La industria de los espectáculos en Chile atraviesa un momento de alta tensión. Recientemente, el gobierno abrió una pequeña ventana de esperanza para las fanáticas de la banda surcoreana BTS. Tras una nueva propuesta técnica de la productora DG Medios, el Instituto Nacional de Deportes (IND) analiza si los tres conciertos programados podrán finalmente realizarse en el Estadio Nacional.
Esta situación ha generado una movilización masiva de las denominadas «Army». El crítico de música y espectáculos, Marcelo Contreras, analizó en su columna de Palabras Sacan Palabras el fenómeno y la precariedad estructural que rodea a estos eventos. Para el especialista, el problema de fondo no es solo una fecha de calendario, sino una forma de operar que pone en riesgo la seriedad del mercado local.
La protesta pacífica de las «Army»
La incertidumbre sobre el recinto provocó marchas en diversos puntos del país. Contreras destacó el comportamiento de las seguidoras en regiones: «Yo ayer al menos vi una protesta en Viña. Era una protesta super buena onda. Al principio yo la verdad que no sabía qué es lo que era, hasta que de repente vi los colores, todo era morado. Y ahí me acerqué y vi unas pancartas y comprendí que era esta protesta super pacífica y en buena onda por lo de BTS«.
Sin embargo, detrás de la anécdota, el periodista advierte que la situación es compleja. Según su visión, este conflicto invita a preguntarse qué ocurre en el «vecindario latino» y si Chile está realmente a la altura de las grandes giras internacionales.
El vacío de infraestructura en Santiago
Uno de los puntos más críticos señalados por Contreras es la falta de recintos de capacidad intermedia. Chile parece estar atrapado entre recintos pequeños y el gran coliseo de Ñuñoa. Al respecto, el experto explica que: «Nosotros tenemos un salto en los recintos en Santiago. Pasamos de los 10,000-15,000 que te puede dar el Movistar Arena, pero no tenemos un recinto de 30,000 o 40,000 personas, eso no existe en Santiago. Entonces, se salta inmediatamente al Nacional«.
Esta carencia obliga a las productoras a depender exclusivamente del Estado. A diferencia de otros países de la región, en Chile el control de los grandes escenarios es mayoritariamente público. Contreras enfatiza que: «En Chile esta situación es absolutamente correspondiente al Estado. Esto es una decisión que toma el Estado finalmente a través del Instituto Nacional de Deportes«.
Comparativa regional: ¿Por qué otros países funcionan mejor?
El análisis de Contreras pone a Chile en desventaja frente a sus vecinos. En Brasil, por ejemplo, predominan los estadios privados como el Morumbí o el Alianz Park, lo que facilita las giras de artistas como Taylor Swift o Paul McCartney. En Argentina, clubes como River Plate gestionan sus propios arriendos, ganando «harta más plata arrendando el estadio para un show de una gran superestrella internacional que para un partido promedio«.
Por otro lado, México cuenta con el Foro Sol, un recinto diseñado específicamente para conciertos. Mientras tanto, Chile sigue dependiendo de un Estadio Nacional cuya arquitectura data de los años 30 y cuya prioridad sigue siendo el deporte, especialmente tras los Juegos Panamericanos,.
El riesgo de «jugar al límite»
La crítica más severa de Marcelo Contreras apunta a la gestión empresarial de las productoras chilenas. Para el periodista, vender entradas sin tener el contrato del recinto firmado es una práctica temeraria que se ha normalizado.
«Yo siempre he sentido que las productoras en Chile, las productoras de estos grandes eventos, juegan al límite, siempre lo han hecho al límite«, sentenció el crítico. Además, añadió con preocupación: «A mí me parece muy raro que tú compres una entrada para un recinto que no está confirmado«.
El caso de BTS, con 200,000 tickets ya en manos del público, es el ejemplo máximo de esta irregularidad. Contreras cuestiona la lógica detrás de esta decisión comercial: «Tú no puedes ponerte a vender entradas por una banda como esta que sabes que va a tener un arrastre gigantesco, si son tres conciertos en el nacional, y no saber si exactamente tienes conseguido el nacional. A mí me parece rarísimo«.
¿Industria o negocio de ocasión?
Finalmente, el experto reflexiona sobre el futuro. Aunque la música en vivo proyecta un crecimiento global masivo para el periodo 2025-2030, Chile parece estar estancado. «Pareciera que nosotros no tenemos una industria musical, sino que tenemos más bien un negocio. Y un negocio significa una tabla pretérita. Es muy curioso que nuestro país en ese sentido pareciera ir retrocediendo mientras esta industria avanza«.
Para Contreras, es urgente que el sector privado invierta en infraestructura propia y deje de depender del Estado, evitando así las «pellejerías» y fallos de seguridad que han marcado eventos pasados de artistas como Metallica o Daddy Yankee. La duda queda planteada: ¿logrará Chile profesionalizar sus protocolos antes de que los grandes artistas decidan saltarse Santiago en sus mapas de gira?
Sigue a FUTURO.cl en Google Discover
Recibe nuestros contenidos directamente en tu feed.
Seguir en Google