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Hace 56 años comenzaba el inquisidor juicio contra Jim Morrison y esta es la razón:

Un 10 de agosto de 1970 comenzó el mediático proceso judicial contra el "Rey Lagarto" tras una serie de hechos ocurridos en Miami.

Jim Morrison
Getty Images

The Doors no era solo una de las bandas más populares del planeta: era la personificación del descontrol, la poesía psicodélica y el cuestionamiento abierto al establishment. Al frente, Jim Morrison encarnaba al chamán definitivo de la contracultura. Sin embargo, esa misma aura provocadora lo transformó en el blanco perfecto de las autoridades conservadoras.

El 10 de agosto de 1970 comenzó en el Tribunal Penal de Dade, en Florida, el histórico juicio en contra del vocalista. Se le acusaba de comportamiento lascivo, embriaguez, profanación y exhibicionismo de sus genitales durante un convulsionado concierto en el Dinner Key Auditorium de Miami, realizado el 1 de marzo de 1969. Además, lo insólito de aquel proceso es que la justicia lo sentenció sin contar con una sola prueba real o un testigo certero que pudiera jurar haber visto la supuesta exhibición.

La noche del caos en el Dinner Key Auditorium

Todo se desencadenó en un show donde la sobreventa colapsó el recinto: de una capacidad para 6.900 personas, ingresaron más de ocho mil. Por si fuera poco, un Morrison fuertemente alcoholizado y fascinado por las performances de teatro experimental que incitaban a la audiencia a romper las reglas, subió al escenario no solo a cantar. Además, también se dedicó a interpelar al público.

Los llamó «esclavos» e «idiotas», gritándoles que no habían ido a escuchar música, sino «al circo». Mientras la multitud se desbordaba y el personal de seguridad perdía el control, Jim comenzó a jugar con su camiseta delante de su ingle, amagando con desnudarse e incitando a la masa a bailar en las calles. Además, la banda apenas pudo tocar un par de temas antes de que el caos detuviera el concierto.

Pese al desorden, esa noche nadie fue arrestado. De hecho, los músicos se quedaron tomando cervezas con los propios policías en el camarín. Sin embargo, la persecución no fue inmediata. Cuatro días después, cuando la banda descansaba en Bahamas, una fiscalía impulsada por presiones políticas libró una orden de detención. Acusaban al músico de haber mostrado su miembro y simulado actos sexuales sobre el escenario.

Un juicio sin pruebas ni testigos

Para mantener su libertad mientras avanzaba la investigación, el poeta desembolsó una fianza de 50.000 dólares. Ya en agosto de 1970, durante los 40 días que duró el juicio, la fiscalía intentó por todos los medios probar los cargos más graves. Sin embargo, no lograron presentar ni una sola fotografía ni grabación en video que acreditara la exhibición obscena.

De los 20 testigos presentados por la acusación, la mitad negó tajantemente haber visto al cantante mostrar sus genitales. Mientras tanto, los pocos oficiales que afirmaron lo contrario cayeron en evidentes contradicciones. Igualmente, por su parte, los compañeros de banda (Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore) testificaron a su favor. Aseguraron que todo fue una provocación escénica e hipnótica, pero que Jim jamás se desnudó.

Incluso el propio juez del caso, Murray Goodman, llegó a decirle a la defensa: «Caballeros, han demostrado que el señor Morrison no se expuso». Pese a ello, en un fallo insólito y moralista, el jurado lo declaró culpable de profanación y exhibicionismo. Además, se descartaron los cargos de embriaguez y conducta lasciva.

El costo de desafiar al sistema

El 23 de octubre de 1970, el tribunal le impuso a Jim Morrison una condena de seis meses de trabajos forzados y una multa de 500 dólares. Mientras sus abogados apelaban la sentencia para evitar la cárcel, el líder de The Doors se trasladó a París en busca de refugio poético y descanso. Esta fue la ciudad donde terminaría falleciendo en julio de 1971, a los 27 años, sin haber cumplido la condena en prisión.

A 56 años de aquel bochornoso proceso judicial, el juicio de Miami se recuerda como un arquetipo de la censura estatal y el pánico moral hacia el rock and roll. Además, el propio Jim Morrison resumió con amargura el aprendizaje de esa persecución antes de partir a Francia: «Antes del juicio tenía una mirada infantil y poco realista acerca del sistema judicial americano. Mis ojos se han abierto un poco».


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