El debate sobre el bienestar animal ha vuelto a tomarse la agenda legislativa en Chile. Actualmente, la Cámara de Diputados se encuentra en una encrucijada: elegir entre un proyecto de ley ingresado en 2021 que busca la prohibición total de las carreras de perros o una iniciativa de 2019 que propone simplemente regularlas. En este contexto, Verónica Mardones, rescatista y fundadora de Palomitan Family, expone en Palabra Que Es Noticia la cruda realidad que enfrentan estos animales y por qué la regulación no es una opción viable para garantizar su protección.
El ciclo de explotación: de la cruza forzada al descarte
Para los defensores de los derechos animales, el problema de las carreras no comienza en la pista, sino mucho antes. La industria se sustenta en una producción masiva de ejemplares donde solo los más aptos sobreviven comercialmente. Verónica Mardones detalla que este proceso «parte desde las cruzas forzadas, donde los galgos tienen camadas de entre 9 a 12 cachorros aproximadamente».
La selección es implacable y deja a la mayoría de los animales en una situación de vulnerabilidad extrema. Según explica la rescatista, «no todos son utilizados para las carreras, sino que son seleccionados algunos, quizás dos o tres de una camada de diez, que tienen ciertas características para buscar un campeón. El resto de los cachorros son descartados, regalados, cambiados por cosas, o simplemente abandonados porque esta gente no va a malgastar dinero en alimentar a un perro que no les va a retribuir el esfuerzo».
Lesiones físicas y el precio de la velocidad
Los galgos son atletas naturales, pero la sobreexplotación a la que se les somete bajo regímenes de entrenamiento y competencia les genera daños irreversibles. Al correr a velocidades extremas en espacios reducidos, los accidentes son frecuentes. Mardones señala que estos animales son «utilizados solamente como un objeto que, una vez que deja de ser útil, es descartado, eliminado o abandonado».
Las consecuencias físicas de esta actividad son devastadoras. La fundadora de Palomitan Family relata que a muchos ejemplares los encuentran con «lesiones importantes, como fracturas, ya que corren a gran velocidad y chocan entre ellos». Además de los traumatismos, el desgaste interno es profundo: «uno encuentra problemas renales, hepáticos y cardiovasculares producto de la sobreexigencia y entrenamientos duros».
El impacto emocional: una vida sin «ser perro»
Más allá de las fracturas y las fallas orgánicas, existe un daño invisible pero igualmente grave: el daño psicológico. Los galgos de carrera viven en un entorno de aislamiento constante que anula sus instintos naturales y su capacidad de socialización. Verónica Mardones enfatiza que «estos perritos no viven vida de perros. Pasan toda su vida encerrados. No socializan con otros perros ni con personas más que con su entrenador». Esta falta de estímulos genera secuelas conductuales y emocionales que complican su posterior rehabilitación y adopción.
¿Tradición o evolución cultural?
Uno de los argumentos más utilizados por los sectores que defienden la regulación, vinculados principalmente a ciertos parlamentarios del Partido Republicano, es el carácter «tradicional» de las carreras en el campo chileno. Sin embargo, Mardones sostiene que la sociedad ha evolucionado y que las costumbres no pueden justificar el sufrimiento animal.
«Hay muchas tradiciones que han dejado de serlo, justamente porque uno va evolucionando y va cambiando la mentalidad. Hoy en día mucha gente está en favor del bienestar animal, de protegerlos, de entregarles derechos y las carreras van en contra de todo esto», afirma la rescatista. Para ella, la postura ciudadana es clara: «la mayoría de la gente de la ciudadanía está a favor de prohibir las carreras porque todos vemos que conlleva una serie de situaciones de maltrato y de explotación que no estamos dispuestos a tolerar».
El desafío de la fiscalización y la Ley de Maltrato Animal
Un punto crítico en la discusión es por qué no basta con aplicar la ley vigente. Según Mardones, el maltrato es difícil de pesquisar en tiempo real por la clandestinidad o la privacidad de los recintos. «Para denunciar en el momento hay que tener pruebas explícitas y eso es muy difícil de conseguir porque todo se hace en lugares privados y cerrados». Por ello, las organizaciones suelen intervenir solo cuando el daño ya está hecho y al animal se le abandona.
Además, la industria de las carreras está estrechamente ligada a las apuestas, lo que fomenta prácticas ilegales como el uso de anabólicos. Testimonios de auditores refuerzan esta denuncia, mencionando casos donde se inyectaban sustancias a los perros para aumentar su masa muscular.
Una votación decisiva
Tras varias postergaciones en la Cámara de Diputados, se ha conseguido una sesión especial para el próximo martes, donde se espera que los proyectos finalmente se discutan y voten. El movimiento animalista mantiene sus esperanzas en que Chile opte por la prohibición total de cualquier carrera de perros, sin importar su raza.
Para quienes deseen apoyar esta causa o conocer las historias de rehabilitación, Verónica Mardones invita a seguir su trabajo en Instagram a través de @PalomitanFamily, donde se puede colaborar como hogar temporal o mediante aportes para los tratamientos médicos de los rescatados.
