En su más reciente columna de Palabra Que Es Noticia el doctor en neurociencia y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana de la Universidad Diego Portales (UDP), Francisco Parada, abordó un tema recurrente en la cultura popular y las redes sociales: el hábito de quejarse. Contrario a la creencia común de que toda queja es inherentemente dañina para el cerebro, el experto ofreció una perspectiva científica más matizada que distingue entre la expresión de un malestar y los procesos patológicos del pensamiento.
El «neuromito» del cortisol
Uno de los puntos centrales de la intervención de Parada fue el cuestionamiento de las narrativas simplistas sobre las hormonas del estrés. Según el neurocientífico, existe una tendencia a demonizar componentes biológicos esenciales basándose en información superficial de internet.
Al respecto, el Dr. Parada señaló: “Toda esta como neuromito, mitos del cerebro, el cortisol queda como malo. Y eso no es así. El cortisol es súper importante. Importante para despertar, para tener atención. Nada en la biología tiene un valor a priori antes de hacer acción que es malo o es bueno. El problema es cuando esto se vuelve crónico”. De esta forma, aclara que la presencia de esta hormona no es el enemigo, sino su persistencia desregulada en el tiempo.
Queja versus rumiación: La metáfora de la vaca
Para comprender por qué nos quejamos, es fundamental diferenciar la acción verbal de la estructura del pensamiento. Parada define la queja como el acto de verbalizar un malestar, lo cual puede funcionar como un mecanismo de alerta necesario para el individuo.
“La queja no es una categoría neurobiológica, no es que esté en el cerebro, sino que es algo que está ahí en la relación. Es importante distinguir la queja de la rumiación. ¿Qué es la rumiación? Imagínate una vaca cuando está masticando pasto. Eso es muy distinto que yo empiece a caer en estos circuitos de ‘no me gusta mi trabajo, no me gusta mi trabajo, estamos en un problema’. Si yo entro en ese sistema de rumiación, eso sí es muy dañino”.
El experto enfatiza que la rumiación es un síntoma psicopatológico que a menudo requiere intervención profesional. Mientras que quejarse puede ser comparable a un dolor físico que avisa que algo anda mal, la rumiación es el proceso de quedar atrapado en un ciclo sin salida. Sobre esta distinción, Parada añadió: “La queja uno no necesariamente la debería tomar como mal, porque es un síntoma. Es como si me doliera el brazo, como si me doliera la cabeza. Hay algo que no está funcionando. Hay una cosa del medio ambiente que no está cumpliendo mis expectativas o me está produciendo daño”.
El peligro de la falta de acción
El verdadero problema surge cuando la queja se vuelve constante pero no conduce a ninguna resolución. En estos casos, el individuo se convierte en lo que coloquialmente se conoce como un «quejón crónico», afectando no solo su propia salud sino también su entorno.
“Una persona que se queja, se queja, se queja y no hace nada, eso es rumiación, solamente que hay personas que lo verbalizan y ahí claramente intoxican toda la cuestión. Entonces, la queja en sí no es mala, sino el no hacerse cargo”. Esta conducta es comparada por el especialista con un vehículo atrapado: “Imagínate un auto que se cayó en el barro y que tiene la rueda metida hasta abajo. Seguir ahí apretando el acelerador no va a hacer nada. Lo que tienes que hacer es tomar acción”.
Recuperar la agencia personal
Uno de los conceptos más relevantes introducidos por el Dr. Parada es el de la agencia, definida como la capacidad de sentir que uno puede influir en su propia vida a través de sus acciones. La pérdida de esta capacidad es, según el experto, un factor determinante en trastornos como la depresión.
“Uno de los problemas importantísimos en la sociedad moderna es sentir que tú no puedes hacer cosas. La falta de acción y la exposición a posibilidades de acción es algo que es muy dañino. Cuando yo tengo una queja y si yo no tengo la capacidad de hacer algo al respecto y sentir que yo lo hice, es donde empezamos con problemas”.
Para salir de estos estados de rumiación y malestar crónico, el neurocientífico sugiere un cambio hacia la responsabilidad personal y la acción consciente. “La culpa externa es fácil porque te quita toda responsabilidad y la responsabilidad personal es clave. El medio ambiente puede ser muy nefasto, pero claramente la acción personal te puede ayudar. La idea es que te demos la herramienta para que tú tomes agencia, tomes acción y veas qué cosas puedes efectivamente cambiar y qué cosas no”.
Finalmente, Parada recomienda que, ante la incapacidad de salir de estos «loops» mentales por cuenta propia, se busque ayuda profesional para «bajar el incendio» y recuperar la claridad necesaria para actuar sobre el entorno.
