El fin de las vacaciones suele estar marcado por una sensación de pesadez y resistencia al despertar. Para muchos, esto se interpreta como falta de disciplina o simple «flojera». Sin embargo, la neurociencia ofrece una perspectiva diferente y mucho más profunda sobre lo que ocurre en nuestra mente.
El Dr. Francisco Parada, doctor en neurociencia y director del Centro de Estudios de Neurociencia Humana y Neuropsicología (SEN) de la UDP, conversó en su columna de Palabra Que Es Noticia sobre los desafíos biológicos que implica retomar la rutina escolar y laboral.
El problema del estrés crónico
Según explica el especialista, el ser humano no está diseñado para el ritmo de vida que la sociedad moderna impone. El estrés, aunque tiene una función vital, se ha transformado en un enemigo silencioso cuando se vuelve permanente.
Al respecto, Parada aclara que “los sistemas nerviosos evolucionaron efectivamente para tener momentos de alta demanda cognitiva, estrés, etcétera, pero no sostenida. Y ahí es donde está el problema de esta sociedad que hemos creado, es que está constantemente en estrés crónico”.
Biológicamente, el estrés es una herramienta para la acción inmediata. El Dr. Parada señala que “el estrés no es malo, per sé, el estrés, uno necesita el estrés para levantarse en la mañana, para engancharse en algún proyecto. El problema es cuando esto está todo el rato sostenido”.
La transición: Sincronizar el cerebro con el mundo
El regreso a las actividades tras un periodo de descanso no es un proceso automático. Se trata de una transición de estados que requiere energía y un reajuste neurobiológico. No solo cambiamos de horario, sino que volvemos a insertarnos en una comunidad específica.
El experto define este proceso como una necesidad de volver a conectarse: “En esta transición entre estados ocurre que tú tienes que volver a sincronizarse con ese mundo que habíais dejado atrás”. En el caso de los estudiantes, el colegio es un espacio complejo donde se negocia la identidad.
Parada enfatiza que esta dificultad es real y compartida por todos: “El volver a sincronizarse con eso es lo que genera esta tensión que uno podría encontrar en que no quiero ir. Y si a eso tú obviamente le sumas que hay que sincronizarse también con los horarios (…) volver a encarrilarse a eso cuesta”.
El «atentado» contra el desarrollo adolescente
Uno de los puntos más críticos mencionados por el Dr. Parada es la desconexión entre el diseño de los sistemas educativos y la realidad biológica de los estudiantes. Para el especialista, las estructuras actuales ignoran etapas clave del desarrollo humano.
“Si los colegios estuvieran realmente diseñados para pensar en estas transiciones, en estos ajustes (…) estarían con ingresos diferidos dependiendo del estadio del desarrollo o la época del desarrollo, los adolescentes, por ejemplo, necesitan dormir más. Eso es un hecho”, afirma con contundencia.
Esta falta de flexibilidad estructural obliga a los jóvenes a funcionar en horarios que no coinciden con sus necesidades biológicas de descanso, lo que dificulta aún más la transición posvacacional.
Pertenencia: El motor de la motivación
A menudo se confunde la responsabilidad con la motivación, pero desde la neurociencia, ambos conceptos están ligados a algo mucho más básico: el sentido de pertenencia. Si no nos sentimos parte de un grupo, el cerebro gasta una energía excesiva en «remar» contra la corriente.
El Dr. Parada propone una reflexión profunda para quienes sienten resistencia a volver: “Capaz que una de las preguntas es, bueno, estoy volviendo a un sistema donde yo pertenezco, donde yo soy yo o es un sistema donde estoy ahí apenas remando y me cuesta mucho, no le hago sentido a lo que estoy haciendo”.
En este sentido, la motivación no es algo que surja del vacío. El experto sostiene que “la responsabilidad y la motivación están basados en la pertenencia. Yo quiero hacer esto, yo pertenezco a este grupo, pertenezco a mi familia y voy a hacer cualquier cosa por mi familia”.
El cerebro necesita hacer sentido
Finalmente, el aprendizaje y el bienestar dependen de la capacidad del cerebro para interpretar su entorno de manera coherente. Cuando el entorno es hostil o carece de sentido, el sistema colapsa en diversas formas de psicopatología.
“El cerebro está hecho (…) para hacer sentido del mundo. Si tú no le haces sentido al mundo (…) ese organismo sin sentido va a tener psicopatología lo que conocemos hoy en día como psicopatología, patologías neuropsiquiátricas, lo que tú quieras”, advierte Parada.
Para el neurocientífico, la solución reside en crear comunidades donde el individuo se sienta cómodo y valorado. Por ello, recalca que “el aprendizaje solo ocurre en lugares donde tú perteneces, donde tienes comunidad, donde te sientes cómodo”. Entender esto es fundamental para dejar de juzgar la dificultad del retorno como una debilidad personal y empezar a verlo como una señal de alerta de nuestro propio cerebro.
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