El periodismo cultural enfrenta una de sus épocas más complejas debido al indiscutible dominio de las plataformas digitales. En este escenario desafiante, Santi Carrillo, director de la prestigiosa revista española Rockdelux, comparte en conversación con Rainiero Guerrero en RockShop, una visión crítica sobre el rumbo actual de los medios. La histórica publicación, que recientemente cumplió 40 años desde su fundación en 1984, vivió en carne propia esta transformación tras dar el salto definitivo al formato digital en el año 2020.
Actualmente, la revista opera bajo el amparo de Primavera Sound y mantiene ediciones impresas especiales de forma semestral. Sin embargo, el panorama general para los profesionales de la comunicación musical dista de ser alentador. Para Carrillo, el cambio tecnológico ha afectado gravemente la profundidad con la que se analiza y consume la música hoy en día.
La crisis del criterio y la «idiotización» digital
El acceso masivo a la tecnología ha reconfigurado nuestras prioridades y modificado los hábitos de consumo de manera drástica. Las redes sociales, encabezadas por plataformas de alta influencia como TikTok e Instagram, han desplazado a los medios tradicionales de información. Como consecuencia, la profundidad del análisis periodístico se ha diluido en un mar de contenidos efímeros y poco contrastados.
Al reflexionar sobre el impacto de estos canales en la sociedad contemporánea, Carrillo argumenta que la raíz del problema radica en «la idiotización a la que nos hemos sometido en los últimos tiempos con esta fiebre de las redes sociales que nos han transformado la vida a todos, el teléfono como instrumento único de consulta para cualquier cosa que hagamos». Esta dependencia tecnológica ha facilitado que cualquier usuario asuma un rol de comunicador sin poseer la preparación necesaria.
Críticos versus aficionados en internet
La democratización de las herramientas digitales ha generado un debate profundo sobre el valor del conocimiento especializado. En las plataformas digitales, la línea divisoria entre el análisis riguroso de un periodista de trayectoria y la simple opinión de un aficionado parece haberse borrado por completo. Esta situación genera un declive directo en la calidad de la crítica cultural que consumen las nuevas generaciones.
Frente a esta aparente igualdad de condiciones en las redes, el director de Rockdelux señala que «la democratización de la tecnología digital ha hecho que valga lo mismo una opinión de un crítico formado que la de un amater que ha ido a ver un concierto escribe cualquier cosa con una foto un vídeo y se cree que sabe tanto como el crítico». Por lo tanto, el rigor informativo y el contraste de datos han sido reemplazados por reacciones rápidas basadas en la aprobación superficial.
El combate diario contra el algoritmo de recomendación
A pesar de la pérdida de influencia de las publicaciones tradicionales, la labor del periodista musical sigue siendo fundamental para estructurar la inmensa oferta artística actual. Con millones de canciones disponibles a un solo clic, el público necesita un mapa que ordene el caos de los catálogos digitales. En este entorno sobrecargado, los críticos actúan como guías necesarios para los oyentes.
De acuerdo con la perspectiva de Carrillo, los profesionales de la música se han convertido en «los guardias urbanos que te dicen ‘Esto va por aquí esto va por allá escúchate esto.’ Nos hacen caso no lo sé el el último basón combatiente al algoritmo». Aunque las plataformas sugieran contenidos afines a través de fórmulas matemáticas, estas carecen de una base formativa y conceptual. El director enfatiza que en la automatización actual «falta contexto falta un componente teórico que explique por qué un grupo es importante ahora mismo, de dónde viene ese grupo, quién los influenció».
El desafío financiero de los contenidos digitales
La crisis del periodismo no solo es de carácter conceptual, sino también un problema de sustentabilidad económica. La cultura de la gratuidad en internet debilita las estructuras de los medios independientes que intentan sobrevivir de manera profesional. Para asegurar la existencia de un periodismo de calidad, es indispensable que los usuarios reconozcan el costo del trabajo especializado.
Finalmente, Carrillo reflexiona sobre la resistencia del público a pagar por la información en la red y explica que el verdadero problema radica en que «la gente no quiere pagar por esos contenidos, si la gente fuese consciente de que esa información digital que se ofrece gratuitamente generalmente tiene un valor, hay periodistas que la han trabajado, lo han escrito, lo han editado, pagase una mínima cantidad quizá por ello pues quizá el periodismo no estaría tan debilitado como lo está ahora mismo». Sin un apoyo financiero real de los lectores, la supervivencia de la prensa especializada seguirá en una posición sumamente precaria.
