COLUMNA DE OPINIÓN

Francisco Parada y los resultados negativos en PISA: «Echarle la culpa a las pantallas da la falsa sensación de que la solución es solo quitarlas»

El neurocientífico analiza los datos de PISA y advierte que culpar solo a las pantallas simplifica el debate educativo.

Hector Muñoz Tapia |

Estudiantes Pantallas Getty Web

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El informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), publicado por la OCDE, reveló el nivel medio de rendimiento más bajo jamás registrado. Este desplome afectó de manera preocupante a la lectura. Además, la caída se observó de forma transversal en diversos países del mundo, incluso en naciones desarrolladas como Noruega o España.

Frente a esta coyuntura, la OCDE mencionó factores como el uso creciente de dispositivos digitales, la pérdida de interés por la lectura y las secuelas de la pandemia. Sin embargo, el doctor en Neurociencia y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología (SEN UDP), Francisco Parada, sostuvo en su columna de Palabra Que Es Noticia que se deben revisar las conclusiones con cautela.

De acuerdo con Parada, los mismos datos muestran que no existe una relación de causalidad directa entre la tecnología y el desplome académico. Para demostrarlo, el especialista subrayó que el área de ciencias no sufrió un descenso en las evaluaciones. En ese sentido, afirmó: «Si hubiese aquí a la base algo que es realmente culpa de la pantalla o de la inteligencia artificial, caerían todas las cosas».

La ecología del aprendizaje tras la pandemia

Por consiguiente, el especialista propuso analizar la ecología del aprendizaje para comprender la crisis actual. La forma en que los estudiantes se vinculan con los colegios y sus familias cambió significativamente tras la emergencia sanitaria.

Por lo tanto, la dificultad no radica de forma exclusiva en los dispositivos electrónicos, sino en el hábito que exige la lectura sostenida. Sobre este punto, Parada enfatizó: «La lectura implica un hábito. Te tienes que sentar, estar en silencio, enfocarte y no sabes lo que va a pasar después. Hay una incertidumbre que es muy distinta del ambiente al que los jóvenes están acostumbrados».

Asimismo, el investigador remarcó que las plataformas digitales modernas están diseñadas para ofrecer gratificación instantánea. Debido a esto, el consumo de contenidos breves en redes sociales compite en desventaja contra la concentración prolongada que requiere un libro. Al respecto, el académico explicó: «Yo lo veo más como un problema de diseño más que el dispositivo en sí. El diseño de las interfaces que tenemos hoy en día está no éticamente diseñado».

¿Es la pantalla el verdadero enemigo?

En consecuencia, atribuir toda la responsabilidad a la tecnología puede llevar a tomar decisiones equivocadas en el ámbito educativo y familiar. El libro impreso promueve una acción de enfoque sin distracciones, pero el dispositivo digital posee el potencial de brindar acceso a bibliotecas enteras.

Por esta razón, Parada cuestionó la idea de proscribir los formatos digitales en los colegios o en el hogar. Según la mirada del neurocientífico, «nos confunde la forma en que lo ponemos en términos del lenguaje, porque nos hace creer que la pantalla es el problema. No es el objeto, son las posibilidades de acción».

De igual manera, el experto enfatizó la responsabilidad de los adultos al estructurar los hábitos cotidianos. En relación con este punto, afirmó: «Nuestros ambientes donde estamos poniendo a nuestros niños son ambientes que distraen. No nos sirve decir que esta generación tiene el cerebro roto o que las pantallas nos están matando a los niños; son las decisiones que estamos haciendo de cómo armamos los colegios y nuestras casas».

En la misma línea, el director del SEN UDP alertó sobre los peligros de una respuesta reduccionista. En sus palabras, «cuando uno le echa la culpa al dispositivo, queda la sensación de que la solución es sacar el dispositivo, y eso no es así. La solución es educar y este es un problema de política pública importante».

Para ejemplificar este punto, el especialista apeló a una analogía directa: «La discusión es superimportante que no sea reducida a la pantalla, porque la pantalla es infraestructura nada más. Es como si dijéramos que los choques por consumo de alcohol son culpa de la autopista».

El desafío de la inteligencia artificial en el aula

Por otra parte, la interacción de los estudiantes con la inteligencia artificial también plantea dilemas complejos. La OCDE identificó una correlación entre el uso de IA y ciertos resultados negativos. No obstante, Parada diferenció los asistentes virtuales de búsqueda inmediata de aquellas herramientas programadas para el aprendizaje guiado.

Actualmente, los chatbots convencionales entregan respuestas inmediatas que reemplazan el esfuerzo cognoscitivo. Frente a este escenario, Parada sostuvo: «El chatbot está diseñado como una suerte de Google más rápido: tú pegas y te hace la pega. El chatbot de educación debería ser un chatbot socrático que te invita a pensar, a cuestionar, a criticar y que te hace preguntas».

A pesar de estos riesgos, la IA ofrece oportunidades inéditas para derribar barreras idiomáticas y personalizar el estudio. Si la tecnología se configura de forma adecuada, puede convertirse en un apoyo fundamental. Al respecto, Parada destacó: «Si está bien diseñado, puede ser el tutor perfecto. No te va a juzgar nunca y jamás va a estar desactualizado». Además, el docente agregó: «Hoy en día las brechas de idioma al momento de leer no deberían existir. Los chatbots te traducen perfecto cualquier texto y le puedes pedir que te explique un concepto como si tuvieras 10 años».

Finalmente, el especialista remarcó en Palabra Que Es Noticia la necesidad de capacitar al cuerpo docente para orientar el uso tecnológico. De esta manera, las herramientas digitales potenciarán las capacidades humanas en lugar de atrofiarlas. Para concluir, Francisco Parada sentenció: «Lo importante es que la inteligencia artificial no sustituya el proceso de aprendizaje ni el proceso de generar estos hábitos que al final del día constituyen al ciudadano que queremos».

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