En 1987, el universo del rock alternativo y el circuito británico recibieron uno de los impactos más amargos de su historia. Morrissey oficializaba su salida de The Smiths, marcando la defunción definitiva de una de las agrupaciones más influyentes, reverenciadas y determinantes de la década.
Bastó apenas un lustro de trayectoria para que la agrupación forjara un estatus de culto global. Desde su fundación en Manchester en 1982, el proyecto levantó un catálogo intachable sostenido en una dinámica irrepetible. En dicha dinámica, la pluma ácida, poética y melancólica de Morrissey dialogaba con las capas de guitarras rítmicas, brillantes y virtuosas de Johnny Marr. De esa alquimia nacieron himnos generacionales como «There Is a Light That Never Goes Out», «How Soon Is Now?» y «This Charming Man».
El desgaste de la convivencia y el choque de visiones
Pese a que el conjunto gozaba de un éxito arrollador y una popularidad en ascenso, los cimientos internos comenzaron a resquebrajarse con rapidez. Por consiguiente, la convivencia entre las dos fuerzas rectoras del grupo se vio erosionada por el ritmo incesante de las giras. Además, la intensa presión de la prensa británica y una evidente sobrecarga de trabajo afectaron la situación.
A las exigencias del circuito se sumó un distanciamiento artístico insalvable. Mientras Marr buscaba expandir las fronteras sonoras de la banda y experimentar con nuevas corrientes musicales, Morrissey apostaba por mantenerse fiel a una estructura de corte más tradicional. Así, esta colisión de horizontes transformó el ambiente de trabajo en un callejón sin salida.
«La dinámica de la banda había cambiado, y simplemente no era sostenible continuar», llegó a reflexionar Johnny Marr tiempo después al repasar los factores que precipitaron el desenlace.
‘Strangeways, Here We Come’ y el epitafio de una era
La disolución se materializó en pleno proceso de estreno de su cuarto trabajo de estudio, ‘Strangeways, Here We Come’. Lo que debía ser la coronación de su madurez sonora terminó convirtiéndose en su álbum póstumo. Además, la partida de Marr y la posterior renuncia irrevocable de Morrissey marcaron el final del grupo.
Con la disolución consumada, cada uno de sus integrantes tomó rumbos divergentes en la industria. Sin embargo, los cinco años de vida de The Smiths bastaron para redefinir el pop de guitarras independiente. Finalmente, dejaron un vacío que ninguna reunión o proyecto posterior pudo llenar.
