Más de una década tardó Atomic Aggressor en publicar su nuevo álbum. La tardanza, desde luego, es una idea discutible pues desde el comienzo la banda ha tenido un reloj creativo que corre a una velocidad misteriosa lo cual no implica, bajo ninguna circunstancia, silencio ni menos pereza.
Después de “Sights of Suffering” (2014) editaron un espléndido EP titulado “Invoking the Primal Chaos”, que comentamos oportunamente en este medio y que dio noticias del buen momento de la banda. Cuatro canciones que son su propio “Haunting the Chapel”.
De manera que el anuncio de este nuevo elepé no hizo sino generar expectativas, alentadas por los dos primeros singles: “Dwellers of the Unknown” y “The Chalice of Despair”.
“The Occult Forces” saldrá a tiendas el 28 de agosto a través del sello norteamericano Hells Headbangers. Fue grabado en dos estudios: en CHT con Cristóbal Arriagada y en Audio Custom, con Sebastián Puente, quien además tuvo a cargo la mezcla y masterización. Contiene ocho canciones que promedian los cinco minutos y es un absoluto disfrute para quienes aprecian la época en que el death metal alcanzó la mayoría de edad, a salvo aún de la artificialidad, el sonido ultra procesado y otras maravillas tecnológicas.
El disco abre con “Soul Degradation”, seguida de “Forms from the Occult”, y de inmediato sabes que Atomic no se ha movido de su sitio: inicios a toda velocidad empujados por la exhuberancia técnica del baterista Álvaro Llanquitruf, cadenas de riffs a distintos ritmos y el fraseo lento y cavernoso de Alejandro Díaz, quien extendiende el fin de cada estrofa en vez de recurrir al gruñido seco y estandarizado.
Por esos paisajes se mueve Atomic Aggressor, graduando los matices, evitando las masas sónicas y acentuando las posibilidades que brinda el death metal que decide tocar, en lo cual el trabajo de los dos guitarristas destaca por la función específica que cumple cada uno a través de las canciones. Enrique Zúñiga y Julio Bórquez son músicos de generaciones distintas, y sin embargo a través de los años han desarrollado un fiato por sobre quién sea el de las ideas.
Patricio Jara y lo nuevo de Atomic Aggresor: «la banda ha tenido un reloj creativo que corre a una velocidad misteriosa»
Desde luego, verlos en vivo ayuda a entender mejor este último alcance, en especial por los solos de guitarra que en este disco son un punto altísimo en su variedad y extensión. Hay hartos duelos de ida y vuelta. Entre todos, destacan los cuarenta segundos con que cierran el álbum.
El death metal de Atomic comparte el mismo núcleo creativo, en su origen, con bandas principalmente norteamericanas que comenzaron a grabar demos a fin de los ochenta: Immolation, Order from Chaos, Sadistic Intent e incluso Autopsy en su primer registro, fechado en 1987. Todas, por cierto, provenientes de las costas Este y Oeste, las cuales asomaron como respuesta al influjo de los grandes nombres de Florida. De ahí, entonces, que los primeros trabajos de Death y Morbid Angel hayan sido, para todos, un punto de referencia al cual rendir honores.
En el caso de los formados en Ñuñoa, esto no lo esconden. Al contrario. No hay mayor influencia que aquella que ayuda a saber quién eres. Si en su álbum anterior podías reconocer, en los inicios de ciertos temas, breves pinceladas de canciones como “Immortal Rites” y “Maze of Torments”, en el nuevo disco el guiño es a “Damnation”. No son los primeros que lo hacen, sin duda, y todos los que logran advertirlo no pueden sino asentir con una sonrisa cómplice. El metal, no lo olvidemos, es puro disfrute.
“The Occult Forces” es un gran aporte al death metal sudamericano y de seguro abrirá puertas durante la gira europea que se avecina para la banda. Entrega lo que buscas y aún deja espacio para la admiración y la sorpresa, como lo evidencian las tres últimas canciones. “Divided to Conceived”, “As I Descend” y “Tormenting Voices” son piezas mayores dentro del catálogo de la banda. Se recomienda escucharlas acostado, con audífonos y los ojos cerrados para “ver” la perfomance de los músicos, lo exigente de la ejecución, el disfrute de la música y el triunfo de la forma.
