COLUMNA DE OPINIÓN

Francisco Parada por neurobiología del miedo: “El problema no es sentir temor, sino cuando el estrés se vuelve crónico y anula el pensamiento crítico”

El neurocientífico analiza la "ecología del miedo", el impacto del estrés crónico en la sociedad y cómo la vida comunitaria disipa la incertidumbre.

Francisco Parada Pqn 04 Agosto Web
Radio Futuro

En su más reciente columna de Palabra Que Es Noticia, el doctor en neurobiología y director del Centro de Estudios de Neurociencia Humana y Neuropsicología de la Universidad Diego Portales (UDP), Francisco Parada, desglosó los mecanismos cerebrales que se activan ante la inseguridad y el temor. Según el experto, el miedo es una herramienta evolutiva fundamental, pero su persistencia en el tiempo puede transformar profundamente nuestra conducta y nuestra capacidad de análisis.

El miedo como un «superpoder» adaptativo

Para comenzar la conversación, Parada aclaró que sentir miedo no es inherentemente negativo. De hecho, lo describió como una capacidad esencial para la supervivencia humana. Al respecto, el neurocientífico explicó: “El miedo es una respuesta que no es mala necesariamente. De cierta forma uno dice el miedo es como un superpoder. Te pone alerta, te va a ayudar a despertarte, te va a ayudar a que tú puedas actuar”.

Esta reacción fisiológica implica una respuesta inmediata del organismo. “El miedo es un golpe de estrés, es un golpe de cortisol fuerte, un golpe a todos tus músculos para que si tienes que pelear, pelear, si tienes que arrancar, arrancar. Y eso es una respuesta natural y buena, adaptativa”, precisó el académico. El problema surge cuando este estado de alerta se mantiene de forma ininterrumpida debido a estímulos sociales o ambientales.

La cronificación y la «ecología del miedo»

El verdadero riesgo para la salud mental y social ocurre cuando el estrés deja de ser un evento puntual. Parada advirtió que “el problema es cuando eso se cronifica, cuando vives todo el rato en este miedo”. Cuando una persona habita bajo una presión constante, su cerebro comienza a operar exclusivamente bajo la lógica de la supervivencia inmediata.

Bajo este contexto, Parada introdujo el concepto de “ecología del miedo”, describiéndola como “un sistema que en distintos estratos tú te vas a encontrar con incertidumbre, te vas a encontrar con cosas que te pueden dar miedo”. Esta estructura abarca desde lo local (como un insecto que impide dormir) hasta niveles institucionales como el sistema judicial o la seguridad pública. Según el experto, “cuando vives en constante presión, empiezas a vivir en el día a día y cuando vives en el día a día, se cronifica el estrés y tú dejas de posibilitar o dejas de imaginar un futuro”.

El miedo como freno al pensamiento crítico

Uno de los puntos más relevantes de la columna fue el impacto del miedo en la toma de decisiones y el debate público. El neurocientífico subrayó que el temor crónico es utilizado frecuentemente como una herramienta de manipulación, especialmente en contextos políticos.

Sobre este fenómeno, Parada señaló: “Al cronificar el miedo, empiezas a vivir en este día a día y te pones alerta, te pones saltarín, y entonces empiezas a tomar decisiones irracionales. Le quitas esta idea del pensamiento crítico en donde yo le puedo hacer doble clic a lo que tú me acabas de decir”. Como ejemplo, mencionó cómo los discursos alarmistas sobre grupos específicos, como los inmigrantes, calan más hondo en cerebros estresados: “Si tú estás siempre ahí al borde del asiento, te vas a quedar con la frase. Sirve como una herramienta de manipulación, obviamente”.

Recuperar la agencia y la comunidad

A pesar del panorama complejo, Parada destacó que es posible combatir estos efectos mediante la identificación del problema y la acción colectiva. El primer paso es reconocer el temor: “Es el primer paso de ver cuando tienes un problema, identificar el problema y ponerle una etiqueta. Ponerle un nombre a tu miedo o a tu problema para que podamos ver de dónde sale”.

Asimismo, hizo un llamado a recuperar la “agencia”, entendida como la capacidad de tomar acciones concretas frente a la sensación de desolación. El experto recomendó reducir la intoxicación mediática y fomentar el encuentro con los demás. “Estar informado no tiene necesariamente que ser estar con miedo, no deberían estar esas dos cosas asociadas. La calidad de la información hay que tratar de elegirla”, sugirió.

Finalmente, el director del SEN UDP enfatizó que el aislamiento es el peor enemigo frente a la incertidumbre. “Es en la interacción con el otro, en la comunidad, en el encuentro donde el miedo este se disipa. El aislarse nunca es buena. Y ese es el primer paso para convertirse de un espectador muerto de miedo, pasar a ser un ciudadano. Cuando miran a sus hijos, miran a sus parejas, amigos y se sienten con ganas de llevar una acción a cabo, ahí ganamos. Ahí ganó la sociedad, ganó la humanidad”.


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