COLUMNA DE OPINIÓN

«La pregunta central ya no es si la IA es buena o mala, sino quién la va a controlar»

Juan Pablo Figueroa analiza el debate en la ONU sobre las cinco posturas geopolíticas para regular la IA y la posición de Chile frente a la falta de reglas globales.

Ia Onu Web
Getty Images

La regulación de la inteligencia artificial (IA) se ha transformado en uno de los temas más polarizantes de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por un lado, los principales líderes mundiales abordaron la urgencia de establecer límites internacionales. Por otro lado, los directores ejecutivos de las mayores firmas tecnológicas asistieron a sesiones especiales del Consejo de Seguridad para fijar su posición.

En este contexto geopolítico, el periodista y director del Laboratorio de Ciudadanía, Información y Verificación, Juan Pablo Figueroa, analizó el complejo panorama global en su columna de Palabras Sacan Palabras. Según el especialista, el avance acelerado de la tecnología sobrepasó las capacidades de contención tradicionales.

Al respecto, Figueroa afirmó: «La inteligencia artificial se puso al centro de la política mundial esta semana y la ONU se convirtió en el escenario donde las empresas, los países y los organismos internacionales están tratando de ver qué se hace con esto. Existe la necesidad urgente de ponerle regulación a algo que va avanzando mucho más rápido que las capacidades que los mismos desarrolladores tienen de ponerle algún coto».

Las cinco posturas geopolíticas que se enfrentan

En la actualidad, el escenario internacional sobre la gobernanza de la IA no es homogéneo. Por el contrario, se encuentra dividido en bloques con intereses contrapuestos.

De acuerdo con el análisis de Figueroa, existen cinco posiciones claramente delimitadas en el tablero mundial. Estas posturas van desde el libre mercado desatado hasta la regulación estricta basada en derechos fundamentales.

El analista detalló este mapa global indicando: «Son cinco posiciones las que estamos viendo. Primero, Estados Unidos, que quiere acelerarlo todo para no perder la carrera ante China. La segunda es Europa, que busca regular y ha avanzado en una ley con niveles de riesgo, pero busca construir capacidades propias. El tercero es China, que promueve modelos un poco más abiertos y accesibles, pero con la postura de no ceder terreno ante Estados Unidos. Por otro lado, las grandes empresas se han constituido casi como un grupo de estados pidiendo regulación, pero según las condiciones y reglas que ellos imponen. Y Naciones Unidas busca instalar una perspectiva basada en la seguridad, los derechos humanos y la cooperación internacional. Acá la pregunta central ya no es si la inteligencia artificial es buena o mala, sino quién la va a controlar a futuro».

La necesidad de una regulación global frente a la carrera tecnológica

Certificadamente, las normativas de carácter regional resultan ineficaces ante una tecnología transfronteriza. Por ejemplo, mientras la Unión Europea avanza en marcos regulatorios exigentes, potencias como Estados Unidos optan por la liberalización completa para no perder liderazgo.

Asimismo, China aprovecha los desarrollos externos para transformarlos en modelos de código abierto de menor costo. En consecuencia, las iniciativas aisladas quedan sobrepasadas si no existe un acuerdo multilateral.

Sobre este punto, Figueroa enfatizó: «Si esto lo queremos regular, tiene que haber una regulación global. Esta pelea de bloques no tiene ningún sentido si en Europa se regula, pero en Estados Unidos, donde se generan estos avances y se da esta carrera desatada, no hay regulación. Mientras no haya una coordinación real y global, las regulaciones pequeñas y regionales no sirven. La postura de Estados Unidos es decir ‘tengo a Silicon Valley aquí y si no lo lideramos nosotros, nos van a pasar por encima’, impulsando una liberalización completa».

Los dilemas y contradicciones de la autorregulación corporativa

Paralelamente, las grandes compañías tecnológicas solicitan la intervención de los Estados. Sin embargo, al mismo tiempo mantienen el pie en el acelerador del desarrollo.

Esta aparente contradicción responde a una estrategia para encabezar el diseño de las futuras normas internacionales. No obstante, encomendar la redacción de las reglas a los propios regulados genera serias dudas institucionales y de financiamiento.

Frente a esta situación, el especialista cuestionó: «Las empresas están proponiendo reguladores externos, auditorías reales y permanentes, y medidas de control para unificar límites. El tema es que si estas empresas son las que imponen las reglas, ¿quién elige a los reguladores, quién los financia y quién les establece los límites? ¿Tendrán la libertad de denunciar peligros o la capacidad de establecer sanciones y bajo qué reglas?».

La posición de Chile frente al escenario internacional

Por otra parte, el debate global repercute de manera directa en las decisiones legislativas locales. En el caso chileno, la discusión parlamentaria refleja las tensiones entre el modelo regulatorio europeo y el enfoque de liberalización estadounidense.

En este sentido, la propuesta original del proyecto de ley planteaba un marco estricto enfocado en el riesgo y la creación de un consejo regulador. No obstante, la orientación del ejecutivo actual apunta a modificar la iniciativa para flexibilizar la normativa.

Finalmente, Juan Pablo Figueroa explicó en Palabras Sacan Palabras la posición del país en este contexto: «El proyecto de ley que se discute en el Congreso, presentado durante el gobierno de Gabriel Boric, es mucho más cercano a la legislación europea, buscando una regulación con reglas claras e indicadores de riesgo. Sin embargo, el ejecutivo actual bajo el presidente Kast tiene una postura más cercana a la estadounidense de liberalización, y ya ha planteado la propuesta de modificar o incluso reemplazar el proyecto de ley. Chile también es una avispa más dentro de este avispero».


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