La economía chilena atraviesa un momento de profundas discrepancias entre el discurso oficial y la realidad de las cifras. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó su proyección de crecimiento para el país a un 1,8% para este año, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, mantiene una postura que ha sido calificada como «sorprendentemente optimista». Ante este escenario, el economista y exdirector de la CEPAL, Osvaldo Rosales, ofreció en Palabra Que Es Noticia un análisis crudo sobre lo que realmente esconden las promesas gubernamentales.
El espejismo del crecimiento para 2027
El punto de mayor fricción radica en la proyección del 3% de crecimiento para 2027 que defiende el Ejecutivo. Según Rosales, esta cifra no responde a un fortalecimiento real de la estructura productiva, sino a un simple ejercicio de comparación estadística frente a un presente debilitado.
Al respecto, el economista fue categórico: “El crecimiento del primer semestre del próximo año va a ser 3% o más. ¿Por qué? Porque se va a estar comparando con una base negativa, con una base muy baja, que es el primer semestre de este año”. En esta misma línea, advirtió que el relato oficial intentará capitalizar este dato de forma engañosa: “Lo que vamos a leer es que el gobierno va a decir, ‘Mire, el éxito de la reforma está recuperando crecimiento’. Eso no es crecimiento económico. Esa es mera recuperación respecto de un semestre malo, como ha sido el primero de este año”.
Para Rosales, es fundamental diferenciar entre un rebote y un avance genuino. Él sostiene que “cuando en economía se habla de crecimiento, se habla de un incremento sostenido y permanente en la entidad económica, no en un Imacec, no en un semestre, no en un año”. Por lo tanto, el repunte esperado “no es más que recuperación de un mal semestre inicial”.
«Las palabras generan realidades»: El impacto del discurso
Rosales también criticó la estrategia comunicacional del gobierno, señalando que los mensajes contradictorios han afectado las expectativas. En su visión, “las palabras generan realidades”. Recordó que al asumir, las autoridades afirmaron heredar un Estado quebrado, pero luego cambiaron el tono según la conveniencia política.
“Si ustedes recuerdan lo que decían los que serían las futuras autoridades de este gobierno a nivel del mes de enero respecto a estas buenas cifras de económica decían, ‘Bueno, es bastante obvio, ganamos nosotros, nosotros damos seguridad de crecimiento y estabilidad económica’. Y ahora lo que están diciendo es que el primer semestre es malo por el gobierno anterior. Entonces, obviamente esos dos argumentos no conversan”.
Además, cuestionó la idoneidad de las declaraciones del Presidente en el extranjero: “A mí me parece, quiero ser moderado en el adjetivo, pero poco frecuente que el presidente de un país salga al exterior a decir que la economía del país que él gestiona está enferma. Me parece a lo menos curioso. Y además desacertado”.
Las fallas de la megareforma: El olvido de las exportaciones
Uno de los puntos más preocupantes para el exdirector de la CEPAL es el diseño de la actual megareforma económica. A pesar de que se le presente como la clave para la reconstrucción, Rosales identifica una omisión crítica para una nación abierta al mundo.
“Para una economía pequeña y abierta como la nuestra, el punto clave son las exportaciones. Y en la megareforma no hay una sola palabra sobre exportaciones. Es como si fuera una megareforma para una economía cerrada que no tiene vínculo con el comercio exterior”.
Para sustentar su crítica, aportó cifras que evidencian el estancamiento: “Hemos tenido 12 años consecutivos de caída en la relación exportaciones sobre productos… la minería, básicamente cobre, que es la clave de nuestro crecimiento, crecieron a un 0.04% anual” en las últimas dos décadas. Según su análisis, “el diagnóstico, en mi opinión, es equivocado”.
¿Incentivos reales o «visión decimonónica»?
Finalmente, Rosales desestimó la idea de que la baja de impuestos por sí sola reactivará la inversión, calificando esa postura de anticuada. “El argumento a esta altura casi religioso de que reducir los impuestos a las grandes empresas genera un tal boom de inversión, está archi demostrado de que no es válido, de que no se da en la práctica”.
En su lugar, propone una mirada moderna centrada en la complejidad económica: “El crecimiento depende fundamentalmente de la innovación, de la productividad, de la inversión… ¿O vamos a apostar a esta visión decimonónica en que basta de regular la economía, bajar los impuestos y los Animal Spirit de los inversionistas por sí solo van a generar un escenario tal de crecimiento que todos vamos a ser felices?”.
Para el experto, el objetivo debe ser ambicioso: “Lo que interesa es definir las bases para un crecimiento sostenido permanente en torno al 4 y 5% y eso tiene que ver con tecnología, con innovación, con productividad”. Sin estos pilares, cualquier cifra del 3% en 2027 será solo un espejismo matemático.
