La icónica agrupación brasileña Sepultura vive jornadas cargadas de emotividad en el marco de su gira mundial de despedida Celebrating Life Through Death, con la que celebran más de cuatro décadas de trayectoria. En su paso por Santiago para ofrecer dos conciertos en el Teatro Coliseo, el guitarrista Andreas Kisser conversó con Rainiero Guerrero en el RockShop para reflexionar sobre el significado de este cierre de ciclo y la profunda conexión construida con la audiencia local.
Desde su primera visita a mediados de la década de los noventa, la banda de thrash metal estableció un vínculo indeleble con los seguidores chilenos. Al respecto, el músico destacó la trascendencia de este reencuentro en la fase final de su trayectoria: «Es un placer volver a Chile y hablar de este momento tan especial de Sepultura, celebrando 42 años de historia». Asimismo, enfatizó con entusiasmo: «Sepultura y Chile tienen una historia increíble juntos».
Un vínculo histórico que comenzó en 1994
El desembarco inicial de la banda en suelo chileno ocurrió en 1994, en el marco de la presentación de su emblemático disco Chaos A.D.. Aunque en años previos se presentaron en Argentina, las fronteras chilenas representaron un desafío mayor debido al contexto sociocultural de la época. Sobre esta llegada tardía, Kisser recordó: «Chile siempre fue más difícil y finalmente en el 94 conseguimos lograr venir acá».
Aquel primer recital en el recinto de la capital dejó una huella imborrable tanto en el público como en los propios músicos. Por consiguiente, la respuesta del público superó cualquier expectativa previa. Con respecto al afecto recibido a lo largo de los años, el guitarrista expresó: «Estamos muy felices y muy agradecidos por este amor y cariño del fanático de Chile». Además, añadió que este cierre de gira representa un hito de alta intensidad emocional: «Es un momento muy especial para nosotros, estamos muy emocionados».
Celebrando 42 años de metal con la gira de despedida
Afrontar una serie de conciertos de despedida tras 42 años ininterrumpidos en la ruta genera una encrucijada de sensaciones. Por un lado, predomina la gratitud hacia quienes respaldaron la propuesta musical; por otro lado, emerge una sensación de descanso tras un extenso recorrido. En palabras del músico: «Es una mezcla de sentimientos: de agradecimiento principalmente a todos los fanáticos que mantuvieron este grupo relevante y motivado, pero también un sentimiento de alivio».
El proceso de planificación de esta gira final no fue fortuito, sino que se estructuró con más de dos años de anticipación junto a su equipo de trabajo y familias. De este modo, la banda logró incluir hitos destacados, tales como su primer show en Islandia, un nuevo EP con el baterista Greyson Nekrutman y presentaciones en escenarios legendarios como el Hammersmith Apollo. Frente a este desarrollo, Kisser afirmó: «Estamos sintiéndonos muy bien, mucho mejor de lo que esperábamos de toda esta celebración».
Del patio del colegio al impacto global del thrash metal
El paso de la agrupación por Chile también incluye pasajes singulares, como la histórica presentación efectuada en el patio del Instituto Nacional. Este evento conectó de forma directa con los inicios de Kisser en su natal Brasil durante los años ochenta. Al revivir esos primeros pasos, el guitarrista rememoró: «El primer concierto de mi vida fue en el patio de mi colegio en Brasil». En aquella ocasión, durante una feria escolar de ciencias, montaron un escenario en la cancha deportiva para interpretar piezas de bandas underground.
Asimismo, el crecimiento del thrash metal sudamericano estuvo marcado por el tránsito desde regímenes dictatoriales hacia la democracia en la región. En ese contexto, la creación artística funcionó como un canalizador social y emocional. Al analizar el rol de la música, el artista reflexionó: «La música es también una terapia para expresar tus sentimientos a través de un instrumento musical, una poesía o una pintura». Además, recalcó su valor constructivo: «Es una manera muy sana de lidiar con problemas de presión y tener posibilidades de una sociedad mejor. Donde nos podamos comunicar de una manera más tranquila y pacífica».
La evolución del sonido y el cruce cultural con Brasil
El salto definitivo de Sepultura hacia el circuito internacional se consolidó con lanzamientos clave como Arise y Chaos A.D., los cuales abrieron las puertas de festivales y giras globales. En efecto, el grupo comenzó a integrar elementos autóctonos de la cultura brasileña en sus composiciones. Sobre esta innovación sonora, Kisser explicó: «Empezamos a utilizar elementos de nuestra propia música y de la cultura brasileña. Principalmente percusión, los ritmos de samba del norte de Brasil y melodías de la música sertaneja».
Esta audaz fusión de heavy metal con ritmos tradicionales no solo distinguió a la banda de sus contemporáneos, sino que ejerció una influencia directa en agrupaciones internacionales como Slipknot. De esta forma, el grupo demostró el poder de la expresión artística para superar fronteras ideológicas y geográficas en más de 80 países.
La libertad como sello indeleble del legado
Al evaluar la trayectoria completa desarrollada desde 1984, el concepto que mejor sintetiza la historia de la banda es la autonomía artística. Enfrentar las presiones comerciales de la industria discográfica fue clave para publicar trabajos trascendentales como Roots. En ese sentido, Kisser aseveró tajantemente: «Siempre fuimos libres para hacer lo que quisiéramos, luchando por esa libertad artística». Igualmente, enfatizó: «Sin esa libertad, creo que Roots habría sido imposible».
Con la mirada puesta en el concierto final de despedida programado para el 17 de noviembre en São Paulo, Sepultura concluye un recorrido fundamental en el rock mundial. Finalmente, en RockShop, Andreas Kisser concluyó sobre el impacto de la banda: «Vamos a cerrar un capítulo importantísimo no solamente en la historia de Sepultura, sino del metal brasileño y sudamericano».
