La ciencia ficción parece haber quedado atrás para dar paso a una realidad que desafía los límites de lo conocido. Investigadores de la Universidad de Stanford anunciaron un hito sin precedentes: el uso de inteligencia artificial para diseñar virus completamente nuevos y funcionales. Juan Pablo Figueroa, periodista y director del Laboratorio de Ciudadanía, Información y Verificación (LabCiv), analizó en profundidad las implicancias de este descubrimiento en Palabras Sacan Palabras de Radio Futuro.
El fin de la era de la réplica biológica
Hasta hace poco, la tecnología se limitaba a procesar y organizar la información ya existente en la naturaleza. Sin embargo, este experimento marca el inicio de una etapa distinta. Según Figueroa, el cambio fundamental radica en la autonomía creativa del algoritmo aplicado al genoma.
“La inteligencia artificial está pasando de leer y replicar la biología a empezar a crearla y a escribirla”, explicó el especialista durante la entrevista. Esta capacidad de «escritura» significa que los virus generados no tienen un ancestro directo en el mundo natural, sino que son producto de un diseño computacional orientado a objetivos específicos.
El experimento: de algoritmos a virus reales
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, detalló el uso de dos modelos genómicos avanzados denominados EVO 1 y EVO 2. Estos sistemas operan bajo una lógica similar a los modelos de lenguaje actuales, pero procesando secuencias biológicas en lugar de palabras.
“Lo que hacen es predecir las letras del genoma para ir construyendo ADNs”, detalló Figueroa sobre el funcionamiento técnico de estas herramientas. Para poner a prueba esta tecnología, los científicos utilizaron como base un virus bacteriófago conocido como PI X174, el cual se especializa en atacar bacterias como la E. coli.
La potencia de procesamiento de la IA permitió explorar escenarios que a la mente humana le tomaría décadas analizar. Durante el proceso, el sistema generó una cantidad masiva de planos biológicos. “Armaron 700.000 diseños distintos de posibles genomas para poder generar virus”, destacó el director de LabCiv. De ese universo, los científicos filtraron los más viables hasta inyectar 285 en bacterias reales, logrando que 16 de ellos fueran plenamente funcionales y capaces de eliminar patógenos.
Medicina personalizada y la lucha contra bacterias
La creación de estos virus no tiene un fin recreativo o malicioso en su origen, sino que responde a una necesidad médica urgente. La resistencia bacteriana a los antibióticos causa millones de muertes anualmente, y la IA podría ser la llave para revertir esta tendencia.
Figueroa subrayó que estas herramientas permiten “desarrollar tecnologías biológicas que vayan específicamente a atacar enfermedades específicas”. La posibilidad de diseñar virus a medida abre la puerta a una medicina de precisión absoluta. “El potencial que tiene para generar nuevos tratamientos e incluso tratamientos personalizados a futuro son enormes”, añadió el experto.
Los riesgos de un «doble filo» sin gobernanza
A pesar del entusiasmo científico, la capacidad de generar vida sintética plantea interrogantes sombrías sobre la seguridad y el control. Figueroa advierte que nos encontramos ante un escenario donde la técnica ha superado a la regulación.
“Este es uno de los casos de libro del doble filo que puede tener la inteligencia artificial”, sentenció el periodista. El riesgo reside en que la misma velocidad utilizada para encontrar curas podría emplearse para crear patógenos más letales o resistentes. “Esa misma velocidad para poder generar este tipo de tratamientos también puede abrir esa misma velocidad para poder explorar ciertos organismos que son peligrosos”, advirtió.
Para Figueroa, el problema principal es el desfase entre el avance tecnológico y nuestra comprensión ética de sus consecuencias. “Estamos yendo más rápido de la capacidad de ponerles límite y de poder comprenderlo”, afirmó con preocupación.
El futuro de la transparencia
La comunidad internacional y los organismos que velan por la ética en la IA coinciden en que la opacidad es el mayor enemigo en este campo. La apertura de los procesos es fundamental para evitar accidentes o usos indebidos de la tecnología genómica.
“La transparencia debe ser clave; la transparencia de todos los procesos y la comunicación activa tanto de los errores como de los alcances”, concluyó Figueroa. En un mundo donde la IA ya puede escribir el código de la vida, la vigilancia humana y la gobernanza clara no son solo opciones, sino requisitos para la supervivencia.
