Por esta razón, la gobernabilidad depende de la entrega de resultados concretos en la vida cotidiana. «Tienen a este grupo de cohesión ideológica dura, de derecha conservadora, pero también hay un grupo que opera en base a resultados: la seguridad cotidiana, si hay pega o no hay pega, si hay plata o no hay plata», detalló Callís.

Desorden de gobernabilidad: ministerios sin vocería ni disciplina

Otro de los flancos críticos identificados por el analista es la falta de coordinación interna en el Gabinete. Aunque una gestión de severos ajustes fiscales requiere un estricto control político, el Gobierno muestra severas deficiencias orgánicas.

Sobre este punto, el especialista cuestionó la coherencia del diseño comunicacional del Palacio de La Moneda. «Si tú dices que vas a hacer un gobierno duro de motosierra, con recortes y ajustes, pero está bien acompañado de una disciplina política en términos de vocería, dices ‘okay, es un gobierno duro, pero ordenado’. Pero esa área política ha hecho agua por todas partes», remarcó.

Del mismo modo, Callís caracterizó el estilo de liderazgo ejercido por el Jefe de Estado. «No es un presidente ausente, es un presidente que termina siendo vocero de su propio gobierno y que tiene un accionar evitativo de la política», puntualizó.

Asimismo, el analista criticó la autonomía con la que actúan las distintas carteras ministeriales. «Tenemos un gabinete donde cada uno se manda por sí mismo. Es la antítesis de un equipo porque la mayoría son personas independientes y exitosas en sus mundos que no están acostumbradas a seguir una pauta musical para cantar la misma canción», manifestó. En esa línea, concluyó que «la única forma de arreglarlo es trayendo gente política y sacando a los independientes».

El horizonte electoral: el deadline de los partidos aliados

Finalmente, el director de Data Influye anticipó que la tolerancia de los partidos oficialistas frente a las encuestas tiene fecha de vencimiento. El próximo calendario electoral obligará a los dirigentes parlamentarios a priorizar sus propios proyectos territoriales.

Por consiguiente, la baja popularidad terminará fracturando el respaldo político en el Congreso. «Tarde o temprano los gobiernos se sustentan en base a la aprobación, y por eso el gobierno tiene un deadline, que es el próximo año cuando los partidos políticos empiezan a mostrar sus cartas para las elecciones», aseveró.

Para concluir, Callís vaticinó un distanciamiento inevitable por parte de los candidatos oficialistas. «Todos los políticos aliados van a empezar a dispararle al gobierno al darse cuenta de que la mayoría no está en el gobierno, está fuera. No puedes estar con un gobierno de 24% o 25% porque eso te achica automáticamente», cerró el analista en Palabra Que Es Noticia.

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