ENTREVISTAS

“Él fue un cinéfilo callado… Mandó a construir un cine”: Libro revela la inédita historia del proyeccionista de Pinochet por más de 17 años

El antropólogo Yanko González detalla cómo descubrió por azar al proyeccionista que operó el cine del búnker secreto de Pinochet por 17 años.

Hector Muñoz Tapia |

Pinochet 1980 Getty Web

Pinochet 1980 Getty Web

El antropólogo y académico de la Universidad Austral de Chile, Yanko González, acaba de lanzar su nuevo libro Cinema Pinochet: los dictadores como espectadores, de la editorial Weathers. La obra consiste en una profunda investigación que combina la historia cultural con la crónica y la etnografía. No obstante, el origen de este proyecto literario surgió de un hecho completamente accidental en la vida del autor.

Mientras González realizaba el desarme de la casa de su fallecida madre, se reencontró con un antiguo vecino de su infancia. Fue durante este trabajo doméstico cuando aquel hombre decidió confesarle un secreto guardado durante décadas. De este modo, el autor se enteró de que su conocido había sido el encargado oficial de proyectar películas para el dictador chileno.

En palabras del propio autor conversando con Andrea Moletto en Palabra Que Es Noticia: «un vecino que yo lo conocía desde niño me confiesa en esa ayuda, me confiesa que él había sido el proyeccionista de Pinochet por más de 17 años». A raíz de esta impactante revelación, González comenzó a recopilar de inmediato la biografía del proyeccionista. Para proteger su identidad, el investigador decidió utilizar el seudónimo de Alfredo Arana.

La intimidad de un «cinéfilo callado» en su búnker privado

A través del testimonio de Arana, el libro reconstruye la oculta obsesión de Augusto Pinochet por el séptimo arte. El dictador mandó a edificar una sala de cine secreta en el subterráneo del Palacio de La Moneda. En aquel espacio subterráneo consumía desde películas bélicas hasta comedias eróticas que su propio régimen censuraba públicamente.

González describe al dictador como «un cinéfilo callado, un cinéfilo que nunca reveló que era no solo un cinéfilo, sino también un cinéfago, alguien que devoraba muchas películas a tal punto que él mandó hacer un cine, un cine en el búnker, el cual tuve la posibilidad de etnografiar. Fui a ese búnker, saqué fotografías de su cine privado y a la vez comencé a hacer una suerte de polifonía de la vida de Alfredo Arana».

El bunker en el 5 de octubre de 1988

Consecutivamente, el autor también relató lo que ocurrió en aquella sala el 5 de octubre de 1988. Durante las horas de mayor tensión por el plebiscito presidencial, Pinochet buscó aislarse mediante una proyección cinematográfica. En consecuencia, el proyeccionista Alfredo Arana fue testigo en primera persona del momento de la derrota electoral.

Sobre ese histórico instante, González revela que «Pinochet en los periodos más tensos estaba viendo una película, una película que le estaba pasando Alfredo en su cine privado, en el búnker, y era una película para relajarse». Sin embargo, la proyección fue interrumpida bruscamente al llegar las noticias fatídicas. Por esta razón, el general «dejó tres cuartos de ver la película».

Los dictadores educados por la pantalla grande

Además de Pinochet, la investigación histórica abarca los hábitos de otros mandatarios totalitarios. El libro incluye capítulos monográficos sobre personajes históricos como Adolf Hitler, Francisco Franco, Nicolae Ceaușescu y Benito Mussolini. El propósito de González es indagar en las emociones que guiaban sus decisiones.

Al respecto, el académico indica que el libro examina «cómo los dictadores fueron educados por el cine, qué deseaban, con qué se emocionaban, qué lo hacía reír, qué fantasías consumían. Por eso, de algún modo el libro es una historia política de la mirada autoritaria, lo que intento reconstruir es su universo sensible».

Para el antropólogo, las preferencias estéticas no son casualidades inocentes en la vida pública. Por el contrario, González argumenta que «nuestros gustos, nuestras filias estéticas, musicales, cinematográficas revelan justamente aquellas disposiciones que nosotros traemos desde nuestra primera socialización y que colaboran en nuestras prácticas».

El pánico infantil que marcó a Pinochet

Por otra parte, la obra de González relata que la relación de Pinochet con el cine no siempre fue agradable. Irónicamente, el primer recuerdo de infancia del general estuvo marcado por el terror y los gritos dentro de una sala oscura.

De acuerdo con el investigador, «el primer recuerdo de ser humano que tiene Pinochet, el primer recuerdo humano es en una sala de cine y fue justamente aterrorizado». El pequeño Augusto tenía unos siete años cuando asistió a una función de cine mudo con su madre. Al presenciar la famosa escena de un tren aproximándose rápidamente, gritó pidiendo auxilio para su mamá y debió ser retirado por el dueño del local. No obstante, después superó ese trauma y se transformó en un espectador apasionado.

Mussolini y la obsesión con su propia imagen

Finalmente, la investigación también desmitifica la figura del fascista italiano Benito Mussolini. «El Duce» comprendió con enorme agudeza el valor político de las imágenes en movimiento para dominar a las masas analfabetas.

En este sentido, González señala en Palabra Que Es Noticia que «Mussolini era un tipo que veía todas las películas y documentales para verse a sí mismo y para corregir todas las poses donde él aparecía, porque es un sujeto preocupado extraordinariamente de su propia imagen, como encarnación viva del fascismo». Por consiguiente, fundó grandes estudios estatales como Cinecittà para consolidar el adoctrinamiento masivo.

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