En los últimos años, la proliferación de recetas milagrosas en redes sociales ha transformado la búsqueda de la reducción de peso en un fenómeno masivo. Sin embargo, la aparición de fármacos como el Ozempic ha marcado un punto de inflexión definitivo en el tratamiento médico de la obesidad. Este tipo de medicamentos ha generado un mercado de proporciones inéditas a nivel global. Por esta razón, comprender su verdadero alcance resulta indispensable para evitar expectativas desmedidas.
A pesar de su enorme popularidad, la doctora Elisa Cáceres, especialista en medicina interna y nutrición ortomolecular, aclara en Palabras Sacan Palabras que este tratamiento no debe administrarse de manera irresponsable. Según la profesional, el éxito de la terapia depende exclusivamente de un acompañamiento integral. En este contexto, la médica enfatiza la necesidad de adoptar cambios sostenibles en el tiempo.
Mecanismo de acción: ¿cómo actúa la semaglutida en el organismo?
Para comprender este fármaco, es necesario conocer primero su compuesto activo y su impacto fisiológico. En primer lugar, la doctora Cáceres explica que «es un medicamento cuya molécula es la semaglutida. Este tipo de medicamentos imitan a algo natural que hay en el cuerpo, que es un péptido que se libera después de comer». Por consiguiente, la sustancia promueve la producción de insulina para regular el azúcar sanguíneo.
Asimismo, las incretinas sintéticas prolongan su efecto en el organismo más tiempo que las moléculas naturales. En palabras de la especialista, estos fármacos «retardan el vaciamiento gástrico, entonces al paciente le dura más la comida, tiene más saciedad y trabajan a nivel central, en el hipotálamo, aumentando la señal de saciedad para que el paciente coma menos». Aunque inicialmente se desarrollaron para la diabetes tipo 2, su capacidad para ralentizar la digestión derivó en un uso masivo para el control del peso.
El peligro oculto: obesidad sarcopénica y el temido efecto rebote
No obstante, el uso indiscriminado de la semaglutida sin supervisión profesional conlleva severos riesgos para la salud. Según la médica, el problema principal radica en la falta de una planificación integral. Al respecto, Cáceres sostiene enfáticamente que «el medicamento en sí no es el malo; es usar un medicamento sin una estrategia nutricional y muscular paralela».
Como consecuencia directa de dejar de comer sin realizar entrenamiento físico, las personas pierden masa muscular rápidamente. Sobre esta condición, la profesional advierte que «sarcopenia es falta de músculo. Estos pacientes que usaron esto, que dejaron de comer, bajaron de peso, el metabolismo se enlenteció porque perdieron músculo, porque no hicieron ejercicio». En consecuencia, al suspender el tratamiento por aburrimiento o costo económico, se produce una recaída agudizada. Según la doctora, «cuando dejan esto, van a rebotar y van a rebotar peor porque tienen menos masa muscular y menos metabolismo». Por lo tanto, sentencia que «la idea no es usar un medicamento para bajar de peso, es usar un medicamento con una alimentación adecuada y haciendo ejercicio».
La microbiota intestinal y las falsas señales de hambre
Por otro lado, la indicación médica debe ser rigurosa, evaluando contraindicaciones como antecedentes de cáncer de tiroides u otras alterations endocrinas. Además, la especialista subraya que el sobrepeso no se resuelve únicamente con fármacos. En sus palabras, «si tienes resistencia a la insulina, colesterol alterado o hígado graso, vale, usémoslo. Es un engañito, trabaja para el hambre».
Asimismo, la salud intestinal desempeña un rol determinante en la regulación de los antojos cotidianos. Según la médica, «si no arreglamos el tubo digestivo, no vamos a bajar de peso bonito». Al respecto, detalla cómo influyen los microorganismos del colon: «hay algunos bichitos malos que si predominan mandan una señal y los neurotransmisores que vas a producir te van a hacer buscar grasa y azúcar». Por el contrario, una flora equilibrada evita esos impulsos. En este sentido, Cáceres afirma que «si tienes una microbiota de otro tipo, tú no vas a andar buscando eso. Tu cuerpo te lo pide, no eres tú, es desde tu tubo digestivo».
El impacto del descanso, el cortisol y la inflamación silenciosa
De la misma manera, la calidad del descanso y el manejo del estrés son pilares fundamentales para el metabolismo. En este aspecto, la doctora advierte que «el que no duerme bien tiene un cortisol elevado. El cortisol elevado hace que tú acumules más grasa». De este modo, la falta de sueño reparador entorpece cualquier esfuerzo nutricional.
Por añadidura, la inflamación crónica de bajo grado constituye un obstáculo metabólico invisible pero peligroso. Según la profesional, «la que más daño está haciendo es la inflamación mínima persistente o de bajo grado, la que no se ve, la que no duele». Esta condición abarca problemas como el hígado graso y la neuroinflamación. Sobre este punto, Cáceres concluye que «porque te alimentas mal estás neuroinflamada y porque estás neuroinflamada buscas alimentos malos».
Abordaje multidisciplinario: por qué no existen las fórmulas mágicas
Finalmente, la médica remarca que el tratamiento del sobrepeso exige un abordaje psicológico y emocional. Puesto que la relación con la comida suele estar asociada a experiencias afectivas o dinámicas familiares pasadas, se requiere un equipo interdisciplinario. En palabras de la especialista, «en el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso es súper importante tener el equipo multidisciplinario. Tienes que irte a trabajar la mente con psicólogos, no es solo dieta y ejercicio, es multifactorial».
Para concluir, Cáceres recuerda que la salud duradera requiere un compromiso permanente. Como síntesis de su visión médica, sentencia en Palabras Sacan Palabras que «una pastilla mágica no existe. Hay que cuidarse para toda la vida y verse de forma integral. Busquen un médico que integre todo el cuerpo».
