Dino Bozzi reflexiona sobre la chilenidad urbana: «En Chile el patrimonio no se limita a palacios, se amplía a lo quEn Alemania, el partido de extrema derecha AfD generó controversia al proponer el recorte de fondos a la escuela Bauhaus, argumentando que se trata de una corriente «anti alemana e internacionalista». Ante este debate, surge la inquietud de revisar la historia y analizar cómo estas influencias internacionales dialogan con la identidad urbana local. Sobre esto y mucho más nos cuenta Dino Bozzi en su columna de Palabras Sacan Palabras.
La controversia de la Bauhaus y su huella en Chile
La Bauhaus no fue un simple estilo estético, sino una escuela integral de diseño y arquitectura fundada en la década de 1920. Su propuesta buscaba modernizar la enseñanza alineándola con el desarrollo tecnológico, el diseño industrial y los oficios artesanales. Tras su cierre por el régimen nazi en 1933, sus principales referentes emigraron a diversos países. Chile también recibió este impacto mediante profesionales como Tibor Weiner, arquitecto formado en la Bauhaus que proyectó obras emblemáticas como el Mercado de Concepción y el cuartel de bomberos de Chillán.
Una visión del patrimonio basada en las vivencias
Al abordar qué define a la chilenidad en el ámbito urbano, el patrimonio adquiere un significado diferente al modelo europeo tradicional. En el Viejo Continente prevalece una mirada monumentalista centrada principalmente en la preservación del objeto histórico. En cambio, la aproximación latinoamericana y chilena integra la experiencia cotidiana y el vínculo social.
Sobre esta diferencia fundamental, Bozzi señala: «Lo que es patrimonial, nosotros los latinoamericanos y particularmente los chilenos, no nos aferramos únicamente al edificio antiguo de estilo, al palacio o al monumento. Hemos entendido que el patrimonio no se limita a unos objetos valorables, sino que se amplía a lo que somos, a lo que creemos y a aquello que compartimos. Por lo tanto, las vivencias y los valores asociados al patrimonio son tanto o más importantes que aquello que está construido».
Austeridad y estructura a la vista: la tectónica del suelo sísmico
Otra de las características centrales de la producción arquitectónica chilena es la honestidad de sus formas y la economía de recursos. A diferencia de otros países donde los edificios se revisten con materiales decorativos, la arquitectura nacional destaca por exponer su propia estructura.
Bozzi califica esta identidad como austera y fuertemente ligada a la realidad territorial. Según explica el urbanista: «La buena arquitectura chilena es una arquitectura austera. Siempre es una arquitectura que no tiene adorno, no está llena de detalles por la alaraca, no es una arquitectura que se forra de algo que no es».
Esta sobriedad responde también a una relación innata con la condición telúrica del país. El arquitecto enfatiza la conexión entre diseño y geografía: «Cuando uno ve un edificio chileno terminado, lo que estás viendo es la estructura de ese edificio. Nosotros entendemos de terremoto, no necesitamos clase de estructura para saber cómo se mueven las cosas en un sísmico. Esa es la tectónica: la relación profunda con el suelo». Ejemplos de esta sobriedad estructural se observan en las obras de Smiljan Radich, como el Teatro del Biobío, o en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.
Gestión comunitaria y soluciones habitacionales
La dimensión social constituye el tercer pilar del desarrollo urbano en Chile. Los momentos más significativos de la vivienda social no han surgido únicamente de políticas centralizadas impulsadas desde el Estado hacia abajo, sino de la organización de las propias comunidades a través de comités.
Al referirse a esta articulación social, Bozzi sostiene: «Los momentos más notables de la solución de la vivienda social en Chile han sido cuando la comunidad organizada se ha entendido con el Estado».
Un ejemplo paradigmático de esta práctica es la Villa La Reina, proyectada por el arquitecto y exalcalde Fernando Castillo Velasco. En dicho proyecto, el diseño urbano y las agrupaciones de pobladores permitieron la autoconstrucción de las viviendas mediante el trabajo colaborativo de las familias. Asimismo, este modelo participativo se refleja históricamente en la construcción de las iglesias de Chiloé, donde las comunidades locales emplearon técnicas tradicionales de carpintería de ribera para levantar sus templos en constante armonía con el paisaje.
El paisaje geográfico como inicio del proyecto
Finalmente, la relación con el entorno natural marca la forma en que los arquitectos chilenos conciben el espacio. A diferencia del contexto europeo, donde la proyección suele iniciarse considerando los monumentos preexistentes, en Chile el punto de partida es la escala geográfica.
En Palabras Sacan Palabras, el académico concluye con una reflexión sobre el proceso creativo local: «Cuando uno está acá en Chile y parte un dibujo, lo primero que dibuja es un gran valle, atrás unos cerros y después va a dibujar el edificio. Esa relación con el paisaje, con la extensión, con su cordillera, es la arquitectura chilena: su paisaje, su austeridad, su tectónica y la comunidad».
