El fantasma de las inundaciones catastróficas y el recuerdo del histórico y ultra lluvioso año 1997 volvieron a instalarse en el debate público tras las alertas internacionales de la NOAA sobre la consolidación del fenómeno de El Niño. Sin embargo, para poner paños fríos a las especulaciones sobre la llegada de un destructivo «Niño Godzilla» a las costas nacionales, Andrea Moletto y Antonio Quintros conversaron en Palabra Que Es Noticia con el geógrafo, académico de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Pablo Sarricolea.
En los micrófonos de la radio del rock, el especialista desmitificó el concepto de un «Súper Niño» inmediato para este invierno en el país. Aunque lanzó una severa advertencia sobre los peligros térmicos que esconderán los sistemas frontales que se aproximan para el segundo semestre.
Olvídense de 1997: El Niño llegará desfasado
Sarricolea explicó que el término «Niño Godzilla» nació coloquialmente en 2015 para clasificar científicamente a aquellos eventos extraordinarios donde la anomalía térmica en el Pacífico Ecuatorial supera los 2 °C. Si bien las temperaturas del océano están subiendo, el comportamiento de la atmósfera chilena durante el inicio de este invierno no se condice con un colapso pluviométrico inminente.
“Este año junio se ha presentado bastante seco. Se estima que es de los junios más secos. El año pasado a esta fecha habían llovido casi 140 mm. Y este año llevamos solo 22,7 mm en la estación de Quinta Normal. Aunque se espera que julio y sobre todo agosto estén normal o sobre lo normal, en ningún caso será un evento de grandes cantidades. Yo descartaría eso porque la mayor magnitud del Niño debiese estar hacia finales de julio o empezando septiembre. No esperamos un evento como el del 97”, aclaró de entrada el investigador en la 88.9.
La amenaza real: Lluvia con calor e infraestructura frágil
Pese a descartar diluvios históricos en volumen de agua, el académico del CR2 apuntó a que el verdadero peligro del fenómeno este año radica en el factor térmico provocado por el calentamiento global, lo que se traduce directamente en el temido fenómeno de la isoterma alta en la Cordillera de los Andes.
“La preocupación es que, como las temperaturas van a estar más elevadas, podría llover ‘más alto’. Esto significa menos nieve, el agua escurrirá más rápido y podríamos tener inundaciones o aluviones. Hay que estar preparado porque, aunque llevemos años de megasequía, lo normal es que en invierno llueva y un poco más de lluvia podría causar problemas en nuestras ciudades. Principalmente en agosto es cuando podría llover más”, alertó Sarricolea, detallando que los modelos climáticos de Copernicus prevén acumulaciones de entre 50 y 100 mm por sobre lo habitual para el mes de agosto en la zona central.
La megasequía ya dejó de ser una racha: Es estructural
Al ser consultado sobre si este respiro hídrico invernal significa el fin del periodo seco que ha golpeado a Chile por más de una década, el geógrafo de la Universidad de Chile fue tajante en golpear la mesa con la realidad climática actual.
Un cambio permanente en el mapa
“La megasequía se ha matizado. Pero con el cambio climático este periodo seco empieza a ser estructural. La condición de mayor sequedad se está instalando en Chile Central de forma algo más permanente. Hay variabilidad y pueden venir 5 años lluviosos. Pero ya parece ser una condición permanente con la cual tendremos problemas con el recurso hídrico”, sentenció el experto.
