La crisis de vivienda en Chile ha alcanzado un punto de quiebre que va mucho más allá de los sectores más vulnerables. Lo que antes era una meta natural para la clase media y los profesionales jóvenes, hoy parece un horizonte inalcanzable. En su columna de Palabras Sacan Palabras, el arquitecto y académico Dino Bozzi analizó la profundidad de este fenómeno, advirtiendo que el modelo tradicional de propiedad está llegando a su fin.
Un sistema que ya no responde a la realidad
La emergencia habitacional se manifiesta hoy de formas brutales, como el reciente desalojo en la «megatoma» de San Antonio. Sin embargo, Bozzi sostiene que el problema de fondo es la incapacidad de las políticas actuales para dar soluciones reales. Según el experto, existe un estancamiento en la forma en que el Estado intenta resolver el déficit.
En consecuencia, el arquitecto es enfático al señalar la ineficacia de los métodos tradicionales. «Con políticas ultraformales yo creo que que hay un consenso en que no lo vamos a resolver», afirmó Bozzi. Al referirse a estas políticas, describe el largo proceso de comités organizados y cooperativas que esperan años por subsidios del Serviu. Aunque estas medidas entregan viviendas de calidad, Bozzi advierte que «la capacidad de respuesta de eso es insuficiente y atentos que no es solo insuficiente en Chile, es insuficiente a nivel mundial».
Profesionales jóvenes: Los nuevos excluidos
Uno de los puntos más alarmantes del análisis de Bozzi es cómo la crisis ha escalado hacia sectores que antes se consideraban protegidos. La posibilidad de adquirir una vivienda se ha vuelto casi nula para las nuevas generaciones de profesionales, incluso para aquellos con formación en universidades de élite.
Bozzi, quien ejerce como docente en la Universidad Católica, compartió una observación inquietante sobre su propio entorno laboral. «Yo les puedo decir que en el lugar que trabajo yo, o sea, ya sea en mi oficina o en o en la universidad, no hay ningún profesional más joven que yo que sea propietario de su casa», reveló con preocupación. Esta situación excluye únicamente a quienes cuentan con ayuda directa de sus familias o patrimonios heredados.
Además, el experto destacó que el desincentivo es tal que las metas financieras han cambiado drásticamente. «La mayoría ya ni ahorra para la vivienda, porque ¿para qué? Mejor gastar en un buen arriendo bien ubicado y todo», explicó Bozzi, señalando que el «switch» de la sociedad chilena ha cambiado definitivamente hacia el mercado del alquiler.
El fenómeno mundial: Del negocio de la venta al arriendo
Este cambio no es un hecho aislado de la realidad nacional, sino que responde a una tendencia económica global. Dino Bozzi relató la visión de sus propios clientes en el sector inmobiliario, quienes han detectado este movimiento tectónico en el mercado del suelo.
«Pasamos de el negocio para la venta al negocio para el arriendo hoy día», comentó Bozzi tras conversar con expertos del área. Este cambio se explica porque, a medida que las sociedades se enriquecen, el valor del suelo se encarece de tal forma que la propiedad privada se vuelve prohibitiva. «Date cuenta que es un fenómeno mundial cuando las sociedades enriquecen, se encarece el suelo y pasamos de propiedad a arriendo. En Europa todo el mundo arrienda», añadió.
La rigidez de un modelo que debe cambiar
Por otro lado, Bozzi critica la falta de flexibilidad en el diseño de las soluciones habitacionales del Estado. Actualmente, los decretos de vivienda social imponen estándares que no se ajustan a la diversidad de los hogares modernos.
«Un punto super importante, la vivienda social en Chile, el DS49 (…) y el DS19 también, tiene tres dormitorios», cuestionó el arquitecto. Esta estructura rígida ignora que muchos postulantes son personas solas o artistas que requieren espacios distintos. Por lo tanto, Bozzi concluye que «es extremadamente rígido el sistema» y que, mientras no se diversifiquen los tipos de propiedad y uso, el déficit seguirá aumentando.
Finalmente, la propuesta de Bozzi invita a repensar el concepto de propiedad, sugiriendo modelos de usufructo vitalicio o viviendas comunitarias donde el Estado mantenga la titularidad. Mientras tanto, la realidad para miles de jóvenes chilenos sigue siendo la misma: la casa propia ha pasado de ser un sueño a un recuerdo de generaciones anteriores.
