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«La gente rica francamente no puede hacer esto»: Rick Beato destapa el oscuro secreto de la industria musical

El youtuber musical expuso una de las realidades más difíciles de digerir en el panorama actual de la música pero que es una realidad.

Rick Beato
Rick Beato

Rick Beato, reconocido productor y uno de los youtubers musicales más influyentes del mundo, ha puesto el dedo en la llaga. Lo hizo con un reciente y lapidario análisis.

Su diagnóstico no deja espacio para el romanticismo: los cambios económicos han transformado la industria musical en un club casi exclusivo para las élites. Por lo tanto, esto ha sepultado la crudeza de la clase trabajadora.

El fin del músico de clase obrera y la dictadura de la «música prefabricada»

Para entender la raíz del problema, Beato nos invita a mirar hacia la década de los noventa. En aquel entonces, un joven con aspiraciones artísticas podía mantener un trabajo común (como cantinero, mesero o impartiendo clases) y ganar lo suficiente para cubrir su alquiler. Así podían también financiar una sala de ensayo en epicentros culturales como Nueva York, Atlanta o Seattle. Hoy, el encarecimiento brutal de la vida ha expulsado a los músicos de clase trabajadora. Por consiguiente, dedicarse al arte a tiempo completo sin la asfixiante presión de la supervivencia económica se ha convertido en un privilegio. Este privilegio queda reservado para quienes nacen con una red de seguridad financiera.

A la par de esta crisis económica, la industrialización extrema del sonido comenzó a cimentarse a finales de los noventa con las boy bands y figuras pop. Estas eran impulsadas por un ejército de compositores de laboratorio. Sin embargo, el golpe de gracia llegó con la crisis global de 2008. Esta crisis desplomó la inversión de las disqueras y llevó a que el rock «muriera» comercialmente alrededor de 2012. Desde entonces, el mercado apostó por la seguridad de la «música manufacturada». Así se dejó sin espacio a las propuestas que nacían en los garajes de los barrios populares.

«Proyectos de vanidad» y la pérdida de la perspectiva real

Rick Beato conecta una línea directa entre el origen social del artista y la autenticidad de su obra. Históricamente, bandas que patearon el tablero como The Beatles, Black Sabbath, AC/DC, Nirvana, Pearl Jam o The White Stripes compartían un denominador común. Todas provenían de entornos humildes y marginales. Esa «perspectiva real» les permitía contar historias genuinas de frustración y supervivencia. Además, aportaban un peso narrativo que, en palabras del propio Beato, «la gente rica francamente no puede hacer».

Basta con revisar las listas de éxitos actuales en plataformas de streaming para comprobar esta teoría. Casi la totalidad de los artistas que hoy dominan los ránkings (como Taylor Swift, Gracie Abrams o Sabrina Carpenter) provienen de familias millonarias. Algunos también poseen profundas conexiones en Hollywood. Si bien Beato reconoce que hay talento detrás porque «los instrumentos no se tocan solos», la diferencia es que sus adinerados padres pueden, literalmente, comprar el éxito.

El youtuber devela así el gran secreto a voces de la industria actual: como ya no hay grandes adelantos de dinero en los contratos discográficos tradicionales, los productores de élite sobreviven realizando «proyectos de vanidad».

Estos son discos moldeados por los mejores ingenieros y compositores del mundo. Son financiados directamente por las chequeras de padres millonarios para asegurar el estrellato de sus hijos. Por desgracia, este es un veredicto amargo que confirma que la rabia y la voz de la calle han sido reemplazadas por inversiones de alta gama.


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