La Fiscalía Nacional presentó recientemente un exhaustivo informe sobre la responsabilidad penal adolescente en Chile, basado en datos recolectados entre los años 2015 y 2025. Este estudio, liderado por la División de Estudios, Evaluación y Análisis Avanzado de Datos, ofrece una radiografía detallada sobre cómo se comporta la delincuencia juvenil en el país y rompe con varios mitos instalados en la opinión pública.
Ana María Morales, gerenta de dicha división, explicó en Palabra Que Es Noticia que el objetivo central de la investigación fue caracterizar las trayectorias criminales de los menores de edad. Según la experta, el análisis longitudinal permitió determinar que, pese a la percepción de inseguridad, «en los últimos 10 años los ingresos de los adolescentes al sistema penal han bajado un 20% y que este periodo analizado el 10% de los adolescentes concentró el 43% de los delitos entre el 2015 y 2025».
Evolución de los ingresos y el impacto del entorno
El comportamiento de la delincuencia juvenil no ha sido lineal durante la última década. El informe identifica hitos específicos que alteraron las cifras de ingresos al sistema del Ministerio Público. Morales detalla que se observó «una caída de los ingresos bien pronunciada. Luego un leve aumento entre los años fundamentalmente 2019, que se vincula bastante al periodo del estallido social, una contracción entre 2020 y 2021 que se explica por las restricciones ocurridas en la pandemia».
Aunque hacia el año 2025 se registró un repunte en las cifras, la gerenta aclara que este incremento «no logra retomar el comportamiento de los adolescentes previo al periodo pandémico y previo al periodo del estallido social». En resumen, los datos muestran una tendencia general a la baja con una alta concentración en un grupo reducido de infractores.
El fenómeno del desistimiento temprano
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la alta tasa de jóvenes que abandonan la actividad criminal poco después de iniciarse. Para llegar a esta conclusión, la Fiscalía realizó un seguimiento de 11 años a una cohorte que ingresó al sistema en 2015.
Sobre este punto, Morales afirma que «la mayoría de los jóvenes que se involucran en carreras delictuales van a desistirse de las mismas tempranamente, y que solo un grupo crónico sigue esa trayectoria del joven y la consolida como adulto». Las cifras son claras: «el 67,2% presenta desistimiento temprano. Tienden a concentrar sus registros penales entre la edades de los 16 y los 17 años, donde cometen en promedio tres delitos».
La razón detrás de este abandono del delito radica en el desarrollo biológico y social. Morales señala que «la comisión de actividad delictual está muy vinculada a la edad. Los jóvenes tienden a tener poco autocontrol o estar en un nivel importante de maduración». En este sentido, agrega que «la mayoría de los jóvenes se va a desistir de su actividad delictual porque madura, sencillamente porque alcanza la mayoría de edad y porque logra establecer proyectos de vida asociados a los estudios, al trabajo o a una pareja».
Perfiles de riesgo: Violentos y prolíficos
A pesar de la alta tasa de desistimiento, existe un segmento que genera gran impacto en la seguridad ciudadana. La Fiscalía identifica dos perfiles críticos: el violento y el prolífico. El perfil violento representa el 12% del grupo y se caracteriza por cometer robos con intimidación, violencia y delitos vinculados a la Ley de Control de Armas. Morales advierte que estos casos no deben subestimarse porque «producen efectos bien importantes en la ciudadanía porque cometen delitos graves que atemorizan a la ciudadanía».
Por otro lado, el perfil prolífico (13% de los sujetos) concentra una gran cantidad de delitos, aunque estos no suelen ser particularmente violentos, enfocándose en robos en lugares no habitados y robos con sorpresa. Respecto al crimen organizado, la experta aclara que «la mayoría de los jóvenes no se dedican a la comisión de estos delitos. Este perfil que comete delitos crónicos en general no escala a delitos de crimen organizado ni a delitos violentos contra la propiedad».
Hacia una persecución penal diferenciada
El informe concluye que el sistema debe responder de manera heterogénea según el perfil del adolescente. Los jóvenes con trayectorias crónicas suelen presentar factores de riesgo como deserción escolar temprana, consumo de drogas y falta de control parental.
Ante esto, la Fiscalía Nacional está desarrollando una política de persecución focalizada. Morales sostiene que es fundamental «entregar respuestas diferenciadas en el contexto del sistema penal. Por ejemplo, entregando salidas alternativas o justicia restaurativa a aquellos perfiles más existentes que probablemente no van a proseguir una carrera penal». Sin embargo, enfatiza que «en el caso de los perfiles más crónicos o violentos, la respuesta del sistema penal tiende a ser menos benigna y más punitiva, precisamente a través de sentencias condenatorias».
