Para entender el salto evolutivo que significó In Absentia para Porcupine Tree, es necesario situarse en la transición hacia el nuevo milenio.
Tras cerrar los años noventa explorando melodías de corte pop y texturas cercanas al sonido de Radiohead en Stupid Dream, la agrupación británica alcanzó un refinamiento notable con Lightbulb Sun. Esta es una obra de carácter más accesible y orientada al rock.
Sin embargo, Steven Wilson y sus compañeros estaban a las puertas de emprender una metamorfosis determinante. Esto fue empujado por una serie de factores que los aproximaron de lleno a la agresividad y el virtuosismo del metal.
Compartir intimidad con el metal progresivo
El endurecimiento en la propuesta no fue fortuito. La notable repercusión de su trabajo previo captó la atención de Dream Theater. Por esto, invitaron a Porcupine Tree a abrir sus presentaciones por Inglaterra en medio de la histórica gira promocional de Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory.
A esta vitrina de alta exigencia técnica se sumó la estrecha complicidad forjada con Mikael Åkerfeldt. El líder de Opeth, confeso admirador del cuarteto, envió una copia del disco Still Life a manos de Wilson mediante un periodista francés. También, esto inició una alianza tan profunda que llevó a Steven a producir el álbum de culto Blackwater Park.
El quiebre definitivo en la dinámica interna ocurrió en plena grabación del nuevo material. Fue entonces cuando una fuerte discusión entre Wilson y el baterista Chris Maitland derivó en la desvinculación inmediata de este último.
En su relevo aterrizó Gavin Harrison, un músico de precisión milimétrica y asombrosa solvencia polirrítmica cuya incorporación transformó por completo las posibilidades instrumentales del conjunto. La sofisticación rítmica aportada por Harrison elevó la complejidad de las composiciones a un nivel sin precedentes, asegurándole de inmediato el estatus de miembro titular.
En ausencia, «In Absentia»
El concepto del álbum se articuló bajo el título In Absentia. Este es un término legal en latín que alude a los juicios en los cuales el acusado no se presenta debido a impedimentos o trastornos mentales.
Aunque no fue estructurado como una obra conceptual tradicional, cada una de sus piezas converge en un mismo territorio introspectivo. Este territorio aborda el vacío de empatía, las zonas más turbias de la conducta y la deshumanización que lleva al ser humano a cometer actos aberrantes.
Esta mirada sombría halló su reflejo gráfico perfecto en la fotografía capturada por el artista danés Lasse Hoile, descartada originalmente por un conjunto de death metal y que inauguró una colaboración estética que perduraría por décadas tanto en la banda como en los trabajos solistas de Wilson.
La arquitectura musical de la placa brilla por su permanente dualidad dinámica. En el tema de apertura, «Blackest Eyes», los riffs de guitarra densos y violentos dan paso a pasajes acústicos cálidos. De esta forma, se narra el día a día enajenado de un criminal en serie.
Por su parte, la célebre «Trains» ofrece un retrato melancólico sobre la pérdida de la inocencia y el peso del crecimiento personal. Esto se logra mediante arpegios reflexivos y un diseño vocal envolvente.
Por otro lado, «The Sound of Muzak» canaliza la brillantez rítmica de Harrison en métricas irregulares para lanzar una dura crítica a la mercantilización de la industria y a la pérdida de valor del arte contemporáneo.
24 años de redefinir el sonido progresivo
Publicado formalmente el 24 de septiembre de 2002, In Absentia consagró la madurez artística de Porcupine Tree. Además, expandió su alcance en el circuito internacional.
Al fundir la belleza de atmósferas envolventes con la crudeza del metal más técnico, Steven Wilson y su formación entregaron una pieza cardinal para el rock progresivo del siglo XXI, desafiando las convenciones del género y las emociones de quien se adentre en su laberinto sonoro.
