Para la geografía británica, la Isla de Wight es un apacible condado insular frente a la costa sur de Inglaterra. Sin embargo, para la memoria colectiva del rock, representa el epicentro del terremoto cultural que dio sepultura definitiva a la era de las flores.
El 29 de agosto de 1970, durante la cuarta jornada de su tercera y más masiva edición, el festival vivió su noche cumbre y más convulsa con dos nombres estelares en el cartel. Esos nombres eran The Who y The Doors.
Un cartel colosal y el choque con la realidad
Tras el impacto de Woodstock en 1969, los organizadores británicos buscaron superar todos los récords conocidos. Convocaron a más de medio millón de almas entre el 26 y el 30 de agosto. El cartel de 1970 reunía a la aristocracia absoluta de la música: Jimi Hendrix (en una de sus últimas apariciones antes de morir), Miles Davis, Joni Mitchell, Leonard Cohen, Emerson, Lake & Palmer, Free y Taste con Rory Gallagher.
El cobro de tres libras esterlinas por entrada detonó la furia de miles de asistentes que exigían un festival completamente gratuito.
Con más de 600 mil personas congregadas en la colina bautizada como Desolation Row, las rejas perimetrales en la Isla de Wight comenzaron a ceder. Al mismo tiempo, la tensión, los discursos incendiarios contra el negocio de la música y los disturbios marcaron el ambiente de una cita. Así, la utopía de la paz y el amor chocó de frente con la realidad.
The Doors: El crepúsculo espectral de Jim Morrison
Cerca de las dos de la madrugada de aquel 29 de agosto, The Doors subió a un escenario iluminado casi en penumbras por exigencia técnica.
Enfrentando un juicio latente en Estados Unidos y visiblemente desgastado, Jim Morrison (con barba tupida y un temple sobrio) lideró un set hipnótico y sombrío.
Interpretaciones de «Break On Through», «When the Music’s Over», «Light My Fire» y una estremecedora versión de «The End» sonaron como una despedida ritual. Sería una de las últimas grandes presentaciones internacionales del cuarteto antes de la partida del ‘Rey Lagarto’ menos de un año después en París.
The Who: La demoledora descarga de poder
Inmediatamente después, ya entrada la madrugada del 30 de agosto, The Who tomó el control. Brindó la que muchos críticos e historiadores consideran la mejor actuación de todo el festival.
Comandados por la energía volcánica de Pete Townshend vestido con su clásico overol blanco, el vendaval en la batería de Keith Moon, la solidez de John Entwistle y la voz impecable de Roger Daltrey, la banda británica arrolló al público. Lo hizo con la ejecución casi íntegra de su ópera rock Tommy. Finalmente, remataron con clásicos como «My Generation» y «Magic Bus».
Fue una demostración de precisión y fiereza que demostró que el hard rock estaba listo para tomarse los estadios del planeta.
El cierre de una era
Tal como quedó registrado en el documental Message to Love de Murray Lerner, la edición de 1970 de la Isla de Wight no solo superó la convocatoria de Woodstock. Además, sepultó la inocencia del movimiento contracultural.
La música dejó de ser una comuna idílica para convertirse formalmente en la masiva industria de conciertos de estadio que conocemos hoy. Así, aquella madrugada del 29 de agosto quedó grabada a fuego en las páginas doradas de La Radio del Rock.
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