En el extenso catálogo de Iron Maiden, pocos trabajos generan tanta división como ‘No Prayer for the Dying’. Lanzado en 1990, este octavo álbum de estudio suele aparecer en los puestos más bajos de los ránkings de fanáticos y críticos, siendo señalado frecuentemente por su sonido rudimentario. Sin embargo, en entrevista con Metal Hammer, el legendario bajista y fundador de la banda, Steve Harris, ha salido en su defensa asegurando que se trata de un material sumamente sólido y revelando el aspecto específico que modificaría si pudiera grabarlo de nuevo.
El regreso a lo básico tras la grandilocuencia de los 80
Tras una década de producciones cada vez más ambiciosas, sintetizadores y giras monumentales, la «Dama de Hierro» sintió la necesidad de regresar a lo básico. Harris explica esta mentalidad al afirmar: “Creo que es un álbum muy fuerte. En aquel momento nos habíamos hecho una banda enorme, con producciones gigantescas y escenarios muy espectaculares, así que queríamos volver un poco a lo básico”.
Este cambio de dirección no fue una coincidencia aislada, sino que estuvo influenciado por el entorno creativo del grupo. Harris admite con honestidad que el álbum recibió influencias del debut en solitario de Bruce Dickinson: “Si soy totalmente sincero, creo que estuvo ligeramente influenciado por ‘Tattooed Millionaire’, el álbum en solitario de Bruce. Él estaba intentando hacer algo más básico y había un par de canciones en las que cantaba de una forma más áspera”. Esta nueva faceta del vocalista inspiró al bajista, quien pensó: “Podía escribir temas en los que también pudiera usar ese tipo de voz”.
Un granero, un estudio móvil y la acústica del disco
Para capturar esta esencia orgánica y directa, Iron Maiden evitó los estudios de grabación convencionales y se instaló en un granero convertido en la propiedad de Harris. Utilizaron el famoso estudio móvil de los Rolling Stones para registrar las pistas, buscando recuperar un ambiente más cercano y espontáneo. Sobre esta decisión, Harris comenta: “Queríamos que sonara como un álbum hecho por una banda tocando junta”.
A pesar de su aprecio por el disco, el músico reconoce que el resultado final tiene un punto débil relacionado con la acústica. “Lo único que cambiaría es la producción. Algunas cosas podrían haber sonado un poco mejor”. No obstante, Harris revela un «truco» de producción que, a su juicio, habría cambiado la percepción total de la obra: “Probablemente deberíamos haberle puesto sonido de público, porque habría sonado más como un álbum en vivo adecuado; hicimos eso con el video de ‘Tailgunner’ y marcó una gran diferencia”.
Defendiendo «Mother Russia» y la integridad del artista
Uno de los temas más criticados del álbum ha sido la épica «Mother Russia», a menudo tachada de pomposa. Harris, sin embargo, mantiene su orgullo por la pieza y recientemente volvió a escucharla con satisfacción: “’Mother Russia’ fue muy criticada, pero la escuché hace poco y pensé: ‘Esto es realmente bueno’”. El bajista explicó que su intención era capturar un estilo similar al del compositor ruso Serguéi Prokófiev, y siente que logró ese objetivo artístico a pesar de la recepción negativa de la prensa.
Finalmente, Steve Harris dejó claro que no le afecta la opinión de los detractores, basando su carrera en una integridad inquebrantable. Respecto a las críticas, su postura es tajante: “No me importa ese tipo de cosas”. Para él, el rechazo ajeno es incluso una fuente de motivación: “Si alguien dice que no le gusta algo, eso hace que lo acepte aún más. Tienes que creer en lo que haces, ¿verdad?”. Mientras Iron Maiden continúa su exitosa gira ‘Run For Your Lives World Tour’, Harris invita a los fans a darle una oportunidad más justa a este disco incomprendido que, para él, capturó la esencia más pura del heavy metal. A su juicio, No Prayer for the Dying es el testimonio de una banda que no tuvo miedo de despojarse de sus lujos para reencontrarse con su sonido más directo.
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