La música y la identidad de Lucho Castillo comenzaron a forjarse en el sur de Chile, lejos de las modas urbanas y en un entorno tranquilo. Durante su infancia en Yungay, el músico chileno compartió una particular combinación de gustos musicales entre sus pares.
Entre el rock noventero y la vida de pueblo
En conversación con Andrea Moletto y Álvaro Paci en Palabras Sacan Palabras, recuerda cómo convivían sus pasiones: «Vengo de un pueblo llamado Yungay y he sido rockero toda la vida. Eso era lo extraño entre la gente de mis amigos cuando éramos cabros, cuando eran los cassettes. Tenía solo 10 cassettes dentro de los que estaban Iron Maiden, The Police, Van Halen».
Sin embargo, para el folclorista esta mezcla resultaba completamente natural. En ese sentido, destaca la calma de su infancia en el campo: «No hay contradicción. Yo creo que pasé la vida más linda que puede pasar un niño en un pueblo de ese tiempo donde tú corrías tranquilo, donde podías salir al río con los cabros a hacer maldades y volver tranquilo a la casa».
El origen campesino y el flechazo con la cueca
Además del rock que escuchaba en casetes, el entorno familiar y campesino definió su cercanía con las tradiciones locales. Su padre y su madre desempeñaron un papel decisivo en su formación musical temprana.
Al recordar su primer encuentro con el baile nacional, Castillo explica: «Vengo de una familia campesina por parte de mi padre, campesino total. De hecho, mi nombre Luis es por mi abuelo Armando, Luis Armando Castillo. Y la verdad que me enamoré del baile de la cueca en la fiesta de San Francisco, que se celebra en el sur, donde los agricultores van y ponen una cruz con su adorno, le echan su bautizo con sus agüitas de minerales de vino, se bendice el trigo y se baila en el trigo».
De igual manera, el canto de su madre y la presencia constante de la guitarra en el hogar moldearon su inclinación artística de forma espontánea. Por lo tanto, el instrumento pasó a ser parte cotidiana de su vida. El artista detalla: «La guitarra siempre estuvo conmigo de niño. Fue bonito eso porque la guitarra, al igual que el baile o la cueca, todo lo que ha tenido relación del arte musical conmigo ha sido de una forma bien lúdica y natural».
De la ingeniería forestal al fenómeno de Los Tricolores
A pesar de su talento con la guitarra y el baile, el camino hacia la música profesional no fue inmediato. Tras finalizar la etapa escolar, Lucho Castillo se trasladó a Concepción para cursar estudios superiores de Ingeniería de Ejecución Forestal.
No obstante, la profesión académica dio paso a su verdadera vocación. En ese contexto, el músico señala: «Salí titulado de Ingeniero de Ejecución Forestal, ejercí un poco el sistema, no me gustó la deforestación y ahí vinieron todas estas directrices de la vida».
Posteriormente, a finales de los años noventa, se concretó el inicio de su carrera con agrupaciones emblemáticas. Asimismo, el apoyo del actor y folclorista Daniel Muñoz resultó fundamental para impulsar el proyecto. Castillo evoca ese momento histórico: «Formamos Los Tricolores el año 99 y empezó todo ese deambular. Aparece Daniel Muñoz, se integra a este conjunto y Daniel fue quien nos dio la chance de poder grabar un primer disco».
Del mismo modo, sostener una carrera artística implicó un largo esfuerzo laboral en paralelo. Castillo relata la realidad de muchos creadores en Chile: «Lamentablemente en nuestro país muchos jóvenes que hacen música o deporte tienen que trabajar en otras cosas para sustentarse. Hasta el 2018 aguanté y me decidí a hacer música y ahí ya no paré más. Se puede, pero hay que ser profesional».
La influencia de Los Tres y el sentido libertario de la cueca urbana
Por otra parte, la década de los noventa estuvo marcada por un renacer del folclore en las generaciones más jóvenes. En ese escenario, la irrupción del grupo Los Tres con su disco desenchufado en MTV transformó la difusión de la cueca urbana.
Al respecto, el invitado reconoce el impacto de dicha producción: «Lo que hicieron Los Tres con ese disco fue magnífico. La postura que puso Álvaro, de sacar a la luz esa escuela maravillosa de Roberto Parra y llevarla al mundo, fue la chispa que hizo que esta cuestión explotara».
En consecuencia, este impulso abrió espacio para una visión más inclusiva y abierta del baile tradicional. Frente a las formas rígidas del folclore oficial, Castillo defiende la libertad de la juventud para bailar. Sobre este punto afirma: «Afortunadamente viene la cueca urbana, que es la contestataria, la que dice muchas cosas que no se dicen en la otra cueca. Les dice a ustedes: bailen como quieran, disfrútenlo. Es libertaria, por eso no hay que tenerle miedo».
El homenaje a Víctor Jara y el trabajo con «La Vaca»
Finalmente, la trayectoria de Lucho Castillo se nutre de colaboraciones con destacados referentes de la música chilena. Entre sus creaciones destaca una pieza compuesta en honor a Víctor Jara, grabada junto al actor Daniel Alcaíno.
Sobre la profunda significación de este homenaje, el artista manifiesta: «Siempre soñé con interpretar algo en honor a Víctor Jara. Siento que es lo más cercano que uno puede tener de las personas que luchan por algo y mueren luchando por eso de forma consecuente».
En la actualidad, el folclorista celebra el lanzamiento del disco Castillo y La Vaca, junto a Pablo Ilabaca. Respecto a esta reciente producción en formato vinilo, concluye en Palabras Sacan Palabras: «Con Pablo somos amigos ya desde el año 2004. Es un disco orgánico: hay cueca, balada campesina, tonada, ranchera y sonidos del norte de Chile».
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