Esta semana se concretó un hecho de alta relevancia internacional en la Casa Blanca con la reunión entre el mandatario de China, Xi Jinping, y el presidente estadounidense, Donald Trump. El encuentro, que se extendió por más de tres horas y contó con una cena de alto protocolo, generó intensas expectativas a nivel global. Sin embargo, en Palabra Que Es Noticia, el economista y exdirector general de Relaciones Económicas Internacionales, Osvaldo Rosales, ofreció una mirada reflexiva sobre los resultados reales alcanzados.
En este sentido, Rosales sostuvo que «la reunión de ayer entre los presidentes Xi y Trump tuvo mucho simbolismo, mucho boato, pero poca sustancia». A pesar de las muestras de cortesía diplomática y las declaraciones sobre una buena relación personal entre ambos líderes, los avances concretos se redujeron a puntos muy específicos de la agenda bilateral. Por consiguiente, la cita ratifica que el vínculo entre las dos mayores potencias continúa en una fase de tensión administrada.
Entre los resultados principales, ambas naciones acordaron extender el pacto comercial únicamente hasta el 10 de enero. Además, en la mesa de discusión se abordaron la delicada situación geopolítica de Taiwán y los enfoques discrepantes sobre la regulación de la inteligencia artificial. Para sintetizar esta compleja dinámica, Rosales recurrió al marco analítico de su obra: «Estamos viviendo un período de lo que yo llamo ‘guaz’, que no es ni guerra ni paz, sino momentos alternados entre conflicto y distensión».
El Escudo de las Américas y la controversia por la soberanía
De manera paralela a este escenario internacional, en el ámbito interno se desató una severa controversia tras la firma del acuerdo denominado Escudo de las Américas por parte del gobierno de José Antonio Kast. Ante esta decisión, los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric difundieron una inédita carta conjunta solicitando reconsiderar la permanencia de Chile en dicha instancia.
Sobre este punto, el economista respaldó la preocupación expresada por los exmandatarios. Según su evaluación, «es inédito que dos expresidentes emitan una declaración conjunta y esto se explica porque también es inédita la actitud del gobierno de incorporarse a un acuerdo que tiene serias implicancias sobre nuestra soberanía y nuestra autonomía estratégica».
Asimismo, Rosales cuestionó la versión difundida por la Cancillería chilena, la cual presentó el tratado fundamentalmente como un plan de cooperación en seguridad. Por el contrario, al revisar el texto firmado por los 16 gobiernos, los temas estrictamente policiales o de seguridad ocupan una porción menor. En efecto, el eje sustantivo abarca la gestión de minerales críticos como las tierras raras, el bloqueo a inversiones chinas y la definición unilateral de proveedores confiables en infraestructura digital.
El TIAR y el riesgo de una carrera armamentista
Uno de los elementos más delicados del acuerdo es su apelación explícita al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Por consiguiente, Rosales advirtió sobre los compromisos de defensa colectiva e implicancias operativas que este mecanismo supone para el país.
Al respecto, el especialista enfatizó que «el TIAR tiene un precepto que señala que cuando un país se siente amenazado por una potencia externa, todos los demás deben concurrir en ese auxilio. Esto no es un tema policial, es estrictamente militar y se está apelando a mecanismos de operaciones militares conjuntas». Por lo tanto, el pacto abre interrogantes sobre la eventual participación de las Fuerzas Armadas nacionales en conflictos externos o la presencia de tropas extranjeras en territorio nacional.
Por otro lado, el economista alertó sobre las presiones de Washington para aumentar el gasto militar regional hasta un 5% del Producto Interno Bruto (PIB). Esta exigencia significaría desviar recursos fiscales esenciales desde áreas sociales como salud, educación, vivienda y pensiones. En consecuencia, Rosales afirmó que «lo que está haciendo Trump con esta política es inducir una carrera armamentista en América Latina. En circunstancias que uno de sus principales activos en este momento geopolítico complejo era ser una zona de paz».
Dependencia tecnológica y límites a la soberanía económica
Finalmente, Rosales analizó las implicancias económicas de limitar la neutralidad tecnológica del Estado chileno. La pretensión de que Washington defina la idoneidad de los proveedores digitales restringe la libertad de elección del país en sus proyectos de conectividad.
En esta línea, el exdirector de Comercio Internacional de la CEPAL advirtió que «significaría que las decisiones fundamentales. Tanto en materia económica como de política exterior, no estarían tomadas en nuestro país, sino desde Washington». De este modo, ceder la definición de estándares digitales compromete la autonomía estratégica nacional.
Por último, restarse del acceso a desarrollos tecnológicos provenientes de Asia podría afectar el ritmo de innovación e inversión local. Diversos análisis internacionales ubican a China en posiciones de liderazgo en varias tecnologías disruptivas esenciales. Por ello, Rosales concluyó en Palabra Que Es Noticia que «que un país se autoniegue a la posibilidad de acceder a tecnología china significa retardar la posibilidad de que podamos utilizar las nuevas tecnologías para nuestro crecimiento y generar empleo». En consecuencia, mantener una política exterior independiente resulta vital para el resguardo de los intereses económicos del país.
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