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100 años de Chuck Berry y en Futuro te decimos sus 10 mejores canciones

El padre del rock celebra su natalicio número 100 y gracias a el Futuro probablemente no existiria, por ello lo homenajeamos.

Chuck Berry
Getty Images

El rock and roll tiene muchos próceres, pero solo un arquitecto definitivo: Chuck Berry. Antes de sus grabaciones fundamentales registradas para el sello Chess entre 1955 y 1964, la música popular carecía de ese lenguaje que unió la velocidad de las carreteras, la rebeldía adolescente, los desamores y una guitarra eléctrica que rugía como un motor encendido.

Aunque a primera vista su fórmula parecía apoyarse en una estructura similar —un riff inicial cortante, tres acordes y relatos sobre autos y chicas—, la genialidad de Berry radicó en su pluma. Era un cronista agudo que supo narrar la efervescencia juvenil estadounidense.

A la vez, también deslizó comentarios mordaces sobre la segregación y el racismo en plena década de los 50.

Este 18 de octubre, al cumplirse 100 años desde su natalicio, en La Radio del Rock repasamos sus 10 canciones definitivas:

Carol

Un manual absoluto sobre el uso del double stop y la economía de notas. La devoción de Berry por esta pieza era tan estricta que durante los ensayos del documental ¡Hail! ¡Hail! Rock ‘n’ Roll (1987) frenó en seco a Keith Richards por alterar el remate del compás: el doble bending de Chuck era perfecto tal cual.

Memphis, Tennessee

La trama sitúa a Berry rogándole a una operadora telefónica que lo comunique con una tal Marie. Implora escuchar su voz tras haber sido separados por la madre de la niña.

Lejos de ser un desencuentro sentimental de pareja, los versos finales revelan que Marie es en realidad su hija de seis años, retratando la angustia de un padre fracturado por el desarraigo familiar.

No Particular Place to Go

Incluso en plena invasión británica, Berry demostró que nadie relataba desventuras cotidianas con tanto ingenio. Además, adaptando la cadencia rítmica de su clásico «School Day», la lírica expone el frustrado intento del protagonista por encontrar un rincón solitario para besar a su acompañante dentro del vehículo.

Brown Eyed Handsome Man

Bajo una fachada de humor, romances cotidianos y partidos de béisbol, late una de sus obras con mayor carga sociopolítica.

Escrita luego de presenciar el arresto arbitrario de un hombre de origen hispano en un barrio de minorías en California, Berry convirtió el término «brown-eyed» en un código para celebrar la dignidad y el atractivo de la población afroamericana y latina.

Back in the U.S.A.

Concebida tras regresar de una gira por Australia, esta pista funcionó como una oda directa al estilo de vida norteamericano. Enumera rascacielos, autopistas, cafeterías de esquina y máquinas de discos.

La ironía histórica golpeó meses después, cuando el músico fue detenido y sentenciado a prisión federal bajo la Ley Mann, un episodio que el propio guitarrista denunció como un juicio teñido de racismo institucional.

Rock and Roll Music

Directa y desprovista de metáforas complejas, la pieza glorifica el latido rítmico que Berry ayudó a masificar frente a cualquier otro estilo musical.

Versionada con éxito por The Beatles y The Beach Boys en los años sesenta, ninguna lectura logró igualar el mordisco, la soltura y el swing de la toma original de Chess Records.

Sweet Little Sixteen

El tema describe a una fanática adolescente que recorre auditorios y ciudades siguiendo a sus ídolos musicales. Está coronada por uno de los estribillos más memorables de la época.

La melodía y la progresión fueron tan influyentes que Brian Wilson las tomó prestadas compás por compás para componer el clásico «Surfin’ U.S.A.» de The Beach Boys.

Roll Over Beethoven

Al ordenarles a Beethoven y Tchaikovsky que se apartaran para dar paso al nuevo ritmo de las roconolas, Berry proclamó al rock and roll como la nueva fuerza artística dominante de la civilización moderna.

El tema se transformó en un himno universal versionado por gigantes de la talla de The Beatles, Electric Light Orchestra e Iron Maiden.

Maybellene

Adaptando la tonada country «Ida Red», el sencillo debut de Berry arrancó con una guitarra distorsionada y una velocidad sincopada que partió en dos la historia de la música popular.

Todo lo previo pertenecía al rhythm and blues tradicional; todo lo posterior fue rock and roll. La persecución automovilística entre un Ford V8 y un Cadillac Coupé DeVille fijó el molde de lo que vendría en las siguientes décadas.

Johnny B. Goode

Con su legendaria introducción de 18 segundos —el riff que encendió la vocación de generaciones completas de guitarristas, desde Jimi Hendrix y Keith Richards hasta Angus Young—, la canción narra la fábula del muchacho de campo de Luisiana que tocaba las seis cuerdas con la claridad y la resonancia de una campana.


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