Cada banda es reflejo del momento que le toca vivir. En el caso de Godagainst, sus integrantes comienzan a componer en 2006, cuando el death metal había renovado por completo sus fórmulas sonoras. Era entonces la época de Deicide con “Stench of Redemption”, de Cannibal Corpse con “Kill” y Suffocation con su álbum homónimo, pero también el tiempo de Napalm Death dando palos de ciego con “Smear Campaign” y de Nicke Andersson que escapaba de la sombra de Entombed con su proyecto Death Breath.
El nombre de Godagainst se asocia de inmediato al círculo de músicos que dio pie y fue y volvió de bandas como Sheolgeenna, Melektaus, Trimegisto, Dominus Xul y Denying Nazarene. Por eso no llama la atención la cantidad de integrantes que han pasado por sus filas, algunos con su nombre real y otros con seudónimos bastante espectaculares, algo muy habitual en aquella generación. En cualquier caso, da la impresión de que para Godagainst hoy menos es más y actualmente está conformado por su guitarrista fundador, José Luis González; Sadax en voces desde 2011 y José Pulido quien está a cargo de la batería a contar de 2023.
“Devouring Nameless Abyss” es publicado por un joint venture del sello W. P. Productions (Países Bajos) e Iron, Blood and Death Corporation (México). Son ocho canciones que superan los cuarenta minutos y el arte de carátula está hecho por Daniel Corcuera. Se trata de un disco de digestión lenta, que requiere de varias pasadas y con el mismo rigor con que los músicos desarrollaron su contenido. Aun así, ¿cuántas veces debe escucharse una producción para tener algo coherente que decir? No hay recetas.
Godagainst logró un sonido macizo que no se pierde nada en el camino. Imagino el nivel de trabajo que hubo en la mezcla. No sólo para que esté todo en su sitio sin que la compresión haga perder dinámica. Especialmente en las baterías que en este álbum son un punto altísimo, acentuando mucho los platos.
Sin embargo, es death metal. Y es aquí donde surge el desafío artístico: qué más puedes hacer a contar de esa plataforma homogenizante que al tiempo que permite entrar al club borra toda identidad. La culpa no es sólo de Nile que con “Amongst the Catacombs of Nephren-Ka” clavó la bandera respecto de cómo debía sonar el género para todos los músicos nacidos en los ochenta, sino de una escena que suele ver en la repetición un mérito en así.
Por suerte Godagainst en este nuevo álbum propone bastante más. Más acento en la atmósfera y la densidad. Mayor sentido dramático de la composición y de los arreglos. Lo cual favorece la brutalidad de las voces y lo hace menos predecible que sus anteriores trabajos. Hay menos testosterona y más ideas. La madurez, sin duda. Y desprenderse de algunos patrones propios del gremio. Temas como “Venomous Insemination”, “Bioextraphysical Cult” y “The Faceless” son obras de primer nivel. Llenas de texturas y variaciones que logran el propósito de abrir el abismo al que refiere el título y hacer que vuelvas al disco una y otra vez.

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