La industria musical se encuentra en un punto de inflexión crítico debido a la irrupción de herramientas de inteligencia artificial generativa. Recientemente, Michael Schulman, cofundador de la plataforma Suno, desató una tormenta de reacciones al afirmar que la mayoría de las personas no disfruta realmente del proceso de producción musical. Ante este escenario, el crítico de espectáculos Marcelo Contreras analizó en Palabras Sacan Palabras las implicancias de estas palabras y defendió el valor intrínseco de la creación humana frente a la automatización.
El mito de la creación musical como un proceso «aburrido»
La controversia comenzó cuando Schulman describió la creación de canciones como una tarea mayormente frustrante que la tecnología podría «solucionar». Marcelo Contreras citó estas polémicas declaraciones donde el ejecutivo asegura que «la mayoría de la gente no disfruta de la mayor parte del tiempo para hacer música, para producir la música». Según el análisis del crítico, el CEO de Suno definió el trabajo de estudio y composición como una situación prácticamente tediosa o aburrida.
Sin embargo, Contreras sostiene que esta visión ignora la naturaleza del esfuerzo artístico. Para explicarlo, utiliza una analogía con la práctica deportiva, donde el desgaste físico es necesario para alcanzar la satisfacción final. El periodista afirma que, aunque el proceso sea desgastante y traiga dolores, «la experiencia finalmente completa efectivamente es super regocijante, o sea, realmente uno se siente recompensado». Por esta razón, reducir la música a un resultado inmediato elimina el regocijo del aprendizaje y la superación personal.
La sala de ensayo como santuario irreemplazable
Uno de los puntos más fuertes en la argumentación de Contreras es la defensa del espacio colectivo de creación. A diferencia de la soledad que propone un generador de música por IA, la interacción humana en un entorno de práctica genera una riqueza que ninguna máquina puede replicar. El crítico relata su propia vivencia como músico aficionado para contrastarla con la frialdad de las aplicaciones actuales.
En su intervención, Contreras destaca que el hecho de estar con otras personas, construir una composición y probar qué funciona y qué no, es fundamental. Él asegura con convicción que «hacer toda esa experiencia y me parece que es irreemplazable frente a lo que a la opción que te plantean esta estas aplicaciones». Para el especialista, el factor humano y la posibilidad del error son elementos necesarios que otorgan «feeling» y «bit» a la obra final.
¿Es el ‘prompt’ una forma de arte o una trampa?
El debate también se centra en la figura del nuevo «creador» que utiliza instrucciones de texto o prompts para generar obras completas en segundos. Marcelo Contreras es tajante al diferenciar el uso de la IA como herramienta de apoyo frente a la pretensión de llamarse artista solo por dar una orden técnica. El periodista manifiesta una diferencia radical sobre este punto y sostiene que «no te convierte en un músico o un artista dar un prompt acabado».
Asimismo, compara esta facilidad tecnológica con otros engaños estéticos de la cultura popular. Contreras advierte que esta forma de operar es similar a quienes buscan resultados físicos sin esfuerzo real. Él argumenta con dureza que «prometer que tú vas a ser tal o determinado artista porque escribiste un fenomenal prompt es un truco y una trampa eso». Según su visión, no se puede ser un compositor si solo se dan instrucciones para que una máquina ejecute la visión creativa de otros.
El problema de la saturación y la frialdad digital
La escala de producción de la IA está alcanzando niveles que Contreras califica de absurdos. Actualmente, plataformas como Suno generan cerca de 7 millones de canciones diarias, una cifra que empequeñece el catálogo de Spotify en cuestión de semanas. Esta sobrepoblación de contenido plantea un desafío para los auditores, quienes a menudo no logran distinguir entre lo humano y lo artificial.
Más allá de la cantidad, Contreras enfatiza la falta de «alma» en los resultados obtenidos mediante algoritmos. Tras experimentar con la creación de sinfonías y temas urbanos mediante IA, el crítico concluye que el resultado es meramente anecdótico. Él explica que, a pesar de la potencia del software, «todo suena bastante frío, s super frío». Además, recalca que la tecnología no puede emular el talento humano porque se requiere «tener un swing, tener una muñeca, tener un touch que no lo vas a obtener tú ni con la mejor de las máquinas».
Un futuro en disputa
Finalmente, el debate propuesto por Marcelo Contreras deja una pregunta abierta sobre el futuro de la inspiración y la creatividad. Mientras los modelos de IA se valorizan en miles de millones de dólares y enfrentan batallas legales con las grandes disqueras por el uso de catálogos protegidos, el arte humano resiste desde la práctica diaria. En definitiva, para Contreras, la música seguirá siendo una instancia de comunicación y un proceso entretenido que no puede ser sustituido por la eficiencia de un algoritmo.
