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Inaugurando el nuevo rock chileno de los 90: a 35 años de la obra homónima que cambió la escena local para siempre

Combinando rockabilly, boleros y blues con una escoba gigante, la extraordinaria apuesta de Concepción se lanzó el 04 de septiembre de 1991.

Hector Muñoz Tapia |

Los Tres 1991 Color Web

Los Tres 1991 Color Web

En el invierno de 1991, la escena musical de Chile se encontraba bajo grises nubes culturales, dominada principalmente por el sonido pop de las máquinas y sintetizadores. Sin embargo, el 4 de septiembre de 1991, un cuarteto de Concepción barrió esa monotonía. Con el lanzamiento de su histórico álbum homónimo, Álvaro Henríquez, Roberto «Titae» Lindl, Francisco «Pancho» Molina y Ángel Parra inauguraron una nueva era para el rock nacional.

Este debut discográfico, editado inicialmente bajo el mítico sello Alerce, propuso una mezcla inédita que combinó rockabilly, blues, boleros, reggae y jazz guachaca. En consecuencia, el grupo penquista rompió con todas las estructuras estéticas de la época. Su propuesta dotó a la música popular chilena de una frescura y una identidad que trascienden de forma indiscutible hasta el día de hoy.

Las revelaciones de Jorge «Gato» Esteban y los misterios de su sonido

Detrás de las perillas de esta joya de la ingeniería musical estuvo el productor Jorge «Gato» Esteban. Tras su regreso a Chile luego de trabajar en Estados Unidos con bandas icónicas como The Ramones, Esteban asumió los mandos en el estudio Filmocentro en Ñuñoa. El registro del disco duró aproximadamente una semana. Allí, el ingeniero logró capturar un tono excepcional utilizando un rack gigantesco de efectos apodado por Ángel Parra como «La Mole».

Durante el proceso de mezcla, el azar y la experimentación en el estudio jugaron un rol estelar en la identidad final de las canciones de «Los Tres». Por ejemplo, en el cierre del tema «Somos tontos, no pesados», la voz sufre una deformación de pitch muy característica. El productor confesó que este efecto surgió de forma lúdica mientras manipulaba un generador de armónicos. A Álvaro Henríquez le encantó este accidente técnico y exigió mantenerlo en la pista final.

El secreto detrás de la «reverb gigante» de catedral

Otro de los grandes hitos sonoros de la placa se encuentra en canciones emblemáticas como «Amores incompletos». En esta composición, la voz principal destaca por poseer una reverberación colosal. Con el paso de los años, Jorge Esteban admitió entre risas que en su momento sintió que se le había pasado la mano con el uso de este efecto en la mezcla.

No obstante, el tiempo se encargó de validar aquella atrevida decisión de producción. El ingeniero reconoció posteriormente que si se le quitaran esas reverbs gigantescas de catedral a la voz de Álvaro Henríquez, la canción simplemente ya no sería la misma. De esta manera, lo que inicialmente pareció un exceso de mezcla terminó conformando una estética y una identidad particulares que definieron la firma sonora de la banda.

El puente entre el jazz guachaca y la influencia de Roberto Parra

La mística poética y musical de Los Tres en este debut también provino del teatro popular. Durante ese verano de 1991, Álvaro Henríquez se encontraba inmerso en la célebre obra La Negra Ester de Andrés Pérez. Lo que le permitió entablar un lazo directo con el creador de sus décimas, Roberto Parra Sandoval. Esta poderosa influencia inyectó los aderezos del jazz guachaca directo en la propuesta rockera del grupo.

Líricas oscuras, directas y potentes como las de «La primera vez» demostraron que la agrupación no temía abordar temáticas complejas. Finalmente, gracias al criterio de Carlos Necochea, el sello Alerce abrió el camino para que el conjunto firmara con la multinacional Sony. Esto garantizaba una proyección regional masiva. A 35 años de su publicación, el debut de Los Tres permanece intacto como el verdadero punto de partida del nuevo rock chileno de los noventa.

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