Con el inicio de las vacaciones de invierno, miles de familias enfrentan el desafío de reorganizar sus rutinas. Lo que para muchos padres representa un estrés logístico, para la ciencia es un periodo crítico de recuperación física y emocional. En este contexto, el doctor en neurociencia y director del Centro de Estudios en Neurociencia Social (CEN) de la UDP, Francisco Parada, analiza cómo impactan los cuidados y el descanso en nuestro sistema nervioso.
La biología del cuidado en una sociedad productiva
Para entender la relevancia del descanso, primero debemos comprender nuestra naturaleza biológica. Según explica Parada, el ser humano está diseñado evolutivamente para el cuidado mutuo, una función que muchas veces choca con las exigencias del sistema económico actual.
Al reflexionar sobre su propia experiencia cuidando a sus hijos durante el receso escolar, el especialista señala que “biológicamente ya somos una especie, un mamífero ya, y que eh estamos destinados a cuidar, ya es imposible, imposible pensar la biología eh de los mamíferos y de los humanos en particular, eh sin esta idea del Cuidado”. Esta necesidad de cuidar y ser cuidados se contrapone a menudo con el sistema productivo, generando tensiones en la organización familiar moderna.
El cerebro como órgano social y la «corregulación»
Tradicionalmente, se ha visto al cerebro como una máquina de pensamiento racional. Sin embargo, la neurociencia contemporánea ofrece una perspectiva distinta: el cerebro es, fundamentalmente, un órgano social que requiere de otros para funcionar correctamente.
Uno de los conceptos clave en esta dinámica es la corregulación. Parada utiliza el ejemplo de los lactantes para ilustrar este proceso: “No hay guagua que se calme sola, ya se calma porque hay otra persona, está otro sistema nervioso ahí, otro cuerpo ayudándolo, ¿ya? Y eso nos pasa toda la vida”.
Por este motivo, las relaciones personales, los abrazos y las conversaciones no son solo actos sociales, sino herramientas biológicas que modifican nuestra fisiología. La presencia de otros, denominada científicamente como «copresencia», tiene efectos medibles:
- Modifica la frecuencia cardíaca.
- Reduce los reportes de estrés.
- Disminuye la ansiedad y la sensación de amenaza.
¿Por qué las vacaciones no son un lujo?
Ante la presión por mantener la productividad, muchas personas sienten culpa al detenerse. Sin embargo, desde el punto de vista cerebral, las pausas son una obligación biológica. Francisco Parada es categórico al respecto: “No es un lujo, ya, absolutamente no es un lujo que uno se da de tomar vacaciones. Y ojo que las vacaciones no necesariamente tienen que ser irse al Caribe, viajar a la playa, no, no, para nada. Es salir de la rutina al final”.
El experto aclara que la regulación emocional y conductual no ocurre de forma aislada dentro de cada individuo, sino que sucede entre personas y sistemas. Por ello, el descanso no debe medirse por el presupuesto invertido, sino por la capacidad de desconexión y el cambio de entorno.
El valor de la novedad frente a la rutina
Si bien la rutina es útil porque permite al cerebro liberar recursos y sostiene nuestra estructura diaria, el exceso de monotonía puede ser perjudicial. Las vacaciones cumplen la función de romper esa estructura para introducir un elemento vital: la novedad.
Parada explica que la rutina no es el enemigo de la libertad, sino su base: “La rutina no elimina la libertad, sino que crea las condiciones para que uno efectivamente haga las cosas, lleve a cabo los proyectos que tiene que hacer, gane la plata que hay que hacer o que hay que ganar”. No obstante, el bienestar depende de un equilibrio delicado.
“Necesitas una mezcla que sea saludable entre esta estabilidad que te da estructura, que te da te permite las condiciones para ser libre al final del día y la novedad”, afirma el neurocientífico. En la sociedad actual, existe un déficit de esta novedad real, ya que muchas veces intentamos «desconectarnos» mediante el uso de redes sociales, lo cual no cumple la función de reactivación cerebral necesaria.
Hacia una sociedad que valore los cuidados
Finalmente, el especialista hace un llamado a cambiar la percepción social sobre el tiempo libre y la crianza. En un mundo marcado por la soledad y la falta de sueño, el descanso se vuelve una herramienta de salud pública.
Para Parada, la salud mental y la capacidad creativa dependen de tener espacios donde sea posible pensar distinto y reactivarse: “La posibilidad de, por así decirlo, como eh reactivarte, reconocer cosas, viene de eh de tener esos espacios de novedad, pues de romper esa rutina y eso es muy importante”. Por ello, las vacaciones de invierno no son solo un paréntesis escolar, sino una oportunidad biológica para fortalecer los vínculos y resetear nuestro sistema nervioso.
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