Hoy, 9 de agosto de 2026, el mundo de la música conmemora el tercer aniversario de la partida de Robbie Robertson, una figura cuya sombra se proyecta sobre casi seis décadas de historia del rock. El arquitecto sonoro de The Band falleció un día como hoy en 2023, a los 80 años, en la ciudad de Los Ángeles. Según informó su mánager en aquel momento, el músico murió en paz, rodeado de su esposa Janet y sus hijos, tras completar una carrera que redefinió la identidad musical de Norteamérica.
El origen de una leyenda: Entre raíces Mohawk y el Delta
Nacido en Toronto como Jaime Royal Robertson, su vida fue un crisol de culturas que alimentó su arte. De madre con ascendencia mohawk y padre judío, Robertson pasó gran parte de su infancia en la reserva Six Nations, donde aprendió sus primeros acordes de la mano de su primo Herb Myke. Esta conexión con sus raíces indígenas y su fascinación por el blues que captaba en la radio de Nashville forjaron un estilo de guitarra único.
A finales de los años 50, Robertson se unió a Ronnie Hawkins y los Hawks, lo que él mismo describiría como una «escuela de rock and roll» violenta y excitante. Fue en este contexto donde conoció a sus futuros compañeros de The Band, perfeccionando un sonido crudo que pronto conquistaría al mundo.
La revolución eléctrica junto a Bob Dylan
Uno de los hitos más disruptivos en la carrera de Robertson fue su papel como guitarrista de Bob Dylan durante la transición de este último al sonido eléctrico. Entre 1965 y 1966, Robertson enfrentó los abucheos de un público folk purista que consideraba la nueva dirección de Dylan como una traición. Sin embargo, su tenacidad ayudó a cimentar una revolución sonora que cambió el curso de la música popular.
De esta colaboración nacieron también las míticas The Basement Tapes, grabadas en el sótano de la casa «Big Pink» en Woodstock. Estas sesiones informales no solo dieron origen al álbum debut de The Band, sino que prácticamente inventaron el género Americana, fusionando rock, country, R&B y folk en una mezcla orgánica y atemporal.
The Band: El alma de la tradición norteamericana
Bajo la pluma de Robertson, The Band creó himnos que hoy son parte del ADN cultural de Estados Unidos y Canadá. Canciones como «The Weight» (inspirada en el cine de Luis Buñuel), «Up on Cripple Creek» y «The Night They Drove Old Dixie Down» retrataron episodios históricos y personajes tradicionalistas con una profundidad literaria inusual en el rock.
Su influencia fue tan vasta que leyendas como Eric Clapton decidieron disolver su supergrupo Cream tras escuchar la autenticidad de The Band. Incluso los Beatles, en sus sesiones de Let It Be, buscaron emular ese sonido directo y honesto que Robertson y sus compañeros habían perfeccionado en las montañas de Nueva York.
Una alianza eterna con Martin Scorsese
Tras el icónico concierto de despedida The Last Waltz en 1976, Robertson inició una colaboración de más de cuatro décadas con el director Martin Scorsese. Esta dupla creativa produjo la música de clásicos del cine como Raging Bull, Casino, The Wolf of Wall Street y The Irishman.
Su último gran regalo fue la banda sonora de Killers of the Flower Moon (2023). Este fue un proyecto profundamente personal que conectaba con sus raíces indígenas y que le valió una nominación póstuma al Óscar. La película concluye con una dedicatoria a su memoria, cerrando el círculo de una vida dedicada a contar historias a través del sonido.
A tres años de su adiós, el legado de Robbie Robertson permanece intacto. Ya sea a través de sus discos en solitario, su autobiografía Testimony o los clásicos inmortales de The Band. Su música sigue siendo el refugio de quienes buscan la verdad en el rock and roll. Su guitarra calló, pero su eco es eterno.
