La reconocida actriz y dramaturga Magdalena Max-Neef ha regresado a las tablas con un proyecto que no solo toca las fibras de su memoria emocional, sino que ha puesto a prueba su resistencia física de manera inesperada. Se trata de Whatpu, una ambiciosa puesta en escena escrita junto a Rodrigo Bastidas que rinde homenaje a los emblemáticos hermanos Tomás y Eliana Vidiella.
Sin embargo, lo que comenzó como un tributo artístico se transformó rápidamente en un desafío de proporciones mayores para la intérprete. En conversación con Andrea Moletto y Álvaro paci en Palabras Sacan Palabras, la actriz fue enfática al evaluar el impacto del montaje en su salud y energía: «Esta obra me mató en todos los sentidos. Me mató en términos como del esfuerzo».
El «espagat» que terminó en una impactante lesión
Uno de los momentos más comentados de su interpretación es su capacidad para realizar un espagat (abrirse completamente de piernas), una destreza que Max-Neef ha mantenido a pesar de no haber sido gimnasta ni haber practicado danza formalmente en su infancia. No obstante, la confianza y la falta de preparación previa le jugaron una mala pasada durante una de las funciones.
La actriz relató que, debido a su naturaleza sociable, descuidó el calentamiento necesario: «Como soy buena para conversar, entonces no elongué nada. Yde repente hay que empezar a partir para allá y me dije: ‘Mm, esto lo voy a pagar caro'». El resultado de ese movimiento brusco en un ambiente frío fue inmediato y doloroso. «Y lo pagué caro. Te juro que me quedó morado, desde la rodilla hasta el comienzo del poto. O sea, era una franja morada», confesó, detallando que tuvo que seguir actuando todo el fin de semana bajo esa condición.
El desafío de actuar a los 65 años
Para Max-Neef, este papel llega en una etapa de la vida donde los límites del cuerpo se hacen más evidentes. Ella misma bromea con su edad actual y los beneficios sociales que se avecinan: «Porque uno tampoco tiene 40 ni 30 ni digamos ni 50 ya ni 60. Ya vamos para la… me toca en unos meses cobrar el bono por hijo. Imagínate a los 65».
Además del esfuerzo muscular, la actriz debe lidiar con una condición médica que afecta su coordinación en el escenario. «Tengo heavy problemas de equilibrio por una condición que tengo del oído medio, que te juro que yo camino en zigzag, yo no puedo caminar derecho», reveló. Esta dificultad se intensifica al usar el calzado requerido para la obra: «Entonces imagínate con los tacos. Era muy desafiante, tampoco es que sea muy coordinada».
Accidentes y peligros «en calzones» tras bambalinas
La logística de Whatpu es tan vertiginosa como lo que el público ve en escena. La actriz describió el caos de los cambios de vestuario, que incluyen la ayuda de varias personas para cambiar zapatos, micrófonos y ropa en cuestión de segundos. En una ocasión, el escenario del Teatro San Ginés le propinó un susto adicional: «Yo estaba sentada en una silla y de repente la silla se mete en un hoyo. Yo estaba como en pelota porque me tenía que cambiar, o sea, estaba en calzones y nada más».
La seguridad también fue un tema de discusión con el director, Rodrigo Bastidas. Max-Neef recordó una entrada específica que consideraba de alto riesgo: «Rodrigo quería que yo entrara por el público y subiera por unos escalones con taco, con un abrigo grande, con una bolsa, con mochila; y no tenía ni baranda la cuestión». Tras intentarlo un par de veces cerca del foso del escenario, la actriz decidió priorizar su integridad física: «Lo hice tres veces y le dije: ‘No, acabado, me voy a caer… un día me voy a sacar la cresta, me voy a ir al foso o me voy a caer de hocico. No, y no va'».
Un homenaje emocional a los hermanos Vidiella
Más allá de los moretones y el vértigo, el motor de este sacrificio es el profundo cariño por Tomás y Eliana Vidiella, con quienes Max-Neef compartió años en el Teatro del Conventillo. La responsabilidad de interpretar a su amiga fallecida, Eliana, añade una capa de estrés emocional: «Era muy complicado de partida tener que bailar, después hacer a una persona que fue tu amiga que tú conociste… con su marido, su hija y su nieto mirándote desde la platea. Ya era un estrés adicional».
Para la actriz, este esfuerzo físico y emocional es una forma de devolver la generosidad que los hermanos Vidiella tuvieron con ella en sus inicios. «Fueron muy generosos con nosotros… fue una relación que se mantuvo hasta el final. Entonces sí nos pareció que lo menos que se merecían por su aporte al teatro era hacer un espectáculo así».
La obra Whatpu continúa presentándose en el Centro Cultural San Ginés, ofreciendo al público una mezcla de cabaret y humor que, detrás de su brillo, esconde el tenaz compromiso de una actriz que, a sus 65 años, sigue dándolo todo en el escenario.
